El fragmento debe ser como una pequeña obra de arte, aislado de su alrededor y completo en sí mismo, como un erizo -- Friedrich Schlegel --

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domingo, 21 de octubre de 2012

El Prometeo de Goethe

Ilustración de Bernard Picart


PROMETEO

Cubre tu cielo, Zeus,
con un velo de nubes,
y, semejante al joven que descabeza abrojos,
huélgate con los robles y las alturas.
Déjame a mí esta tierra,
la cabaña que tú no has construido
y el calor del hogar que tanto envidias.

Nada conozco bajo el sol tan pobre
como vosotros, dioses.
Nutrís, mezquinos, vuestra majestad
con las ofrendas de los sacrificios
y con el vaho de las preces.
En la indigencia viviríais
de no existir los niños y esos necios
mendigos que no pierden la esperanza.

Cuando era niño y nada sabía,
levantaba mis ojos extraviados
al sol, como si arriba hubiese oídos
para escuchar mis quejas,
y un corazón, afín al mío,
que sintiera piedad de quien le implora.

¿Quién me ayudó en mi pugna
contra los insolentes Titanes?
¿Quién de la muerte me salvó,
y de la esclavitud?
¿No fuiste tú, tú solo,
sagrado y fervoroso corazón,
quien todo lo cumpliste?
Y, sin embargo, ardiendo
en tu bondad y juventud, iluso,
agradecías tu salud a aquel
que, allá arriba, dormita...

¿Honrarte yo? ¿Por qué?
¿Aliviaste tú alguna vez
los dolores del afligido?
¿Enjugaste las lágrimas del angustiado?
¿No me han forjado a mí como hombre
el tiempo omnipotente
y la eterna fortuna,
que son mis dueños y también los tuyos?

¿Acaso imaginaste
que iba yo a aborrecer mi vida
y a retirarme al yermo
porque no todos mis floridos
ensueños dieran fruto?

Aquí estoy, dando forma
a una raza según mi propia imagen,
a unos hombres que, iguales a mí, sufran
y se alegren, conozcan los placeres y el llanto,
y, sobre todo, a ti no se sometan,
como yo.

J. W. Goethe (1774). Trad. L. A. de Cuenca


Johann Wolfgang Goethe (1749-1832)

La oda "Prometeo" de Goethe pertenece a una tragedia de juventud inacabada, de la que se conservan dos actos y este poema.
En 1978, Luis Alberto de Cuenca publicó Museo en la editorial Bosch. Es una miscelánea de fragmentos en la estela del Libro del Cielo y el Infierno de Borges y Bioy, y también incluye algún delicioso pastiche apócrifo. De la Epopeya de Gilgamesh a los poemas Dada, y agrupados en capítulos simbólico-alegóricos como si se tratase de un museo, como advierte su título, visitamos algunos hermosos momentos de la historia de la literatura y la cultura, a menudo en forma de esbozos fragmentarios, como en una galería de exposiciones. Inexplicablemente, esta antología nunca se ha reeditado, a pesar de incluir cumbres como este Prometeo, con una traducción en la que escuchamos la voz que será de Rilke.

Prometeo, de Richard Cosway


Recorrido:

El Prometeo original de Hesiodo (siglo VIII a. C.)
El Prometeo filosófico de Platón (inicios del siglo IV a. C.)
El Prometeo romántico de Goethe (1774)
El Prometeo metafórico de Kafka (1919)

miércoles, 17 de octubre de 2012

El Prometeo de Platón



   
   Hubo una vez un tiempo en que existían los dioses, pero no había razas mortales. Cuando también a éstos les llegó el tiempo destinado de su nacimiento, los forjaron los dioses dentro de la tierra con una mezcla de tierra y fuego, y de las cosas que se mezclan a la tierra y el fuego. Y cuando iban a sacarlos a la luz ordenaron a Prometeo y a Epimeteo que los aprestaran y les distribuyeran las capacidades a cada uno de forma conveniente. A Prometeo le pide permiso Epimeteo para hacer él la distribución. "Después de hacer yo el reparto, dijo, tú lo inspeccionas". Así lo convenció, y hace la distribución. En ésta, a unos les concedía la fuerza sin la rapidez y a los más débiles, los dotaba con la velocidad. A unos los armaba y, a los que les daba una naturaleza inerme, les proveía de alguna otra capacidad para su salvación. A aquellos que envolvía en su pequeñez, les proporcionaba una fuga alada o un habitáculo subterráneo. Y a los que aumentó en tamaño, con esto mismo los ponía a salvo. Y así, equilibrando las demás cosas, hacía su reparto. Planeaba con la precaución de que ninguna especie fuera aniquilada.
   Cuando les hubo provisto de recursos de huida contra sus mutuas destrucciones, preparó una protección contra las estaciones del año que Zeus envía, revistiéndolos con espeso cabello y densas pieles, capaces de soportar el invierno y capaces, también, de resistir los ardores del sol, y de modo que, cuando fueran a dormir, estas mismas les sirvieran de cobertura familiar y natural a todos. Y los calzó a unos con garras y revistió a los otros con pieles duras y sin sangre. A algunos les concedió que su alimento fuera devorar a otros animales, y les ofreció una exigua descendencia, y, en cambio, a los que eran consumidos por éstos, una descendencia numerosa, proporcionándoles una salvación a la especie. Pero. como no era del todo sabio Epimeteo, no se dio cuenta de que había gastado las capacidades en los animales; entonces todavía le quedaba sin dotar la especie humana, y no sabía qué hacer.
   Mientras estaba perplejo, se le acerca Prometeo que venía a inspeccionar el reparto, y que ve a los demás animales que tenían cuidadosamente de todo, mientras el hombre estaba desnudo y descalzo y sin coberturas, inerme. Precisamente era ya el día destinado, en el que debía también el hombre surgir de la tierra hacia la luz. Así que Prometeo, apurado por la carencia de recursos, tratando de encontrar una protección para el hombre roba a Hefesto y a Atenea su sabiduría profesional, junto con el fuego -ya que era imposible que sin el fuego aquélla pudiera adquirirse o ser de utilidad a alguien- y, así, luego la ofrece como regalo al hombre. De este modo, pues, el hombre consiguió tal saber para su vida; pero carecía del saber político, pues éste dependía de Zeus. Ahora bien, a Prometeo no le daba ya tiempo de penetrar en la acrópolis en la que mora Zeus; además los centinelas de Zeus eran terribles. En cambio, en la vivienda común de Atenea y de Hefesto, en la que aquéllos practicaban sus artes, podía entrar sin ser notado, y así robó la técnica de utilizar el fuego de Hefesto, y las otras que pertenecen a Atenea, y se las entregó al hombre. Y de aquí resulta la posibilidad de la vida para el hombre; aunque a Prometeo luego, a través de Epimeteo, según se cuenta, le llegó el castigo de su robo.
   Puesto que el hombre tuvo participación en el dominio de lo divino a causa de su parentesco con la divinidad, fue, en primer lugar, el único entre los animales en creer en los dioses, e intentaba construirles altares y esculpir sus estatuas. Después, articuló rápidamente, con conocimiento, la voz y los nombres, e inventó sus casas, vestidos, calzados, coberturas y alimentos del campo. Una vez equipados de tal modo, en un principio habitaban los humanos en dispersión, y no existía ciudades. Así que se veían destruidos por las fieras, por ser generalmente más débiles que aquéllas; y su técnica manual resultaba un conocimiento suficiente como recurso para la nutrición, pero insuficiente para la lucha contra las fieras. Pues aún no poseían el arte de la política, a la que el arte bélico pertenece. Ya intentaban reunirse y ponerse a salvo con la fundación de ciudades. Pero, cuando se reunían, se atacaban unos a otros, al no poseer la ciencia política; de modo que de nuevo se dispersaban y perecían.
   Zeus, entonces, temió que sucumbiera toda nuestra raza, y envió a Hermes que trajera a los hombres el sentido moral y la justicia, para que hubiera orden en las ciudades y ligaduras acordes de amistad. Le preguntó, entonces, Hermes a Zeus de qué modo daría el sentido moral y la justicia a los hombres: "¿Las reparto como están repartidos los conocimientos? Están repartidos así: uno solo que domine la medicina vale para muchos particulares, y lo mismo los otros profesionales. ¿También ahora la justicia y el sentido moral los infundiré así a los humanos o los reparto a todos?". "A todos, dijo Zeus, y que todos sean partícipes. Pues no habría ciudades, si sólo algunos de ellos participaran, como de los otros conocimientos. Además, impón una ley de mi parte: que al incapaz de participar del honor y la justicia lo eliminen como a una enfermedad de la ciudad".

Platón: Protágoras, 320c-320d


Prometeo (1636-1637), de Rubens (Museo del Prado)

Recorrido:

El Prometeo original de Hesiodo (siglo VIII a. C.)
El Prometeo filosófico de Platón (inicios del siglo IV a. C.)
El Prometeo romántico de Goethe (1774)
El Prometeo metafórico de Kafka (1919)

lunes, 8 de octubre de 2012

Prometeo

   Sobre Prometeo informan cuatro leyendas: según la primera, por haber traicionado a los dioses ante los hombres fue encadenado al Cáucaso, y los dioses enviaron águilas que le devoraban el hígado en perpetuo crecimiento.
   Dice la segunda que, retrocediendo de dolor ante los picos despiadados de las aves de presa, Prometeo fue incrustándose cada vez más profundamente en la roca, hasta formar un todo con ella.
   Según la tercera, en el decurso de los milenios se olvidó su traición, los dioses olvidaron, las águilas olvidaron, y él mismo olvidó.
   Según la cuarta, se sintió cansancio de aquello que había perdido todo fundamento. Se cansaron los dioses, se cansaron las águilas, la herida se cerró, cansada.
   Quedó la montaña de roca, inexplicable. La leyenda intenta explicar lo inexplicable. Como se origina en un motivo de verdad, debe finalizar nuevamente en lo inexplicable.

Franz Kafka (1919): La muralla china. Madrid: Alianza, 1973, pág 83.
Prometeo encadenado (1590-1596), de Gregorio Martínez


Recorrido:

El Prometeo original de Hesiodo (siglo VIII a. C.)
El Prometeo filosófico de Platón (inicios del siglo IV a. C.)
El Prometeo romántico de Goethe (1774)
El Prometeo metafórico de Kafka (1919)

sábado, 6 de octubre de 2012

De las alegorías

   Muchos se quejan de que las palabras de los sabios sean siempre alegorías, pero inaplicables en la vida diaria, y esto es lo único que poseemos. Cuando el sabio dice: “Anda hacia allá”, no quiere decir que uno deba pasar al otro lado, lo cual siempre sería posible si la meta del camino así lo justificase, sino que se refiere a un allá legendario, algo que nos es desconocido, que tampoco puede ser precisado por él con mayor exactitud y que, por tanto, de nada puede servirnos aquí. En realidad, todas esas alegorías sólo quieren significar que lo inasequible es inasequible, lo que ya sabíamos. Pero aquello en que cotidianamente gastamos nuestras energías, son otras cosas.
   A este propósito dijo alguien: “¿Por qué os defendéis? Si obedecierais a las alegorías, vosotros mismos os habríais convertido en tales, con lo que os hubierais liberado de la fatiga diaria.”
   Otro dijo: “Apuesto a que eso es también una alegoría.”
   Dijo el primero: “Has ganado.”
   Dijo el segundo: “Pero por desgracia, sólo en lo de la alegoría.”
   El primero dijo: “En verdad, no; en lo de la alegoría has perdido.”

Franz Kafka (1922): La muralla china. Madrid: Alianza, 1973, págs. 78-79.


*** ... Se admiten interpretaciones ... ***

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Las mil caras de Shakespeare

La metáfora que describe la versatilidad de un actor del cine mudo, Lon Chaney, "el hombre de las mil caras", le viene ni pintada al arte de Shakespeare. Los primeros defensores de su teatro (Johnson, Schlegel, Hazlitt) hablan a este respecto de "caracteres", destacando que en las obras de Shakespeare encontramos perfectamente presentadas no sólo las más diversas caras o modos de ser humanos, sino el surgir de las pasiones y las modificaciones del temple a causa de las circunstancias.
Shakespeare es un tesoro para los psicólogos, o debería serlo, porque para mostrar la ingratitud y la locura basta con dar a leer El Rey Lear, para el tormento y la duda, Hamlet, para los celos nada mejor que Otelo, la crueldad nunca ha sido más descarnada que en Macbeth, la traición y la hipocresía es moneda corriente en las tragedias de corte, y el primer amor tiene dos nombres, Romeo y Julieta.
Leer a Shakespeare es además una experiencia estética sin igual, por su lenguaje, sus mil ocurrencias ingeniosas y aforísticas, por el ritmo de sus obras. No tiene parangón porque es la referencia con la que medimos a los demás.
Como lectura recomendada, se puede empezar ya en 4º de ESO, quizás con Romeo y Julieta, o con alguna de las divertidas comedias (Mucho ruido por nada, El sueño de una noche de verano...), en ocasiones bien llevadas al cine; en 1º de Bachillerato puede leerse cualquiera de las grandes tragedias, si es posible, en las magníficas traducciones de Ángel Luis Pujante.
Como complemento, nadie debería dejar de ver la película Shakespeare in Love (1998), estupenda recreación de la época (los teatros isabelinos, por ejemplo), el contexto del autor (muy graciosas las apariciones de Christopher Marlowe y el joven John Webster) o los actores. Se fantasea además sobre un imaginario origen de la obra Romeo y Julieta. Es encantadora, pero debe aclararse que de la vida del verdadero Shakespeare no sabemos casi nada y seguramente no sería tan aventurera ni emocionante como se muestra aquí.

Relatos en la red


Ya sea porque los han digitalizado instituciones culturales, editores o particulares en sus blogs y webs, hay una gran cantidad de cuentos y relatos disponibles para leer en la red.

Los que se enlazan a continuación son clásicos de dominio público.

La editorial Punto de Lectura cuelga en su web la novela de Cervantes "El amante liberal":
CERVANTES

Las Leyendas de Bécquer en una edición pdf muy clarita:
BÉCQUER

Los cuentos del Maestro, Edgar Allan Poe:
POE


Cuentos de Juan Valera en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Incluye "El caballero del Azor", "El doble sacrificio", "Los cordobeses en Creta" y otros:
VALERA

Cuentos de Leopoldo Alas "Clarín": "Pipá", "Mi entierro", "Avecilla" y otros:
CLARÍN

Y aquí el estupendo "¡Adiós, Cordera!", también de Clarín:
"¡Adiós, Cordera!"

Uno de los mejores relatos de miedo en español, "La mujer alta", de Pedro Antonio de Alarcón (en la misma web hay más relatos disponibles de este autor):
ALARCÓN


Un cuento que advierte contra los experimentos con animales y logra un gran impacto emocional, "Yzur", de Leopoldo Lugones:
LUGONES


Este mismo cuento, junto con otros clásicos del género fantástico (Don Juan Manuel, Rubén Darío, Horacio Quiroga, etc), se puede leer en una antología con letra más clarita:
Antología de cuentos fantásticos

El emotivo "Flores para Algernon" de Daniel Keyes, otro magnífico cuento de ciencia ficción:
"Flores para Algernon"

Y para acabar, cinco obras maestras del relato largo o la novela corta, para leer y releer:






viernes, 14 de septiembre de 2012

HsA, I


    La escritura y la edición de El hombre sin atributos recuerda a la siembra en el campo. El autor parte de madrugada, en plena juventud, con una alforja llena de semillas y las esparce en hojas sueltas, notas en su diario, en proyectos aparentemente individuales que a veces fructifican y otras chocan con la dura piedra. Al paso del día, de los años, el campo va pareciendo un huerto salvaje, aparentemente tiene forma y dirección; pero el sembrador conoce el lugar exacto de cada erial y las lajas de pizarra en las que nada fructifica. Dos o tres veces recoge la cosecha y la lleva al editor, en la primera está terminando el año 1930 cuando deja en el mercado un primer volumen de la obra, que recoge las partes "A modo de introducción" y "Otro tanto sucede", puede que sólo comparable a esas alturas del siglo a lo realizado por Proust o Joyce, y eso que es sólo el primer tomo de la novela, si bien reúne cerca de mil páginas en 123 capítulos. Lo llamaremos para resumir HsA, I.
   La historia de HsA, II es más complidada. En 1933 el fruto recogido ha sido menos abundante, "tan sólo" 38 capítulos de la sección titulada "Hacia el Reino Milenario o Los Criminales", aproximadamente la mitad de páginas que el tomo anterior. Llegan tiempos difíciles, Musil va comprendiendo que la tarea no va a resolverse en los plazos previstos, se ha propuesto por ello dividir el segundo volumen en dos tomos, siendo éste el primero. A finales de 1937 y comienzos del 38 lleva a galeradas 20 nuevos capítulos (del 39 al 58); pero antes de editar este nuevo fragmento del segundo volumen del tomo segundo, los retira con la intención de rehacerlos y concluir la novela. A partir de la reforma de estos capítulos y de los nuevos fragmentos proyectados, y dado que Musil muere en 1942 sin haber logrado redondear la novela, se suceden las ediciones, quedando para siempre inconclusa, con sus estratos de diversa consideración: capítulos acabados, corregidos y editados, capítulos reformados, capítulos antiguos nunca eliminados, distintas versiones de un mismo capitulo, etc. Entramos en el terreno de la Filología. Un CD-ROM con la obra completa de Musil incluye la totalidad de las variantes, pero en las ediciones en papel no se puede ser tan prolijo. Así, aun tomando como referencia la edición alemana de Adolf Frisé en 1978, que fija los primeros 63 capítulos del segundo tomo y ofrece en apéndices otros esbozos de distintas épocas, las distintas traducciones a otras lenguas hacen sus propias selecciones y, sea el caso, la nueva traducción francesa es más generosa incluyendo esbozos que la edición española.
   En cuanto a la temática, hay un giro también desde el tomo I al II. Se ha destacado que el tomo I es el de la aspiración a la exactitud y una crítica desde dentro de la actitud científica, mientras que en el segundo se abre paso la tendencia al misticismo. Los temas sociales de la Acción Paralela también van desapareciendo en el tomo II, que se vuelca sobre la relación entre Ulrich y su hermana "gemela" y desconocida Agathe.
   La técnica de composición, de sembrado de la novela, cala en la propia obra. Ulrich es un personaje fragmentado, pero no sin "atributos" como equívocamente traduce, propiciando el chiste fácil, el traductor del primer tomo original (quien por cierto, y a pesar de sus muchas soluciones vigorosas y una prosa algo alambicada pero a la postre muy bella, tiende a escoger los términos más extraños para el vocabulario técnico; el traductor del segundo tomo ofrece una versión más legible a este respecto, aunque menos literaria). Ulrich es un personaje no sin "atributos", sino sin "cualidades" o "predicados", en concreto sin cualidades estables. Hasta tal punto cree estar malgastando su vida, que a los 32 años y después de unos estudios absorbentes de matemáticas e ingeniería, a pesar de su vida burguesa y acomodada, las múltiples amantes y un puesto en la élite política del Imperio, decide quitarse la vida si al cabo de un año no descubre cómo dirigir y darle contenido a su vida. En el primer tomo asistimos a los primeros seis meses de ese plazo, a las reflexiones de este filósofo espontáneo que nunca ha escrito y que sin embargo se planteará finalmente la redacción de un tomo sobre sus experiencias. Esas experiencias parten de una conciencia clara de la dispersión personal y social, del torbellino de contradicciones, del choque de las ideas entre sí y con las sensaciones, de las múltiples posiciones que reclaman para sí el estatuto de únicas y verdaderas. Es en suma el estado de crisis de las ciencias de principios de siglo al que Musil no es ajeno desde sus estudios sobre Mach. El método con que afronta esta situación es admirable, en parte cartesiano y puramente fenomenológico: propondrá "abolir la realidad" (ponerla "entre paréntesis" diría Husserl) y aplicar la lógica al análisis de los fenómenos para intentar encontrar su regla de formación y desarrollo. Pero la lógica es sólo una de sus tendencias, como pronto advierte, y lo racional se ve acompañado con la sombra del sentimiento y la vivencia, de forma que rara vez se encuentran manifestaciones puras del espíritu. Cuanto más retrocedamos (al modo fenomenológico, pero también al modo genealógico de Nietzsche) hacia el origen de las ideas, más conscientes seremos de esa unión, que podríamos llamar metafórica.
   En el primer tomo no hay una opción clara por la lógica o la metáfora; pero el procedimiento poético, los discursos repletos de analogías y la deriva de un personaje clave, Clarisse (algo así como Ulrich en mujer, en oposición y complemento), expresión extrema de la vía metafórica, indican el curso que la novela atacará en el tomo segundo, ya que la propia Clarisse propone la necesidad de mirar a través de la grieta en el muro de la realidad, reconocer que ésta es un estado subjetivo. Otra cosa será que el abandono total de la lógica nos pueda llevar a estados cercanos a la locura.
   Después de haber recibido el ofrecimiento de trabajo conjunto y hasta la posibilidad de adopción por parte de uno de los prohombres del momento (el industrial Arnheim, trasunto de Rathenau), Ulrich regresa a su casa y tiene una experiencia de gran felicidad en mitad de la noche. Decide dar un curso claro a su vida: o adoptar el tono narrativo y ordinario de la vida corriente o aceptar su imposibilidad. Ya en casa, Clarisse lo aguarda con su propio conflicto interno, dispuesta como siempre a darle una solución impulsiva. Se enteran por un telegrama de que el padre de Ulrich ha muerto, y tras recibir la felicitación de Clarisse (luego le dará una especie de pésame), Ulrich se descubre en un cruce de caminos que le permite empezar de nuevo, en consonancia con lo que viene experimentando. Sabemos que va a salir de viaje, que por unos meses estará ocupado con la herencia, que la novela y su vida dan un giro. Esa misma noche Clarisse se le ofrece y le pide un hijo, él la rechaza a duras penas, pero queda intrigado por esa vida en "el otro estado" que representa su amiga (una especie de misticismo en que el mundo y el sujeto, aun siendo dos, forman parte del mismo conjunto, tal y como dos hermanos siameses). Parece una anticipación de la metamorfosis que él mismo va a sufrir a partir de entonces. Pasa la noche en duermevela y al alba hace sus ejercicios antes de irse de viaje.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Clásicos más o menos juveniles


   De las varias definiciones que Italo Calvino daba de "clásico", a los juveniles les conviene especialmente ésta:

   Los clásicos son libros que cuanto más cree uno conocerlos de oídas, tanto más nuevos, inesperados e inéditos resultan al leerlos de verdad.


   Entre los clásicos, los de aventuras han contado siempre, desde su aparición, con la admiración de todos los lectores, aunque sea en la juventud cuando más se los disfruta. Vicenç Pagès justifica la necesidad de reivindicar estos libros por ser las obras más indicadas para la iniciación a la lectura, tal y como han venido siéndolo durante decenios. No parece esto muy correcto en una época como la nuestra, con tantos autores especializados en novelillas de trama "rabiosamente" actual y formativas "en valores"; pero la polémica lleva tiempo servida (entre otros por Harold Bloom), y se podría condensar en esta alternativa: ¿Sierra i Fabra o Robinson Crusoe?
   En la web de Pagès encontramos entre otros materiales una justificación de su libro, y en este blog aparece la lista de las 28 novelas a las que propone "volver", ordenadas en una secuencia aproximada por edades de conveniencia, que va de los 11-12 años hasta los 16-17, van por tanto de menos a más complicación:


Rudyard Kipling: El libro de la selva
E.T.A. Hoffmann: Cascanueces y el rey de los ratones
Frances Hodgson Burnett: El jardín secreto
Jack London: La llamada de la selva
Mark Twain: Las aventuras de Tom Sawyer
Lucy Maud Montgomery: Ana de las Tejas Verdes
Alexandr Pushkin: La hija del capitán
Margaret Oliphant: La puerta abierta
H. G. Wells: La máquina del tiempo
Nikolai Gogol: Taras Bulba
Henry R. Haggard: Las minas del rey Salomón
Arthur Conan Doyle: El sabueso de los Baskerville
Zane Grey: La herencia del desierto
R.L. Stevenson: La isla del tesoro
Anthony Hope: El prisionero de Zenda
J. M. Barrie: Peter Pan
Jules Verne: La vuelta al mundo en 80 días
Howard Pyle: Historia del rey Arturo y sus caballeros
Jules Verne: Viaje al centro de la tierra
Charlotte Brontë: Jane Eyre
Stephen Crane: La roja insignia del valor
Mark Twain: Las aventuras de Huckleberry Finn
Bram Stoker: Drácula
Jane Austen: La abadía de Northanger
Alexandre Dumas: Los tres mosqueteros
Ivan S. Turguenev: Primer amor
Daniel Defoe: Robinson Crusoe
Herman Melville: Moby Dick 


   Pues bien, prácticamente todos se pueden leer libremente en la red, puesto que los derechos de autor se han extinguido hace años. En la siguiente lista están algunos de ellos junto con otros que podrían igualmente incluirse en la categoría. Se los califica de "juveniles" porque pueden entenderse perfectamente entre los 12 y 16 años; pero en realidad son lecturas estupendas para cualquier edad.









En las lecturas por slideshare hay que presionar en el icono "Full" para ver el libro a pantalla completa. Estos libros suelen estar disponibles en todas las bibliotecas, tanto escolares como municipales, pero se deben buscar siempre las EDICIONES COMPLETAS, sin resumir ni adaptar.


Referencias:
Vicenç Pagès Jordá: De Robinson Crusoe a Peter Pan. Un canon de literatura juvenil. Barcelona: Ariel, 2009.
Harold Bloom: Relatos y poemas para niños extremadamente inteligentes de todas las edades. Barcelona: Anagrama, 2003.
Fernando Savater: La infancia recuperada. Madrid: Taurus, 1976. Nueva ed. corr. y aumentada en 1994.


"... el mar, las peripecias de caza, las respuestas de astucia o energía que suscita el peligro, el arrojo físico, la lealtad a los amigos o al compromiso adquirido, la protección del débil, la curiosidad dispuesta a jugarse la vida para hallar satisfacción, el gusto por lo maravilloso y la fascinación de lo terrible, la hermandad con los animales..." ( F. Savater )