El fragmento debe ser como una pequeña obra de arte, aislado de su alrededor y completo en sí mismo, como un erizo -- Friedrich Schlegel --

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domingo, 30 de octubre de 2011

Pensamientos en el sótano

   La pelota cayó al sótano por un cristal roto.
   Una niña de catorce años, la hija del conserje, bajó a buscarla cojeando. Un tranvía le había cortado una pierna a la pobrecita, y se ponía muy contenta cuando podía hacer algún favor a alguien.
   El sótano estaba en penumbra, pero se dio cuenta de que en un rincón se había movido algo.
   —¡Gatito! —dijo la niña de pata de palo—, ¿qué haces tú aquí?
   Cogió la pelota y salió del sótano lo más rápido posible.
   La rata vieja, fea y maloliente —la habían tomado a ella por un gato— quedó asombrada. Nunca le había hablado nadie así.
   Ahora, por vez primera, pensó que todo habría ido diferente si ella hubiera nacido gato.
   Es más —¡como somos tan insaciables!— enseguida empezó a hacerse ilusiones. ¿Y si ella hubiera nacido niña de pata de palo?
   Pero esto era demasiado bonito y no se atrevió ni a imaginarlo.
István Örkény (1968)

István Örkény (1912-1976)

sábado, 29 de octubre de 2011

El camarero

Tomemos en consideración a este camarero. Tiene gestos vivos y acentuados, tal vez excesivamente precisos, tal vez excesivamente rápidos, se llega hasta los consumidores con pasos puede que excesivamente vivos, se inclina con interés excesivamente premioso; su voz, sus ojos expresan un interés en exceso cargado de solicitud por los deseos del cliente, y bueno, he aquí que vuelve, tratando de imitar en su marcha el rigor inflexible de alguna clase de autómata, llevando su bandeja con cierta temeridad de funámbulo, colocándola en un equilibrio siempre inestable y quebrado, que restablece perpetuamente con un ligero movimiento del brazo y la mano. Toda su conducta nos parece un juego. Se aplica a encadenar movimientos como si fueran mecanismos que se exigen unos a los otros, hasta su mímica y su voz parecen mecanismos; se regala la prontitud y rapidez despiadada de las cosas. Juega, se divierte, ¿pero a qué está jugando? No hay que mirar mucho rato para darse cuenta: juega a ser camarero.
Jean-Paul Sartre (1943): El Ser y la Nada, I, 2, II

Jean-Paul Sartre (1905-1980) con Simone de Beauvoir (1908-1986)

Pitágoras de Samos

   Tales fue el Primero de los filósofos; pero el primero que usó la palabra "filósofo" fue Pitágoras, y si hacemos caso a su testimonio habría que otorgarle el título de Primero, ya que  aseguraba haber vivido varias veces antes de ser propiamente Pitágoras: fue Etálides, que ante el ofrecimiento de su padre Hermes de obtener cualquier don excepto la inmortalidad eligió conservar el recuerdo de todo lo que le sucediera, ya fuera en vida como en la muerte; luego Euforbo, herido según cuenta Homero en la Ilíada a manos de Menelao; después su alma fue a encarnarse en Hermótimo, quien para dar fe igualmente de su genealogía, al entrar en el templo de Apolo en Bránquida señaló, reconociéndolo, el escudo de Menelao; muerto como Hermótimo se reencarnó en un simple pescador en Delos, con el nombre de Pirro, y finalmente pasó a ser Pitágoras, quien conservaba el recuerdo de todas esas vidas.
   Como en la doctrina de la transmigración de las almas se admite la posibilidad de reencarnarse en animal, el poeta-filósofo Jenófanes de Colofón, posible maestro de Parménides, se mofa de Pitágoras al afirmar que éste reconoció la voz de un amigo muerto en los lamentos de un perro al que estaban apaleando.
   En cierta ocasión, el transmigrador Pitágoras se encontró con el gobernante de Fliunte, llamado León, quien le manifestó su admiración por el talento y la habilidad de que daba muestras. A las preguntas de éste acerca del arte a que se dedicaba con tanta maestría, Pitágoras le respondió que él no se consideraba maestro en ningún arte ni técnica alguna concreta, sino un “filósofo”. León desconocía esa palabra, así que Pitágoras le explicó que cuando la gente acude a los juegos olímpicos puede hacerlo por varios motivos: para competir por la fama y alcanzar así la gloria que otorga la corona de laurel, o bien para hacer negocios, para comerciar y así enriquecerse; pero también hay algunos, unos pocos, que van allí para contemplar el espectáculo de la naturaleza. Son estos espectadores los que, en cuanto amantes de la sabiduría, esto es, como "filósofos", dedican su esfuerzo al conocimiento.
   Esto debió ocurrir en el último tercio del siglo VI a. C., cuando se acumularon buen número de leyendas que dieron tanta fama a Pitágoras como para alcanzar el grado de “dios” (según los más fanáticos) o por lo menos de “héroe”. El caso es que tuvo éxito fundando una comunidad religioso-filosófica, los pitagóricos, en Crotona (sur de Italia, entonces conocida como Magna Grecia), cuyas reglas fundamentales giraban en torno a un ascetismo extremo, por ejemplo el silencio. En efecto, el propio Pitágoras obligaba a los novicios a guardar cinco años de mudez para demostrar su lealtad. Durante todo ese tiempo, y una vez entregados sus bienes a la comunidad, se limitaban a recibir la doctrina; después de esta iniciación eran recibidos por él mismo y ya podían ir a su casa. Por las noches impartía unas charlas a las que llegaron a asistir seiscientas personas. Los pitagóricos tenían un código de conducta aparentemente extravagante, entre sus preceptos se encuentra no herir el fuego con la espada, no comer corazón, borrar la señal de la olla en el ceniza, no orinar de cara al sol, no andar fuera del camino público, no criar aves de uñas curvas, no comer habas y otras muchas. Diógenes Laercio explica el sentido de algunas de las prohibiciones que considera “símbolos”, así el mandato de no herir el fuego significaría no incitar la ira de los poderosos, y no comer corazón sería no atormentarse con angustias. En cuanto a la prohibición de comer habas, es cuestión debatida: según el propio Diógenes Laercio puede deberse a que reconocían su virtud anímica por contener mucho aire, pero también recoge las hipótesis de Aristóteles en un supuesto libro titulado De las habas según el cual los pitagóricos las prohibían bien por parecerse a las partes pudendas o a las puertas infernales, o bien porque les atribuían capacidad corruptora o por servir de apoyo ceremonial al gobierno oligárquico. Cuesta creer que Aristóteles se preocupara tanto de las habas como para recoger tan estrambóticas opiniones; aunque si observamos que esta semilla aparece acompañando a Pitágoras hasta el momento de su muerte a los ochenta años de edad, comprendemos que su modo de vida y las habas ostenta una relación secreta. Entre las leyendas sobre el fin de Pitágoras se recoge una en la que, perseguido, llega a un campo de habas y al entrar en él se dice “Mejor ser prendido que pisar estas habas” y cuando llegaron sus perseguidores, “Mejor ser muerto que hablar”, con lo que les descubrió la garganta. En otra versión, menos fantástica, se dice simplemente que huyendo de los siracusanos, mientras rodeaba un campo de habas, fue atrapado y muerto. Dicearco refiere que, a consecuencia de la revuelta en contra de los pitagóricos promovida desde varias instancias enfrentadas a su conservadurismo, Pitágoras hubo de huir de Crotona, se refugió en un templo de Metaponto y allí murió absteniéndose de comer.
   Volviendo a los mandatos anteriores, parece que en efecto actuaban como claves para proteger las enseñanzas; pero por eso mismo, fuera de la secta, hubo de parecer sumamente extraño un conjunto de principios tan arbitrario. Las burlas se multiplicaban por todas partes. Isócrates, por ejemplo, comenta que los pitagóricos con su silencio despertaban más admiración que cualquier experto en el habla.
   En el supuesto tratado perdido de Aristóteles sobre los pitagóricos se recogían algunas de sus creencias, empezando por una curiosa división secreta por parte del Maestro de los seres racionales en tres clases: dioses, hombres y los que son como Pitágoras (esto es, héroes o demonios). Aristóteles recoge la noticia de que el filósofo había aparecido en dos lugares al mismo tiempo, y que cuando fue visto desnudo se comprobó que tenía un muslo de oro. También podía ser letal, ya que venció a una serpiente venenosa de un mordisco y cierta vez en que cruzaba un río se escuchó a éste hablarle (“¡Salud, Pitágoras!”). Todo esto se contaba del primer amante de la sabiduría, identificado por muchos con Apolo, debido a su gran hermosura y al don profético.
   Pitágoras fue un gran geómetra, y a buen seguro un hombre de abundantes conocimientos; representa sin embargo la vuelta a la religión de la naciente filosofía. Si ésta empezó siendo estudio de la naturaleza, con Pitágoras se vuelve la vista al pasado de los mitos, los dioses y los semidioses, se trata de integrar el saber con el culto y las ceremonias religiosas, se mezcla la razón con lo maravilloso y lo irracional.
  
Pitágoras de Samos (582-507 a. C.)

Agua

   El Primer Principio, según Tales de Mileto, fue el Agua. Así lo dejó dicho Plutarco: “También Homero, al igual que Tales, quien lo aprendió de los egipcios, pone al agua como principio y génesis de todas las cosas” (De Isis y Osiris, 34).  Y antes de Plutarco, Aristóteles caracteriza este arjé o principio de la naturaleza como aquello que permanecería cual sustrato de los sucesivos cambios, indicando así el sentido habitual de este término, arjé: dícese de lo que está en el origen y actúa como causa de lo que hay ahora. Las cosas fueron Agua, y de algún modo siguen siendo Agua en el fondo de su ser (Metafísica, A, 983 b 6 ss). Que Tales adquiriera o descubriera esta idea en Egipto o de sus observaciones en torno, en una geografía marcada por la inmensidad de los océanos y la imposibilidad de cruzarlos con facilidad, es ya un detalle debatible; pero sin duda concuerda con el sentimiento ingenuo de todos los que han sentido el golpe del mar en la infancia, por ejemplo Karl Jaspers:

   “Una tarde mi padre, con su pequeño de la mano, echó a andar playa abajo; la marea estaba muy baja, y el camino hasta el agua a lo largo de aquella arena limpia y fresca era muy largo; sobre ella yacían medusas y estrellas de mar. Me encontraba como hechizado sin caer en la cuenta de ello. Fue entonces cuando irreflexivamente experimenté la inmensidad. Desde aquel día, el mar es para mí el trasfondo de la vida sin más (…). En contacto con el mar uno se encuentra ya de antemano preparado para filosofar. Así me sucedió a mí, inconscientemente, desde la niñez. El mar es símbolo de libertad y trascendencia. Es como una revelación encarnada del ser de las cosas. El filosofar lleva en sí la exigencia de mantenerse a flote sabiendo que en ninguna parte se halla un fundamento sólido, pero que precisamente así nos hablará el fundamento de las cosas. El mar patentiza esa exigencia. En él no hay ningún tipo de encadenamiento. Eso es lo que hace de él una realidad misteriosamente única. (…) Me parece la cosa más natural del mundo que Tales comience su filosofía con el agua.” (Entre el destino y la voluntad. Madrid: Guadarrama, 1969, pp. 21-22]

Karl Jaspers (1883-1969)

Difícil de contentar

   Un pobre hombre se encontró con un antiguo amigo en su camino. Este tenía un poder sobrenatural que le permitía hacer milagros. Como el hombre se quejara de las dificultades de su vida, su amigo tocó con el dedo un ladrillo que de inmediato quedó transformado en oro. Se lo ofreció al pobre, pero éste encontró que eso era muy poco. El amigo tocó un león de piedra que se convirtió en un león de oro macizo y lo agregó al ladrillo de oro. El pobre encontró que el regalo era aún insuficiente.
   —¿Qué más deseas pues? —le preguntó el hacedor de prodigios.
   —¡Quiero tu dedo! —contestó el otro.

Retrato de Feng Menglong (1574-1645)

miércoles, 26 de octubre de 2011

La cebra cuentista

   Había una vez un gato siamés que fingía ser león y hablaba contra natura el cebraico.
   Este idioma es relinchado por la raza de caballos con rayas africanos.
   En cierta ocasión, una inocente cebra estaba caminando por la selva y, acercándose desde otra dirección, llega el gatito. Se encuentran.
   —¡Hola! —dijo el gato siamés pronunciando un perfecto cebraico—. Hace un día verdaderamente hermoso, ¿no es cierto? El sol brilla, los pájaros cantan… ¡El mundo es un lugar adorable para vivir!
   La cebra estaba tan asombrada de escuchar al gato siamés hablando como una cebra que se quedó paralizada.
   Entonces el gatito la apresa y asesina, llevándose las mejores partes del cadáver a su guarida.
   Durante varios meses, el gato caza cebras y cena filet mignon por las noches. Hasta se hace corbatas de lazo y anchos cinturones con los mejores cueros, a la moda de los decadentes príncipes de la Antigua Corte Siamesa.
   Luego empezó a alardear ante sus amigos diciendo que era un león, y como prueba ofrecía el hecho de que cazaba cebras.
   Las cebras, gracias a su delicado olfato, sabían que en realidad no había ningún león en los alrededores, pero las muertes provocaban que muchas evitaran la región. Como eran supersticiosas, se dijeron que la selva estaba encantada por el fantasma de un león.
   Un día, la cebra cuentista se hallaba paseando. Por su mente cruzaban argumentos de historias para divertir a las otras cebras cuando, repentinamente, sus ojos brillaron y se dijo:
   —¡Eso es! ¡Les contaré una historia sobre un gato siamés que aprende a hablar nuestro idioma! ¡Qué historia! ¡Se van a reír mucho!
   Justo en ese momento apareció el gato siamés delante de ella, diciendo:
   —¡Hola! Hermoso día, ¿no es cierto?
   La cebra cuentista no se quedó paralizada al escuchar a un gato hablando en su idioma, porque precisamente se lo había estado imaginando un momento antes.
   Examinó detenidamente al gato. No sabía por qué, pero algo en su aspecto no le gustaba, así que le dio una coz y lo mató.
   Esta es la función del cuentista.
Spencer Holst (1971)
Spencer Holst (1926-2001)


Tales de Mileto

Tales de Mileto (ca. 624 - 547 a. C.)
  Pese a no ser el creador de la denominación, estamos de acuerdo en decir que Tales de Mileto fue  el primer filósofo en Occidente, el cual además de geómetra, astrónomo y uno de los Siete Sabios que se reconocían a inicios del siglo VI a. C., ha acumulado una cantidad de anécdotas dignas de su figura.  Se sabe que predijo un eclipse y maravilló a su época, aunque se discute el grado de exactitud de tal predicción, tal vez limitada a destacar la posibilidad de un eclipse en algún momento del año 585. El caso es que el fenómeno supuestamente anunciado aconteció a la vez que una batalla entre medos y lidios, y la batalla que quedó interrumpida.  Por otro lado, Heródoto juzga improbable que realmente ayudara Tales al rey Creso a atravesar el río Halis desviando su curso con una magnífica obra de ingeniería, y sugiere que probablemente utilizaron los puentes. De todos modos, Tales es un filósofo muy práctico, como demuestra la anécdota transmitida por Aristóteles de los molinos de aceite: quriendo demostrar (se supone) que el filósofo puede ser útil, y hasta enriquecerse si es su deseo (que no lo es), Tales habría alquilado a bajo precio los molinos de aceite de Mileto y Quíos después de varios años de malas cosechas a causa de una pertinaz sequía; cuando llegaron las ansiadas lluvias y las aceitunas, abundantes y maduras, se acumulaban para entrar en las prensas, Tales realquiló los molinos de inmediato. Aristóteles comenta que se trató de una estratagema comercial bastante corriente (aún lo es), pero que se le atribuye a Tales debido a su fama de sabio. Esto último dice mucho de Aristóteles, del mismo modo que dice mucho de Platón esta otra anécdota famosa sobre nuestro Primer Filósofo: "Cuando estudiaba los astros, se cayó en un pozo, al mirar hacia arriba, y se dice que una sirvienta tracia, ingeniosa y simpática, se burlaba de él, porque quería saber las cosas del cielo, pero se olvidaba de las que tenía delante y a sus pies” (Teeteto, 174 a). Acto seguido apostilla Platón que la misma burla cabe hacer de todos los que se dedican a la filosofía, porque desconocen en verdad los detalles de la vida de los vecinos (y no sólo ignora lo que hacen, sino que les pasa inadvertido incluso si se trata de seres humanos o de alguna otra criatura, llega a decir Platón); sin embargo, a la hora de saber qué es en realidad el ser humano, al menos los filósofos se esfuerzan en investigarlo. He aquí por tanto, las dos caras opuestas de un mismo personaje legendario: el lado práctico y realista junto al lado teórico e idealista. Ambas facetas han acompañado a la filosofía a lo largo de su historia. 

martes, 25 de octubre de 2011

Fragmentos presocráticos


Es idea generalizada en la antigüedad que los filósofos presocráticos escribieron alguno o incluso más de un libro, el hecho de que la transmisión de sus ideas sea fragmentaria se debe al azar, a la pérdida de las fuentes. Un caso particular es Heráclito, cuyos fragmentos conocidos sugieren la oralidad sentenciosa, y no una estructura continua en su libro, si es que llegó a escribir algo parecido a lo que hoy consideramos libro. Ya se trate de ideas oraculares (al modo como antes y después se han compuesto las máximas) o de puros fragmentos copiados por una segunda o tercera mano, el alba de la filosofía ha llegado a la posteridad careciendo de un contexto suficiente, y por tanto condenada a la parcialidad. No todo es negativo en tales circunstancias: esta filosofía parece expresarse en un tono indagatorio y no dogmático que ha terminado encontrando reconocimiento en Nietzsche, Heidegger y el postmodernismo actual, si bien el título de pre-socráticos es ya un indicio de la poca estima lograda por estos apuntes a lo largo de la historia, sobre todo si se los compara con la huella dejada por Sócrates y las obras de Platón o Aristóteles.

Ser es ser percibido

   Me dirán que ciertamente nada es más fácil para mí que imaginar árboles, por ejemplo en un parque; o libros existiendo en una biblioteca, sin nadie cerca para percibirlos. Respondo que sí, que pueden hacerlo, no hay dificultad en ello; pero pregunto por mi parte, ¿de qué se trata entonces, sino de formar en sus mentes ciertas ideas a las que llaman libros y árboles, omitiendo formar al mismo tiempo la idea de alguien que los perciba? ¿Acaso no las perciben o piensan en ellas mientras tanto? (…). Cuando nos esforzamos al máximo por concebir la existencia de los cuerpos externos, en todo momento estamos contemplando nuestras propias ideas.
George Berkeley (1710): Los principios del conocimiento humano, I, § 23
George Berkeley (1685-1753)

lunes, 24 de octubre de 2011

Lecturas recomendadas para Ética en 4º de ESO

   Por tener un contenido que además de interesante plantea problemas éticos, es decir, porque incluyen en su argumento problemas relativos a la convivencia o el autoconocimiento, las siguientes novelas suelen recomendarse como lecturas apropiadas en Ética y hasta en 1º de Bachillerato, y son por tanto buenas elecciones para elaborar trabajos, pensar un poco y pasarlo bien con lecturas que no son difíciles de seguir a pesar de su gran calidad:


Mary Shelley: Frankenstein (1818)


   En el verano de 1816, Lord Byron y su médico John William Polidori alquilaron Villa Diodati, cerca del lago Leman en Ginebra. En una villa cercana se instalarían también el poeta Percy Shelley y su amante Mary Wollstonecraft, posteriormente su esposa, Mary Shelley. En una de sus frecuentes reuniones ese verano, Lord Byron propuso que escribieran un cuento de fantasmas. La que más tardó en aceptar el reto fue Mary, pero también la que consiguió el mayor logro, pues dos años más tarde publicó Frankenstein o el moderno Prometeo (1818), que muchos consideran la primera y una de las mejores novelas de ciencia ficción moderna. La trama es muy conocida a través del cine; pero la novela es más rica en acontecimientos y sobre todo mucho más reflexiva que sus adaptaciones a la gran pantalla. Como muestra de su reflexión ética, basta esta cita de las quejas de la criatura: "Los sufrimientos me han convertido en un malvado. Concededme la felicidad y seré virtuoso".


George Orwell: Rebelión en la granja (1945)


   Escrita en una época en que empezaba a caer en Occidente la venda acerca de la revolución soviética, esta corta novela, cuyos personajes son los animales de una granja, es una de las más contundentes críticas al totalitarismo político y a las desviaciones del idealismo revolucionario. Esta novela satírica ha sido llevada al cine de animación; pero no es un texto para niños, sino para iniciarse en la lectura de contenidos profundos.


Primo Levi: Si esto es un hombre (1947)


   Este es posiblemente uno de los testimonio más precisos que hay sobre los campos de concentración nazis, en concreto sobre Auschwitz, donde fue internado el autor y al que logró sobrevivir milagrosamente. Es el primer tomo de su autobiografía, y el más conocido, no es una lectura fácil por la crudeza de los temas que trata, pero al ser un testimonio autobiográfico de un interno en los campos, escrito con exactitud casi científica, resulta estremecedor.


J. D. Salinger: El guardián entre el centeno (1951)


   El adolescente Holden Caulfield vio la luz en 1951, y es ya tan famoso como su esquivo autor, Jerome David Salinger (1919-2010), paradójicamente tan celoso de su intimidad que hasta prohibió que se editaran sus libros con datos suyos en la contraportada. Esta novela es un clásico vivo y actual, sigue vendiéndose aún hoy en todo el mundo, y el muchacho que nos narra su aventura en Nueva York es todo un personaje.


William Golding: El Señor de las Moscas (1954)
 

   Aunque el conjunto de su obra fue premiado con el Nobel en 1983, su más conocida y mejor novela data de 1954. La historia de un grupo de niños que sobrevive a un accidente aéreo y deben organizarse por sí solos en una isla deshabitada es, todavía hoy, una de las miradas más desencantadas que se han echado sobre la infancia y la juventud. Su enseñanza moral trasciende el terreno individual y se adentra también en las cuestiones políticas. A pesar de todo, no es nada aburrida.


Jean M. Auel: El Clan del Oso Cavernario: Los Hijos de la Tierra (1980)



   Primera parte de las seis que componen la famosa saga ambientada en la Prehistoria (Edad de Hielo) , en que se siguen las aventuras de un grupo de neanderthales que acogen a una niña cromagnon. Aun con errores de tipo histórico, el esfuerzo de ambientación y la verosimilitud de la ficción es notable y sirve como introducción a nuestro pasado filogenético.

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CÓMO SE HACEN LOS TRABAJOS

   Los trabajos se deben presentar escritos a mano, en no menos de ocho folios, con una introducción dedicada al autor o autora, un resumen por capítulos y un comentario final con una opinión razonada que incluya referencias a los problemas éticos o filosóficos que plantea el libro.
    El procedimiento aconsejado es el siguiente: empezar a leer el libro anotando en una hoja aparte la lista de personajes principales (nombre, relaciones entre sí y características físicas y de personalidad), actualizando la lista cada vez que aparezca un personaje importante. Se irá leyendo por capítulos la obra, y cada vez que se acabe uno de ellos, se redactará de memoria un resumen de lo ocurrido. Se debe recurrir a la lista de personajes para hablar de manera concreta de los sucesos. No es preciso recurrir a páginas de internet salvo para buscar información del autor, todo lo demás debe de ser trabajo personal.
    El incumplimiento de estas normas y en especial el plagio de internet conllevará  penalizaciones en la calificación.

Matemática y Dialéctica en Platón

Matemática: Los objetos matemáticos son lo que el pensamiento discursivo (dianoia) del alma se siente impulsada a investigar con ayuda de las percepciones de los objetos que a su vez son imitadas en el primer segmento del símil de la línea en forma de representaciones. Para ello parte de hipótesis, o de simples supuestos, como las ideas de “triángulo”, “número”, “par” e “impar”, etc., y utilizando estos supuestos como si los conociera, es decir, como si fueran verdaderos y ya conocidos, marcha haciendo deducciones hasta llegar a sus conclusiones.

El geómetra parte de representaciones visibles para llegar a conclusiones generales, formales, abstractas, universales e ideales. Se vale de diagramas y de imágenes, de representaciones particulares, para explicar sus conclusiones, que al final son independientes de tales figuras individuales y sirven para el conocimiento general de las figuras geométricas, pues se aplican a una multitud de casos.  Si se tomaran esas conclusiones generales en relación a un principio filosófico y lógico, veríamos que son coherentes e inteligibles; pero el  matemático no llega a realizar esta tarea, que Platón encarga al dialéctico o filósofo.
Para Platón, la matemática tiene dos defectos: a) se ayuda de imágenes, aunque sólo sea a modo de muletas para la imaginación; y b) tiene que recurrir a una serie de nociones que aún no han sido definidas, así como a postulados que tampoco han sido probados, antes de llegar a sus conclusiones. Estas conclusiones son correctas y verdaderas si se las entiende junto a una idea global de la realidad; pero la matemática no es capaz de entender la unidad que afecta a todo el mundo inteligible.
Dialéctica: La inteligencia (noûs) es la facultad dialéctica o la facultad del alma que estudia las Ideas. Procede mediante el razonamiento abstracto, investiga los primeros principios, las Ideas o Formas del mundo inteligible. A diferencia de la matemática no postula como hipótesis o simples supuestos ninguna noción, sino que capta directamente, como principios, las Ideas en cuanto verdaderas hipótesis o puntos de apoyo, como verdaderos supuestos (es decir, en cuanto algo sub-puesto, que está debajo, sosteniendo como fundamento al conocimiento) que nos encaminan hacia un principio que es el Primer Principio, la Idea de Bien, el principio supremo y último. La symploké es la capacidad de entrelazar entre sí a las Ideas en relación con la Idea de Bien. Las Ideas a las que en más ocasiones se refiere Platón, son por ejemplo lo Uno y lo Múltiple; lo Grande y lo Pequeño; el Ser, la Mismidad, la Diferencia, la Semejanza y la Desemejanza, el Número, etc.

La Idea de Bien es trascendente, esto quiere decir que no es equiparable a la Verdad o al Ser, sino que es fuente de ambas, del Ser y la Verdad. Por eso en el “símil del Sol” no acepta que el Bien sea igual a Inteligencia, ni puede dar una definición simple del Bien, porque está más allá de la esencia y la definición, en cuanto es fuente del conocimiento, de la verdad, la esencia y en definitiva del ser de todas las Ideas.

Para realizar estos apuntes me ha sido muy útil el libro de  A. E, Taylor sobre Platón editado en Tecnos en 2005, se trata de un estudio especialmente recomendable para comprender los temas que se deben aclarar en los textos de este auitor seleccionados para la PAU.

domingo, 23 de octubre de 2011

Descartes: Discurso del Método


En 1637 publica René Descartes esta obra capital en la Historia de la Filosofía, como prólogo a un conjunto de ensayos de carácter científico. Es una obra tan importante que forma parte de las enseñanzas de Filosofía en Bachillerato y suele recomendarse su lectura íntegra desde el inicio de este nivel educativo. Se trata por tanto de una lectura recomendada en Primero y en Segundo de Bachillerato, pero especialmente en Segundo de Bachillerato.
La obra está disponible on-line y en formato pdf en la clásica traducción del filósofo español Manuel García Morente, con su prólogo y notas (y, como suele ocurrir en estos casos, con errores) :


Pero la edición más recomendable es la que se ha reeditado en la editorial ovetense KRK, en formato económico, de bolsillo:

Aquí se recoge la traducción completa que venimos utilizando para la preparación de la PAU de Filosofía (partes II y IV de este libro). La versión de Guillermo Quintás Alonso, agotada desde su primera aparición en 1982, es la traducción de referencia para realizar los trabajos opcionales de este libro a fin de subir nota. Los trabajos deben constar de un Contexto histórico-cultural y filosófico de René Descartes, un resumen detallado de las seis partes del Discurso y un apartado final en que se establezcan relaciones de Descartes con otros autores del programa ya estudiados (a elegir entre Platón, Aristóteles, San Agustín, Tomás de Aquino o los autores de la Revolución Científica).

El cuerpo del Espíritu

Admitamos que las cosas que nos aparecen, tanto a Dios como a nosotros, tal y como aparecen ante Dios y ante nosotros, sean las mismas para él y para nosotros. Es preciso que haya una unidad de comprensión posible entre Dios y nosotros, tal y como, entre diferentes hombres, sólo una relación de comprensión ofrece la posibilidad de reconocer que las cosas que uno ve y las que el otro ve son las mismas. Pero cómo sería posible una idenficación tal que el espíritu absoluto supuesto vea las cosas justamente a través de apariciones sensibles, intercambiadas entre nosotros dentro de una comprensión recíproca, o al menos unilateral, de la misma manera que nuestros fenómenos podemos intercambiarlos entre nosotros, que somos hombres (…). Naturalmente, el espíritu absoluto tendría que tener un cuerpo, a fin de tener una comprensión recíproca con nosotros; del mismo modo, tendría él también una dependencia con respecto a los órganos de los sentidos.
Edmund Husserl (1952): Ideen II, § 18 g
Edmund Husserl (1859-1938)

Autómatas

Si por casualidad miro por la ventana a unos hombres que pasan por la calle, digo en efecto que veo hombres, como cuando digo que veo cera; sin embargo, lo que en realidad veo desde esta ventana son sombreros y capas, que muy bien podrían ocultar espectros o meros autómatas, movidos por resortes.
René Descartes (1642): Meditaciones Metafísicas, II

René Descartes (1596-1650)

El genio maligno

Supondré que hay no un verdadero Dios, que es la fuente suprema de la verdad, sino cierto genio o espíritu maligno, no menos astuto y burlador que poderoso, quien pone toda su industria en engañarme. Pensaré que el cielo, el aire, la tierra, los colores, las figuras, los sonidos y todas las cosas externas que vemos sólo son ilusiones y engaños, de los que hace uso para captar mi credulidad. Me consideraré a mí mismo sin manos, sin ojos, sin carne ni sangre, sin sentidos, aunque creyendo falsamente que tengo todo eso. Permaneceré obstinadamente adicto a este pensamiento.
René Descartes (1641): Meditaciones Metafísicas, I

Homo homini daemon

El más grande enemigo del hombre es el hombre mismo, que por instigación del diablo está siempre dispuesto a causar daño, a ser el verdugo de su prójimo, a convertirse en un lobo o en un demonio para él: homo homini lupus; homo homini daemon. Todos somos hermanos en Cristo, o al menos hemos de ser miembros de un solo cuerpo, siervos de un solo Dios, y sin embargo, ni el propio demonio es capaz de atormentar, insultar o tiranizar como puede hacerlo un hombre con su semejante.
Robert Burton (1621): Anatomía de la melancolía

Robert Burton (1577-1640)

Elogio del engaño

Me dan de lado todos los argumentos de los académicos, que dicen:  Pero bueno, ¿y si te engañas? Pues si me engaño, existo. El que no existe no puede engañarse, y por eso si me engaño, existo. Luego si existo, si me engaño, ¿cómo me engaño acerca de que existo, cuando es cierto que existo si me engaño? Aunque me engañe, soy yo el que me engaño, y por tanto, en cuanto conozco que existo, no me engaño. Al mismo tiempo, en cuanto conozco que me conozco, no me engaño. Como conozco que existo, así conozco que conozco.
San Agustín (ca. 413-426): La Ciudad de Dios, XI, 26

San Agustín (354-430)

viernes, 21 de octubre de 2011

Los textos de Selectividad


En el enlace de abajo se encuentran los textos en que se basa la prueba de Selectividad en Andalucía, así como unas útiles instrucciones sobre las preguntas del examen, la puntuación correspondiente y los criterios de corrección.
:
Textos de Historia de la Filosofía para la Selectividad (PAU) 

Debe aclararse que si se leen los textos completos de Platón (los de las dos líneas) y se preparan luego otros tres autores (Locke-Kant-Marx en la línea ético-políitica, o bien Descartes-Nietzsche-Ortega en la ontoepistemológica), está asegurado que se pueda realizar al menos uno de los dos exámenes que oferta la prueba de Selectividad, de ahí que lo normal sea preparar a fondo durante el curso uno de esos dos grupos de autores mientras se completa la Historia de la Filosofía con otras corrientes y autores relacionados con ellos.

El andrógino

Nuestra primitiva naturaleza no era la misma de ahora, sino diferente. En primer lugar, eran tres los géneros de los hombres, y no dos como ahora, masculino y femenino, sino que había un tercero que participaba de estos dos, cuyo nombre perdura hoy en día, aunque como género ha desaparecido. Era, en efecto, el andrógino entonces una sola cosa, como forma y como nombre, partícipe de ambos sexos, masculino y femenino, mientras que ahora no es más que un nombre sumido en el oprobio. En segundo lugar, la forma de cada individuo era en su totalidad redonda, su espalda y sus costados formaban un círculo; tenía cuatro brazos, piernas en número igual al de los brazos, dos rostros sobre un cuello circular, semejantes en todo, y sobre estos dos rostros, que estaban colocados en sentidos opuestos, una sola cabeza; además cuatro orejas, dos órganos sexuales y todo el resto era tal como se puede uno figurar por esta descripción. Caminaba en posición erecta, como ahora, hacia delante o hacia atrás, según deseara; pero siempre que le daban ganas de correr con rapidez hacía como los acróbatas, que dan la vuelta de campana haciendo girar sus piernas hasta caer en  posición vertical y, como eran entonces ocho los miembros en que se apoyaba, avanzaba dando vueltas sobre ellos a gran velocidad (…). Eran, pues, seres terribles por su vigor y su fuerza; grande además la arrogancia que tenían, y atentaron contra los dioses (…). Entonces, Zeus y los demás dioses deliberaron qué debían hacer (…). Con gran trabajo, al fin Zeus concibió una idea y dijo: “Me parece tener la solución para que pueda haber hombres y para que, por haber perdido fuerza, cesen su desenfreno. Ahora mismo voy a cortarlos en dos a cada uno y así serán a la vez más débiles y más útiles para nosotros por haberse multiplicado su número” (…). Mas una vez que fue separada la naturaleza humana en dos, añorando cada parte a su propia mitad, se reunía con ella. Se rodeaban con sus brazos, se enlazaban ente sí, deseosos de unirse en una sola naturaleza y morían de hambre y de inanición general, por no querer hacer nada los unos separados de los otros.
Platón (ca. 383-379 a. C.): Banquete [discurso de Aristófanes], 189d-191d


Platón (427-347 a. C.)

El demonio de Sócrates

   Suele haber junto a mí algo divino y demoníaco. Está conmigo desde niño, toma forma de voz y, cuando se manifiesta, siempre me disuade de lo que voy a hacer, nunca me incita.
Platón (s. IV a. C.): Apología de Sócrates, 31d

   Cuando fuimos a visitar al adivino Eutifrón, tú te acordarás, Simmias, subió Sócrates al Símbolo y a casa de Andócides preguntando y confundiendo a Eutifrón entre bromas. Y, de pronto, se quedó parado y en silencio, atento a sí mismo durante mucho tiempo. Después se dio la vuelta y se marchó por la calle de los fabricantes de cajas, llamando a sus amigos, que se le habían adelantado, afirmando que se le había presentado su demonio.
Plutarco (ca. s. II d. C.): Sobre el demonio de Sócrates, 10


Némesis

Anaximandro, hijo de Praxiades, un milesio, sucesor y discípulo de Tales, dijo que el principio y elemento de las cosas existentes era el ápeiron [lo indefinido], siendo el primero en llamar arjé [principio] al sustrato de los opuestos (…). Del ápeiron nacen todos los cielos y los mundos que hay dentro de ellos. El nacimiento a las cosas existentes les viene de aquello en lo que se convierten al perecer “según la necesidad, pues se pagan mutuamente penas e indemnizaciones por su injusticia, según las regulaciones del tiempo”. Así lo dice Anaximandro, con términos bastante poéticos.
Simplicio (s. VI): Física, 24, 13/17


Anaximandro de Mileto (610-545 a.C.)

Los mitos de Platón

Puede que la mejor manera de empezar a leer a Platón sea seleccionar algunos de sus "mitos" o relatos alegóricos que, como historias parabólicas, explican su filosofía de manera indirecta. La justificadísima fama de estilista que tiene este autor se sostiene en buena parte sobre estas historias que, a diferencia de las de Homero o Hesiodo, no van ya unidas a las creencias religiosas sino a ideas filosóficas, es decir, racionales.

En el Protágoras, tal vez el mejor diálogo de su época de juventud, se encuentra una interesante versión del mito de Prometeo (320d-322d).

De los diálogos de madurez, el Fedro es quizás su obra más representativa. Plantea el tema del Amor y la Belleza, y es una introducción perfecta a su Estética y su filosofía general. Incluye los mitos del carro alado (246a-257b), el de las cigarras (259b-259c) y el mito de Theuth (274c-275b).

A este periodo pertenece también el celebérrimo Banquete, donde Sócrates y otros contertulios reunidos alrededor de la mesa de Agatón, que celebra un premio en el teatro, se dedican a pronunciar discursos y a charlar sobre el tema del Amor. Los pasajes más conocidos son el monólogo de Aristófanes sobre el mito del andrógino (189b-193d) y el de Sócrates, quien habla al final y narra el mito del nacimiento de Eros (203b-204a).

En el Fedón volvemos a los últimos días de Sócrates. Para consolar a sus amigos, Sócrates medita  desde su encierro sobre el alma y relata enigmáticos mitos sobre el destino de las almas (107d-108c y 110b-114c).

En la República se halla además del inquietante mito del anillo de Giges (II, 359d-360b), el más famoso fragmento de la Historia de la Filosofía, una historia tremendamente simbólica y perfecta en su género: el mito de la caverna (VII, 514a-517a), que debe relacionarse para su cabal comprensión con el símil de la línea (VI, 509d-511e).

jueves, 20 de octubre de 2011

Platón: Apología de Sócrates

Sócrates tomando la cicuta


En el año 399 a. C. la ciudad de Atenas lleva a juicio a su ciudadano más famoso: Sócrates. En un momento de declive, vencida por Esparta, con gobernantes corruptos, Sócrates sigue siendo una molestia. ¿Acaso no había advertido repetidas veces que sólo si uno se examina a fondo logrará llevar una buena vida? Es la ciudad entera la que se ha desorientado en un torbellino de engaños y traiciones. Las consecuencias están allí, para todo el que quiera verlas. Pero la ciudad sólo ve a un sujeto molesto que la llama al orden y con extraña autosuficiencia, desde la posición de acusado, la sojuzga y sentencia.
Platón estuvo presente en este suceso inaugural de la filosofía, el juicio y condena a muerte de Sócrates, recogió las palabras de su maestro, no las tergiversó en primer lugar porque él tiene 28 años y Sócrates 70, por otro lado otros estuvieron allí y podían comparar lo dicho con lo leído, además era su primera obra escrita, y sobre todo es que no hacía falta: nadie se expresaba tan bellamente como Sócrates en toda Atenas. Nadie discutía mejor.
El final es conocido: en compañía de sus amigos, después de un mes encerrado y esperando, la cicuta cumple con su cometido. La filosofía adopta un tono nuevo, más preocupada que antes por los problemas de la convivencia y la política.

La Apología de Sócrates de Platón (no confundir con la de Jenofonte) es lectura recomendada para Segundo de Bachillerato. El trabajo debe constar de un "Contexto histórico-cultural y filosófico" de Platón, un resumen detallado siguiendo el esquema que se indica abajo y un comentario final destacando la relación filosófica de Platón con Sócrates.
Texto:

Esquema: 

El erizo y la zorra


   En un famoso ensayo de 1953, titulado "El erizo y la zorra", el filósofo Isaiah Berlin estableció una dicotomía o un dualismo (división de un conjunto en dos mitades) en la persona y hasta en la humanidad, que separó en dos tipos: el erizo y la zorra. En su prólogo a esta obra, Mario Vargas Llosa resume su teoría:

   "Entre los fragmentos conservados del poeta griego Arquíloco, uno dice: 'Muchas cosas sabe la zorra, pero el erizo sabe una sola, y grande'. La fórmula según Isaiah Berlin, puede servir para diferenciar dos clases de pensadores, de artistas, de seres humanos en general: aquellos que poseen una visión central, sistematizada, de la vida, un principio ordenador en función del cual tienen sentido y se ensamblan los acontecimientos históricos y los menudos sucesos individuales, la persona y la sociedad, y aquellos que tienen una visión dispersa y múltiple de la realidad y de los hombres, que no integran lo que existe en una explicación u orden coherente pues perciben el mundo como una compleja diversidad en la que, aunque los hechos particulares gocen de sentido y coherencia, el todo es tumultuoso, contradictorio, inapresable. Dante, Platón, Hegel, Dostoievski, Nietzsche, Proust fueron, según Berlin, erizos. Y zorras: Shakespeare, Aristóteles, Montaigne, Molière, Goethe, Balzac, Joyce."

   Ante esta división, uno no puede dejar de preguntarse si es erizo o, como propuso Rosa Montero, raposa. Pero, ¿y si resulta que somos más bien erizorros o zorrizos, o aún peor, erizos que aspiran a la ligereza de la zorra, o raposas que sueñan con la seguridad del erizo?

Isaiah Berlin (1909-1997)

Intenciones


Este blog está dirigido en primer lugar a los alumnos de Filosofía de Bachillerato y de Ética, alumnos de Instituto, pero también a todos los que sientan curiosidad por la Filosofía en general. Insertaré apuntes, reflexiones, lecturas recomendadas, textos, actividades y cuanto material pueda servir como complemento de las clases o para despertar el interés por esta disciplina. Intentaré ser breve en las entradas y en los contenidos, de ahí el título, Erizos, que es como llamaba un romántico alemán a sus escritos breves o fragmentos. Por mi parte me imagino estos "erizos" como erizos de mar, con su gran variedad de tamaños, colores y texturas; también independientes y separables, aun perteneciendo a una especie común.