El fragmento debe ser como una pequeña obra de arte, aislado de su alrededor y completo en sí mismo, como un erizo -- Friedrich Schlegel --

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viernes, 31 de agosto de 2012

Ulrich fantasea en torno a la posibilidad de vivir tal como se lee

¿Y cómo leemos? Yo mismo le respondo: omitiendo lo que no nos agrada. Otro tanto ha hecho el autor. También nuestros sueños y fantasías suprimen algo. Paso, pues, a afirmar que la belleza y la emoción vienen al mundo mediante omisiones. Nuestra actitud dentro de la realidad es evidentemente un compromiso, un estado intermedio en que los sentimientos se estorban mutuamente durante su apasionado desenvolvimiento y se pierden finalmente en el gris anonimato (...). He aquí pues mi primera propuesta: intentar amarnos, usted y yo*, como si fuéramos los personajes de un poeta que se encuentran en las páginas de su libro. Suprimamos, en todo caso, el tejido graso que nos hace creer que la realidad es redonda (...). No digo nada con respecto a las impresiones precisas, definibles y mensurables; pero todas las demás nociones en las que fundamos nuestra vida no son más que metáforas que hemos dejado congelarse (...) Cuando, como he dicho, en la literatura omitimos lo que no nos agrada, en realidad no hacemos otra cosa que restablecer el estado primitivo de la vida.
HsA, cap. 114 (trad. modificada)
* Ulrich conversa con Diotima

Διοτίμα

jueves, 30 de agosto de 2012

Elogio de la locura

   Es parte de la definición del sentimiento el que nazca en nosotros sin la intervención de nuestra voluntad. En cuanto queremos sentir (decidimos sentir, tal como Don Quijote decidió amar a Dulcinea) el sentimiento ya no es sentimiento, sino una imitación del sentimiento, su exhibición. A lo cual suele llamarse histeria. Por eso el homo sentimentalis (es decir, el hombre que ha hecho del sentimiento un valor) es en realidad el homo hystericus.
 Milan Kundera: La inmortalidad, pág. 231



   El amor falso es un sentimiento pequeño, el amor verdadero es un sentimiento grande. Pero desde el punto de vista del absoluto ¿no es pequeño cualquier amor? Claro. Por eso el amor, para demostrar que es verdadero, quiere ir más allá de lo razonable, quiere no tener medida, quiere ser improbable, ansía convertirse en "delirios de pasión"... en otras palabras, ¡quiere enloquecer!
Milan Kundera: La inmortalidad, pág. 335.




    El amor, por definición, es un regalo no merecido; ser amado sin mérito es incluso la prueba de un amor verdadero. Si una mujer dice: te quiero porque eres inteligente, porque eres honrado, porque me compras regalos, porque no vas con mujeres, porque lavas los platos, me decepciona; ese amor tiene todo el aspecto de ser algo interesado. Cuánto más hermoso es oír: estoy loca por ti aunque no seas ni inteligente, ni honrado, aunque seas un mentiroso, egoísta y sinvergüenza.
Milan Kundera: La lentitud, pág. 59.



   Creo que el grado de aburrimiento, si pudiera medirse, es hoy más elevado que antes. Porque las profesiones de antes, al menos la mayoría, eran impensables sin una apasionada dedicación: los campesinos enamorados de su tierra (...); los zapateros que conocían de memoria los pies de los vecinos (...). Cada profesión había creado su propia mentalidad, su propia manera de ser. Un médico no pensaba como un campesino, un militar se comportaba de un modo distinto a un maestro. Hoy somos todos iguales, todos unidos por la común indiferencia hacia nuestro trabajo. Esta indiferencia ha pasado a ser pasión. La única pasión colectiva de nuestro tiempo (...). Todo cambió cuando te conocí. No porque mis trabajitos pasaran a ser más apasionantes, sino porque convierto todo lo que ocurre a mi alrededor en tema de conversación contigo.
Milan Kundera: La identidad, págs. 90-91.




FIN DEL VERANO KUNDERA

sábado, 25 de agosto de 2012

Paradojas clásicas y otras paradojas


   Una paradoja en Lógica es un enunciado autocontradictorio, y en sentido amplio es una situación sobre la que confluyen dos posibilidades irreconciliables o contradictorias. La paradoja clásica por excelencia se ha transmitido como Paradoja del Mentiroso y se le atribuye a Epiménides de Cnosos (Creta, ca. 600 a. c.), considerado por algunas fuentes uno de los Sabios de la Grecia arcaica, quien al parecer afirmó lo siguiente: "Todos los cretenses son mentirosos". Al ser el propio Epiménides un cretense. se entiende que está diciendo "Todos los cretenses somos mentirosos", lo que resulta un enunciado autodestructivo. En efecto, si el enunciado lo tomamos como enunciado verdadero, que dice la verdad, se autodesautoriza pues su supuesta verdad choca con lo que se dice explícitamente, que éste y cualquier otro enunciado pronunciado por un cretense es falso. Y si se interpreta que es falso que todos los cretenses son mentirosos, debe ser verdadero que todos dicen la verdad, pero el que ha propuesto el enunciado falso no dijo la verdad, y de nuevo se trata de un enunciado que se autodesautoriza.
   En realidad pasa lo mismo cuando se usa la coletilla "Miento", o cuando Manu Chao afirma "Todo es mentira, la verdad".

 

   Las paradojas se dan también en la vida cotidiana. Al parecer Protágoras reclamó en los tribunales a su alumno Evatlo, al que dio clases de leyes, que le pagara por ellas; pero el acuerdo previo a las clases consistía en que éste le pagaría cuando ganara su primer pleito, así que ya está planteada la paradoja. En efecto, desde el punto de vista de Protágoras, tanto si le gana el pleito (puesto que la sentencia le es favorable) como si lo pierde (puesto que Evatlo gana su primer pleito) debe recibir su paga; pero cabe decir lo mismo desde el punto de vista del alumno, ya que si pierde el pleito aún no ha ganado ninguno y no ha de pagar, y si lo gana la sentencia lo exime de pagar al maestro.
   En una carta a Gottlob Frege en 1902, Bertrand Russell planteó su famosa paradoja, que distingue conjuntos de elementos que se incluyen a sí mimos (por ejemplo, el conjunto de las ideas abstractas sí se incluye a sí mismo, porque es él mismo una idea abstracta), de los que no (el conjunto de los libros no se incluye a sí mismo porque él mismo no es un libro) y plantea la duda siguiente: si el conjunto de los conjuntos que no forman parte de sí mismos (es decir, aquel conjunto que engloba a todos los conjuntos que no se incluyen a sí mismos, como el de "libros") forma parte de sí mismo. Esta paradoja se entiende mejor expresada como Paradoja del Barbero, que se plantea quién debe afeitar al único barbero de un pueblo en el que éste está obligado a afeitar sólo a todos aquellos que no se afeitan a sí mismos. En principio, el propio barbero no puede ser, porque él sólo afeita a los que no se afeitan a sí mismos, y otro cualquiera tampoco puede, ya que a quienes no se afeitan a sí mismos sólo puede afeitarlos en ese pueblo el propio barbero.
   Más cerca de nuestros días, debemos a Augusto Monterroso un delicioso título paradójico en el primero de sus libros publicados en 1959: Obras Completas (y otros cuentos) ("Obras completas" es el título de uno de los cuentos), y al humorista George Carlin la reformulación paradójica del Cogito cartesiano: "Pienso, luego existo (o eso pienso)".

Referencias:
Diógenes Laercio: Vidas de los filósofos ilustres. Madrid: Alianza, 2007, págs. 84-87 (para Epiménides, aunque no hace referencia a la paradoja), pág. 483 (anécdota de Protágoras).
Raymond M. Smullyan: ¿Cómo se llama este libro? Madrid: Cátedra, 1997, págs. 259-261 y 266.
Russell Shorto: Los huesos de Descartes. Barcelona: Duomo, 2009, pág. 275.

lunes, 20 de agosto de 2012

Caballito

  He criado a un caballito en mi casa. Galopa por mi habitación. Me distrae. 
  Al principio estaba preocupado. Me preguntaba si crecería. Ahora mide más de 53 centímetros y come y digiere comida de adulto.
  Las mayores dificultades las puso Elena. Las mujeres son complicadas. Una migaja de estiércol ya las enferma, las desequilibra, dejan de ser ellas.
   “De un trasero tan pequeño —le decía yo—poco estiércol puede salir”; pero ella… En fin, mala suerte, ahora todo ha terminado.
  Lo que me inquieta es otra cosa. Hay días en los que, de golpe, mi caballito sufre extraños cambios. En menos de una hora hay veces en que su cabeza se infla y se infla, su espalda se encorva, se alabea, adelgaza y acaba ondeando al viento que entra por la ventana.
   ¡Oh! ¡Oh!
   Me pregunto si no me engaña aparentando ser un caballo, pues aun siendo tan pequeño un caballo no flota como una mariposa, no ondea al viento ni siquiera un instante.
   Espero no haber sido engañado, después de tantos cuidados, de tantas noches en vela defendiéndolo de las ratas, de tantos peligros posibles, de las fiebres de la infancia.
   A veces lo encuentro confuso por verse tan enano. Perplejo. Cuando se acerca al periodo de celo da unos brincos enormes por encima de las sillas y se pone a relinchar, a relinchar desesperadamente.
   A las hembras del vecindario, perras, gallinas, yeguas y ratoncitas, les llama la atención; pero eso es todo.  “No —se dicen—, cada uno a lo suyo y según su instinto. No me toca responder.” Y hasta ahora ninguna hembra ha correspondido a su llamada.
   Mi caballito me mira desamparado, con furia en los ojos.
   Pero ¿de quién es la culpa? ¿Mía?

Henri Michaux: Plume, précedé de Lointain intérieur. París: Gallimard, 1938, págs.17-18. 

Henri Michaux (1899-1984)

domingo, 19 de agosto de 2012

Léautaud se adelanta y critica a Rawls

   Examinemos si nuestras opiniones, nuestras maneras de pensar, nuestros juicios, no están influidos por nuestros intereses, nuestra profesión, nuestra situación, incluso nuestros gustos. Busquemos cómo pensaríamos si, siendo médicos, por ejemplo, fuéramos comerciantes, empleados, obreros o directores de una fábrica. De esta manera, tendremos la oportunidad de alcanzar una media inteligente.
   Pero la media es odiosa puesto que = mediocridad.

Paul Léautaud: Palabras efímeras. Barcelona: Versal, 1989, pág. 52.

Paul Léautaud en 1952, por Cartier-Bresson

jueves, 16 de agosto de 2012

Heine: El Retorno, LVIII

LVIII

¡Qué fragmentarios el mundo y la vida!
He de consultar a un profesor alemán
   que sepa recomponer la existencia,
haciendo de ella un sistema racional.
Con su gorro de noche y su bata andrajosa
tapará las grietas del universo.

[ El Retorno (1823-1824) ]


LVIII

Zu fragmentarisch ist der Welt und Leben!
Ich will mich zum deutschen Professor begeben,
   Der weiss das Leben zusammen zu setzen,
Und er macht ein verständlich System daraus;
Mit seinem Nachtmützen und Schlafrockfetzen
Stopft er die Lücken des Weltenbaus.

[ Die Heimkehr, 1923-1924 ]


Heinrich Heine: Gedichte - Auswahl / Antología poética. Edición bilingüe. Madrid: Ediciones de la Torre, 1995, págs. 92-93. Traducción de Berit Balzer.

Heinrich Heine (1797-1856)

domingo, 12 de agosto de 2012

S. J. Lec: Pensamientos despeinados (y 3)


¡No lo metas todo en el mismo saco, no podrás con él!

* * *

También los mesías esperan con impaciencia su propia llegada.

* * *

El mundo no existe, sólo se crea a cada instante. La sensación de continuidad es consecuencia de una falta de inventiva.

* * *

"Siempre se vuelve al primer amor". Es posible. Pero cada vez con objetivos distintos.

* * *

A costa de quién se mantiene viva la gente en los recuerdos de los demás?

* * *

Cuanto más bajo caes, menos te duele.

* * *

Siempre tengo miedo de los que reclaman el gobierno de las almas. ¿Qué hacen con los cuerpos?

* * *

En el paraíso debería haber de todo: ¡también infierno!

* * *

No es un callejón sin salida aquel en que se puede dar marcha atrás.

* * *

La vida de un hombre acaba a veces con la muerte de otro.

* * *

Los que tienen miras más amplias, tienen de ordinario peores perspectivas.

* * *

Existen biombos ideales que se tapan a sí mismos.

* * *

Los que olvidan más fácilmente aprueban con menos esfuerzo el examen de la vida.

* * *

La ignorancia de la ley no exime de su cumplimiento. Pero su conocimiento a menudo sí.

* * *

Los que sueñan no pegan ojo.

* * *

¡No hay retorno posible a las cavernas! Somos demasiados.

* * *

La historia: un conjunto de hechos que no tenían que haber ocurrido.

* * *

Un gorrión en una jaula para águilas es libre.

* * *

Lástima que no se pueda encontrar la felicidad en el camino que conduce a ella.

* * *

Inspeccionemos de vez en cuando las mazmorras de las fortalezas que defienden los ideales.

* * *

¿Qué jueces imparciales podrá tener la lucha de sexos? ¿Los hermafroditas?

Stanislaw Jerzy Lec: Pensamientos despeinados. Barcelona: Península, 1997, págs. 89, 91, 95, 99, 100, 101, 102, 107, 108, 110, 119, 131, 132, 133, 136.


Stanislaw Jerczy Lec (1909-1966) empezó a anotar sus aforismos y ocurrencias en la década de los 50 en agendas y cuadernos, papeles sueltos y hasta servilletas de bar; los fue publicando en numerosas revistas, hasta que en 1957 aparece la primera colección en libro, que recoge únicamente 193 "pensamientos despeinados". La edición más completa es de 1991 y contiene exactamente 2.168; pero desde entonces siguen apareciendo nuevas ampliaciones, y se sabe que en su pessoano baúl de inéditos aguardan aún muchos de ellos.

sábado, 11 de agosto de 2012

Estética del fragmento

   
   En un discurso de homenaje al crítico alemán Alfred Kerr, con motivo de su sesenta cumpleaños, Musil describe el rasgo principal de los escritos de éste y adelanta la esencia de los suyos propios, pero al mismo tiempo anuncia la vía de la Brevedad que más tarde Italo Calvino y miles de autores de blogs y webs hacen suya en la actualidad.
   Alfred Kerr solía elaborar sus críticas de teatro en bloques de texto con una cifra romana encima. Para Musil es una forma de aplicar el taylorismo a la literatura: cortos periodos aprovechados eficazmente y pausas para descansar. En el fondo subyace la idea de que "se puede decir más en cuatro capítulos, libros, estrofas, observaciones o actos que en un todo ininterrumpido de igual magnitud". Podríamos decir a riesgo de parecer ilógicos que aquí la suma de las partes es mayor que el todo. Es la convicción que subyace en los autores de fragmentos, aforismos y ensayos breves, esos que hacen suya "una forma aforística de escritura" y acaban proponiendo "un todo compuesto de fragmentos".
   Esta "forma fragmentaria y aforística" la hemos encontrado en el mentor filosófico de Musil, Nietzsche; pero él mismo, y a pesar de sus esfuerzos, tendrá que aceptar que su novela está no condenada sino destinada al estado fragmentario. Cientos de capítulos, de esbozos, varios borradores de cada capítulo, opciones contradictorias, páginas guardadas durante lustros, y una trama cada vez menos resoluble salvo por dejación. Eso sí, tal vez por ello se trata de una novela palpitante, donde el artificio racional logra esculpir algunas de las vidas más reales y visibles que nos ha dado el siglo XX.

Alfred Kerr (1867-1948)
Referencias:
Robert Musil: "A Kerr, en su sesenta cumpleaños [22 de Diciembre de 1927]", en Ensayos y conferencias. Madrid: Visor / La Balsa de la Medusa, 1992, págs. 200-201.
Günther Blöcker: "Robert Musil", en Líneas y perfiles de la literatura moderna. Madrid: Guadarrama, 1969, págs. 308-317.

martes, 7 de agosto de 2012

Estupidez

Una persona estúpida es una persona que causa un daño a otra persona o grupo de personas sn obtener, al mismo tiempo, un provecho para sí, o incluso obteniendo un perjuicio.

Carlo M. Cipolla: Allegro ma non troppo. Barcelona: Grijalbo Mondadori, 1998, p. 66.

Carlo M. Cipolla (1922-2000)
"Todos nosotros recordamos ocasiones en que, desgraciadamente, estuvimos relacionados con un individuo que consiguió una ganancia, causándonos un perjuicio a nosotros: nos encontrábamos frente a un malvadoTambién podemos recordar ocasiones en que un individuo realizó una acción, cuyo resultado fue una pérdida para él y una ganancia para nosotros: habíamos entrado en contacto con un incauto. Igualmente nos vienen a la memoria ocasiones en que un individuo realizó una acción de la que ambas partes obtuvimos provecho: se trataba de una persona inteligente. Tales casos ocurren continuamente. Pero si reflexionamos bien,  habrá que admitir que no representan la totalidad de los acontecimientos que caracterizan nuestra vida diaria. Nuestra vida está salpicada de ocasiones en que sufrimos pérdidas de dinero, tiempo, energía, apetito, tranquilidad y buen humor por culpa de las dudosas acciones de alguna absurda criatura a la que, en los momentos más impensables e inconvenientes, se le ocurre causarnos daños, frustraciones y dificultades, sin que ella vaya a ganar absolutamente nada con sus acciones. Nadie sabe, entiende o puede explicar por qué esta absurda criatura hace lo que hace. En realidad, no existe explicación -o mejor dicho- sólo hay una explicación: la persona en cuestión es estúpida."














EJERCICIO:
Clasifica las siguientes acciones dentro de los grupos "acción malvada", "acción incauta", "accción inteligente" o "acción estúpida", y piensa nuevos ejemplos.

A) Rayar los coches estacionados.
B) Forzar la puerta de un coche para robar la radio.
C) Dejar en las paredes o en los cierres de los comercios tu "firma" grafitera.
D) Distribuirnos las tareas de organización de un viaje en grupo.
E) Asumir todas las tareas domésticas en el hogar.
F) Estipular en la letra pequeña del contrato modificaciones para lo que se ha firmado según la información que aparece en letra grande.
G) Matar pájaros con la carabina de aire comprimido.
H) Mostrar afecto a las personas que te lo muestran.

domingo, 5 de agosto de 2012

S. J. Lec: Pensamientos despeinados (2)


Un signo de exclamación, cuando se afloja, se convierte en un signo de interrogación.

* * *

También el alma debe ponerse a dieta de vez en cuando.

* * *

Nuestra ignorancia alcanza mundos cada vez más lejanos.

* * *

El amor a la patria no conoce fronteras ajenas.

* * *

Muchos han intentado obtener la piedra filosofal mediante la petrificación del pensamiento.

* * *

Algunos gastrónomos querrían que los peces chapotearan contentos en el aceite en el que los fríen.

* * *

El momento en que se reconoce la falta de talento es un destello de genio.

* * *

Sólo los genios y los tontos son intelectualmente autosuficientes.

* * *

Recordadlo, el precio que hay que pagar por la libertad disminuye cuando crece la demanda.

* * *

Se puede perseguir coherentemente un objetivo durante toda la vida, si continuamente se va alejando.

* * *

Si un animal matara con premeditación y alevosía, eso sería instinto humano.

* * *

A algunos les nacen las alas de la joroba.

* * *

Tenía la conciencia limpia, sin usar.



Stanislaw Jerzy Lec:Pensamientos despeinados. Barcelona: Península, 1997, págs. 56, 59, 60, 61, 62, 63, 66, 67, 78 y 85.

viernes, 3 de agosto de 2012

Actualidad de Descartes (1): Derivaciones del Cogito

   La frase más famosa de la historia de la filosofía pertenece a Descartes, el célebre "Pienso, luego existo". Se halla en la cuarta parte del Discurso del Método (1637), en el original dice "Je pense, donc je suis", y al igual que en la versión latina de las Meditaciones Metafísicas (1642), se juega con el doble sentido de "ser" y "existir", que en castellano se disocia en dos verbos distintos, aunque deben suponerse ambos cuando se traduce o interpreta la frase original: Pienso luego soy o existo. Esta sentencia se conoce como el Cogito cartesiano. Cuando el propio Descartes aclara qué implica ser una cosa que piensa, y por tanto en qué consiste pensar, lo hace del siguiente modo: 
"Por la palabra pensamiento entiendo todo aquello que ocurre en nosotros de tal manera que tenemos consciencia de ello. Y así, no sólo entender, querer, imaginar, sino también sentir, es aquí lo mismo que pensar" (Principios de la filosofía,1644, I, 9)
   Y en las Meditaciones lo explica así:
"¿Qué soy, entonces? Una cosa que piensa. Y ¿qué es una cosa que piensa? Es una cosa que duda, que entiende, que afirma, que niega, que quiere, que no quiere, que imagina también, y que siente." (Meditaciones Metafísicas, 1642, II)
   De las dos definiciones se deduce que pensar incluye curiosamente el sentir, pero es un sentir particular, consciente: pensar es siempre ser consciente de los pensamientos, y ser una cosa que piensa es ser una cosa que es consciente de sus pensamientos. Por eso se puede calificar a Descartes de intelectualista, porque define al ser humano por su capacidad racional, mediante un entendimiento que se autoestudia y es consciente de sí mismo.

   Naturalmente, las críticas y objeciones no se harán esperar. Uno de los primeros fue Blaise Pascal (1623-1662) y sus célebres razones del corazón: "El corazón tiene sus razones, que la razón no conoce, lo que se comprueba en mil cosas" (Pensamientos, Brunschvicg, nº 277), dice de manera anticartesiana, y una de esa mil cosas es nada menos que la fe en Dios, situada más allá de la razón intelectual. Cuando se define al ser humano no sólo por la razón sino por otros rasgos irracionales (el sentimiento, la voluntad, el cuerpo...) nos aproximamos a los irracionalismos de los siglos XIX y XX.

   Los sentimientos, la sensibilidad y el cuerpo son reivindicados por ejemplo por Rousseau, Schopenhauer y Nietzsche, continuando así la crítica al intelectualismo cartesiano, culpable de haber reducido toda la masa de contenidos de la conciencia a la consciencia. Una sola "s" marca la diferencia entre el intelectualismo cartesiano y la fenomenología o el psicoanálisis del siglo XX, interesados en aclarar y estudiar todos los fenómenos de la conciencia, no sólo los conscientes.

   El siglo XX es mayoritariamente anticartesiano, como muestran por ejemplo dos escritores. Paul Valéry dice en un discurso ante cirujanos:
"Unas veces pienso y otras soy. Por lo tanto, el espíritu no debe mezclarse con todo, aunque se haya descubierto con tal vocación: se diría que ha sido hecho para no dedicarse a otra cosa que a nuestros asuntos exteriores. En cuanto al resto, a nuestras actividades de base, una especie de razón de Estado las encubre. El secreto es esencial para ellas, por lo que tal vez se podría medir la importancia vital de nuestros diversos funcionamientos a partir de su relativa intolerancia a la consciencia atenta." (Paul Valéry: OEuvres I, 916)
   En este breve fragmento, Valéry no sólo reconoce los estratos de la conciencia, sino que ofrece una sugerente teoría del campo de fuerzas que Nietzsche llamó corporal, y la fenomenología intencional...
   Por su parte, de un modo elegante y sencillo, el novelista Milan Kundera sentencia en contra del cartesianismo:
"Pienso, luego existo es el comentario de un intelectual que subestima el dolor de muelas. Siento, luego existo es una verdad que posee una validez mucho más general y se refiere a todo lo vivo. Mi yo no se diferencia del de ustedes por lo que piensa. Gente hay mucha, ideas pocas: todos pensamos aproximadamente lo mismo y las ideas nos las traspasamos, las pedimos prestadas, las robamos. Pero cuando alguien me pisa un pie, el dolor sólo lo siento yo. La base del yo no es el pensamiento, sino el sufrimiento, que es el más básico de todos los sentimientos. En el sufrimiento, ni siquiera un gato puede dudar de su yo intransferible." (Milan Kundera: La inmortalidad, págs. 242-243).

   Desde las palabras de Descartes a las de Kundera han pasado más de cuatro siglos, y hoy tendemos a considerar más acertadas las del novelista checo; pero el análisis de lo que somos, lo que significa pensar, y la relación del alma con el cuerpo, son temas que impulsó notablemente Descartes, pues todos ellos giran alrededor de su idea del Cogito, el cual fue inspirando a partir de entonces la necesidad de aclararse por oposición a una postura razonada y fuerte, aunque se la considere equivocada.