El fragmento debe ser como una pequeña obra de arte, aislado de su alrededor y completo en sí mismo, como un erizo -- Friedrich Schlegel --

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miércoles, 19 de septiembre de 2012

Las mil caras de Shakespeare

La metáfora que describe la versatilidad de un actor del cine mudo, Lon Chaney, "el hombre de las mil caras", le viene ni pintada al arte de Shakespeare. Los primeros defensores de su teatro (Johnson, Schlegel, Hazlitt) hablan a este respecto de "caracteres", destacando que en las obras de Shakespeare encontramos perfectamente presentadas no sólo las más diversas caras o modos de ser humanos, sino el surgir de las pasiones y las modificaciones del temple a causa de las circunstancias.
Shakespeare es un tesoro para los psicólogos, o debería serlo, porque para mostrar la ingratitud y la locura basta con dar a leer El Rey Lear, para el tormento y la duda, Hamlet, para los celos nada mejor que Otelo, la crueldad nunca ha sido más descarnada que en Macbeth, la traición y la hipocresía es moneda corriente en las tragedias de corte, y el primer amor tiene dos nombres, Romeo y Julieta.
Leer a Shakespeare es además una experiencia estética sin igual, por su lenguaje, sus mil ocurrencias ingeniosas y aforísticas, por el ritmo de sus obras. No tiene parangón porque es la referencia con la que medimos a los demás.
Como lectura recomendada, se puede empezar ya en 4º de ESO, quizás con Romeo y Julieta, o con alguna de las divertidas comedias (Mucho ruido por nada, El sueño de una noche de verano...), en ocasiones bien llevadas al cine; en 1º de Bachillerato puede leerse cualquiera de las grandes tragedias, si es posible, en las magníficas traducciones de Ángel Luis Pujante.
Como complemento, nadie debería dejar de ver la película Shakespeare in Love (1998), estupenda recreación de la época (los teatros isabelinos, por ejemplo), el contexto del autor (muy graciosas las apariciones de Christopher Marlowe y el joven John Webster) o los actores. Se fantasea además sobre un imaginario origen de la obra Romeo y Julieta. Es encantadora, pero debe aclararse que de la vida del verdadero Shakespeare no sabemos casi nada y seguramente no sería tan aventurera ni emocionante como se muestra aquí.

Relatos en la red


Ya sea porque los han digitalizado instituciones culturales, editores o particulares en sus blogs y webs, hay una gran cantidad de cuentos y relatos disponibles para leer en la red.

Los que se enlazan a continuación son clásicos de dominio público.

La editorial Punto de Lectura cuelga en su web la novela de Cervantes "El amante liberal":
CERVANTES

Las Leyendas de Bécquer en una edición pdf muy clarita:
BÉCQUER

Los cuentos del Maestro, Edgar Allan Poe:
POE


Cuentos de Juan Valera en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Incluye "El caballero del Azor", "El doble sacrificio", "Los cordobeses en Creta" y otros:
VALERA

Cuentos de Leopoldo Alas "Clarín": "Pipá", "Mi entierro", "Avecilla" y otros:
CLARÍN

Y aquí el estupendo "¡Adiós, Cordera!", también de Clarín:
"¡Adiós, Cordera!"

Uno de los mejores relatos de miedo en español, "La mujer alta", de Pedro Antonio de Alarcón (en la misma web hay más relatos disponibles de este autor):
ALARCÓN


Un cuento que advierte contra los experimentos con animales y logra un gran impacto emocional, "Yzur", de Leopoldo Lugones:
LUGONES


Este mismo cuento, junto con otros clásicos del género fantástico (Don Juan Manuel, Rubén Darío, Horacio Quiroga, etc), se puede leer en una antología con letra más clarita:
Antología de cuentos fantásticos

El emotivo "Flores para Algernon" de Daniel Keyes, otro magnífico cuento de ciencia ficción:
"Flores para Algernon"

Y para acabar, cinco obras maestras del relato largo o la novela corta, para leer y releer:






viernes, 14 de septiembre de 2012

HsA, I


    La escritura y la edición de El hombre sin atributos recuerda a la siembra en el campo. El autor parte de madrugada, en plena juventud, con una alforja llena de semillas y las esparce en hojas sueltas, notas en su diario, en proyectos aparentemente individuales que a veces fructifican y otras chocan con la dura piedra. Al paso del día, de los años, el campo va pareciendo un huerto salvaje, aparentemente tiene forma y dirección; pero el sembrador conoce el lugar exacto de cada erial y las lajas de pizarra en las que nada fructifica. Dos o tres veces recoge la cosecha y la lleva al editor, en la primera está terminando el año 1930 cuando deja en el mercado un primer volumen de la obra, que recoge las partes "A modo de introducción" y "Otro tanto sucede", puede que sólo comparable a esas alturas del siglo a lo realizado por Proust o Joyce, y eso que es sólo el primer tomo de la novela, si bien reúne cerca de mil páginas en 123 capítulos. Lo llamaremos para resumir HsA, I.
   La historia de HsA, II es más complidada. En 1933 el fruto recogido ha sido menos abundante, "tan sólo" 38 capítulos de la sección titulada "Hacia el Reino Milenario o Los Criminales", aproximadamente la mitad de páginas que el tomo anterior. Llegan tiempos difíciles, Musil va comprendiendo que la tarea no va a resolverse en los plazos previstos, se ha propuesto por ello dividir el segundo volumen en dos tomos, siendo éste el primero. A finales de 1937 y comienzos del 38 lleva a galeradas 20 nuevos capítulos (del 39 al 58); pero antes de editar este nuevo fragmento del segundo volumen del tomo segundo, los retira con la intención de rehacerlos y concluir la novela. A partir de la reforma de estos capítulos y de los nuevos fragmentos proyectados, y dado que Musil muere en 1942 sin haber logrado redondear la novela, se suceden las ediciones, quedando para siempre inconclusa, con sus estratos de diversa consideración: capítulos acabados, corregidos y editados, capítulos reformados, capítulos antiguos nunca eliminados, distintas versiones de un mismo capitulo, etc. Entramos en el terreno de la Filología. Un CD-ROM con la obra completa de Musil incluye la totalidad de las variantes, pero en las ediciones en papel no se puede ser tan prolijo. Así, aun tomando como referencia la edición alemana de Adolf Frisé en 1978, que fija los primeros 63 capítulos del segundo tomo y ofrece en apéndices otros esbozos de distintas épocas, las distintas traducciones a otras lenguas hacen sus propias selecciones y, sea el caso, la nueva traducción francesa es más generosa incluyendo esbozos que la edición española.
   En cuanto a la temática, hay un giro también desde el tomo I al II. Se ha destacado que el tomo I es el de la aspiración a la exactitud y una crítica desde dentro de la actitud científica, mientras que en el segundo se abre paso la tendencia al misticismo. Los temas sociales de la Acción Paralela también van desapareciendo en el tomo II, que se vuelca sobre la relación entre Ulrich y su hermana "gemela" y desconocida Agathe.
   La técnica de composición, de sembrado de la novela, cala en la propia obra. Ulrich es un personaje fragmentado, pero no sin "atributos" como equívocamente traduce, propiciando el chiste fácil, el traductor del primer tomo original (quien por cierto, y a pesar de sus muchas soluciones vigorosas y una prosa algo alambicada pero a la postre muy bella, tiende a escoger los términos más extraños para el vocabulario técnico; el traductor del segundo tomo ofrece una versión más legible a este respecto, aunque menos literaria). Ulrich es un personaje no sin "atributos", sino sin "cualidades" o "predicados", en concreto sin cualidades estables. Hasta tal punto cree estar malgastando su vida, que a los 32 años y después de unos estudios absorbentes de matemáticas e ingeniería, a pesar de su vida burguesa y acomodada, las múltiples amantes y un puesto en la élite política del Imperio, decide quitarse la vida si al cabo de un año no descubre cómo dirigir y darle contenido a su vida. En el primer tomo asistimos a los primeros seis meses de ese plazo, a las reflexiones de este filósofo espontáneo que nunca ha escrito y que sin embargo se planteará finalmente la redacción de un tomo sobre sus experiencias. Esas experiencias parten de una conciencia clara de la dispersión personal y social, del torbellino de contradicciones, del choque de las ideas entre sí y con las sensaciones, de las múltiples posiciones que reclaman para sí el estatuto de únicas y verdaderas. Es en suma el estado de crisis de las ciencias de principios de siglo al que Musil no es ajeno desde sus estudios sobre Mach. El método con que afronta esta situación es admirable, en parte cartesiano y puramente fenomenológico: propondrá "abolir la realidad" (ponerla "entre paréntesis" diría Husserl) y aplicar la lógica al análisis de los fenómenos para intentar encontrar su regla de formación y desarrollo. Pero la lógica es sólo una de sus tendencias, como pronto advierte, y lo racional se ve acompañado con la sombra del sentimiento y la vivencia, de forma que rara vez se encuentran manifestaciones puras del espíritu. Cuanto más retrocedamos (al modo fenomenológico, pero también al modo genealógico de Nietzsche) hacia el origen de las ideas, más conscientes seremos de esa unión, que podríamos llamar metafórica.
   En el primer tomo no hay una opción clara por la lógica o la metáfora; pero el procedimiento poético, los discursos repletos de analogías y la deriva de un personaje clave, Clarisse (algo así como Ulrich en mujer, en oposición y complemento), expresión extrema de la vía metafórica, indican el curso que la novela atacará en el tomo segundo, ya que la propia Clarisse propone la necesidad de mirar a través de la grieta en el muro de la realidad, reconocer que ésta es un estado subjetivo. Otra cosa será que el abandono total de la lógica nos pueda llevar a estados cercanos a la locura.
   Después de haber recibido el ofrecimiento de trabajo conjunto y hasta la posibilidad de adopción por parte de uno de los prohombres del momento (el industrial Arnheim, trasunto de Rathenau), Ulrich regresa a su casa y tiene una experiencia de gran felicidad en mitad de la noche. Decide dar un curso claro a su vida: o adoptar el tono narrativo y ordinario de la vida corriente o aceptar su imposibilidad. Ya en casa, Clarisse lo aguarda con su propio conflicto interno, dispuesta como siempre a darle una solución impulsiva. Se enteran por un telegrama de que el padre de Ulrich ha muerto, y tras recibir la felicitación de Clarisse (luego le dará una especie de pésame), Ulrich se descubre en un cruce de caminos que le permite empezar de nuevo, en consonancia con lo que viene experimentando. Sabemos que va a salir de viaje, que por unos meses estará ocupado con la herencia, que la novela y su vida dan un giro. Esa misma noche Clarisse se le ofrece y le pide un hijo, él la rechaza a duras penas, pero queda intrigado por esa vida en "el otro estado" que representa su amiga (una especie de misticismo en que el mundo y el sujeto, aun siendo dos, forman parte del mismo conjunto, tal y como dos hermanos siameses). Parece una anticipación de la metamorfosis que él mismo va a sufrir a partir de entonces. Pasa la noche en duermevela y al alba hace sus ejercicios antes de irse de viaje.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Clásicos más o menos juveniles


   De las varias definiciones que Italo Calvino daba de "clásico", a los juveniles les conviene especialmente ésta:

   Los clásicos son libros que cuanto más cree uno conocerlos de oídas, tanto más nuevos, inesperados e inéditos resultan al leerlos de verdad.


   Entre los clásicos, los de aventuras han contado siempre, desde su aparición, con la admiración de todos los lectores, aunque sea en la juventud cuando más se los disfruta. Vicenç Pagès justifica la necesidad de reivindicar estos libros por ser las obras más indicadas para la iniciación a la lectura, tal y como han venido siéndolo durante decenios. No parece esto muy correcto en una época como la nuestra, con tantos autores especializados en novelillas de trama "rabiosamente" actual y formativas "en valores"; pero la polémica lleva tiempo servida (entre otros por Harold Bloom), y se podría condensar en esta alternativa: ¿Sierra i Fabra o Robinson Crusoe?
   En la web de Pagès encontramos entre otros materiales una justificación de su libro, y en este blog aparece la lista de las 28 novelas a las que propone "volver", ordenadas en una secuencia aproximada por edades de conveniencia, que va de los 11-12 años hasta los 16-17, van por tanto de menos a más complicación:


Rudyard Kipling: El libro de la selva
E.T.A. Hoffmann: Cascanueces y el rey de los ratones
Frances Hodgson Burnett: El jardín secreto
Jack London: La llamada de la selva
Mark Twain: Las aventuras de Tom Sawyer
Lucy Maud Montgomery: Ana de las Tejas Verdes
Alexandr Pushkin: La hija del capitán
Margaret Oliphant: La puerta abierta
H. G. Wells: La máquina del tiempo
Nikolai Gogol: Taras Bulba
Henry R. Haggard: Las minas del rey Salomón
Arthur Conan Doyle: El sabueso de los Baskerville
Zane Grey: La herencia del desierto
R.L. Stevenson: La isla del tesoro
Anthony Hope: El prisionero de Zenda
J. M. Barrie: Peter Pan
Jules Verne: La vuelta al mundo en 80 días
Howard Pyle: Historia del rey Arturo y sus caballeros
Jules Verne: Viaje al centro de la tierra
Charlotte Brontë: Jane Eyre
Stephen Crane: La roja insignia del valor
Mark Twain: Las aventuras de Huckleberry Finn
Bram Stoker: Drácula
Jane Austen: La abadía de Northanger
Alexandre Dumas: Los tres mosqueteros
Ivan S. Turguenev: Primer amor
Daniel Defoe: Robinson Crusoe
Herman Melville: Moby Dick 


   Pues bien, prácticamente todos se pueden leer libremente en la red, puesto que los derechos de autor se han extinguido hace años. En la siguiente lista están algunos de ellos junto con otros que podrían igualmente incluirse en la categoría. Se los califica de "juveniles" porque pueden entenderse perfectamente entre los 12 y 16 años; pero en realidad son lecturas estupendas para cualquier edad.









En las lecturas por slideshare hay que presionar en el icono "Full" para ver el libro a pantalla completa. Estos libros suelen estar disponibles en todas las bibliotecas, tanto escolares como municipales, pero se deben buscar siempre las EDICIONES COMPLETAS, sin resumir ni adaptar.


Referencias:
Vicenç Pagès Jordá: De Robinson Crusoe a Peter Pan. Un canon de literatura juvenil. Barcelona: Ariel, 2009.
Harold Bloom: Relatos y poemas para niños extremadamente inteligentes de todas las edades. Barcelona: Anagrama, 2003.
Fernando Savater: La infancia recuperada. Madrid: Taurus, 1976. Nueva ed. corr. y aumentada en 1994.


"... el mar, las peripecias de caza, las respuestas de astucia o energía que suscita el peligro, el arrojo físico, la lealtad a los amigos o al compromiso adquirido, la protección del débil, la curiosidad dispuesta a jugarse la vida para hallar satisfacción, el gusto por lo maravilloso y la fascinación de lo terrible, la hermandad con los animales..." ( F. Savater )

viernes, 31 de agosto de 2012

Ulrich fantasea en torno a la posibilidad de vivir tal como se lee

¿Y cómo leemos? Yo mismo le respondo: omitiendo lo que no nos agrada. Otro tanto ha hecho el autor. También nuestros sueños y fantasías suprimen algo. Paso, pues, a afirmar que la belleza y la emoción vienen al mundo mediante omisiones. Nuestra actitud dentro de la realidad es evidentemente un compromiso, un estado intermedio en que los sentimientos se estorban mutuamente durante su apasionado desenvolvimiento y se pierden finalmente en el gris anonimato (...). He aquí pues mi primera propuesta: intentar amarnos, usted y yo*, como si fuéramos los personajes de un poeta que se encuentran en las páginas de su libro. Suprimamos, en todo caso, el tejido graso que nos hace creer que la realidad es redonda (...). No digo nada con respecto a las impresiones precisas, definibles y mensurables; pero todas las demás nociones en las que fundamos nuestra vida no son más que metáforas que hemos dejado congelarse (...) Cuando, como he dicho, en la literatura omitimos lo que no nos agrada, en realidad no hacemos otra cosa que restablecer el estado primitivo de la vida.
HsA, cap. 114 (trad. modificada)
* Ulrich conversa con Diotima

Διοτίμα

jueves, 30 de agosto de 2012

Elogio de la locura

   Es parte de la definición del sentimiento el que nazca en nosotros sin la intervención de nuestra voluntad. En cuanto queremos sentir (decidimos sentir, tal como Don Quijote decidió amar a Dulcinea) el sentimiento ya no es sentimiento, sino una imitación del sentimiento, su exhibición. A lo cual suele llamarse histeria. Por eso el homo sentimentalis (es decir, el hombre que ha hecho del sentimiento un valor) es en realidad el homo hystericus.
 Milan Kundera: La inmortalidad, pág. 231



   El amor falso es un sentimiento pequeño, el amor verdadero es un sentimiento grande. Pero desde el punto de vista del absoluto ¿no es pequeño cualquier amor? Claro. Por eso el amor, para demostrar que es verdadero, quiere ir más allá de lo razonable, quiere no tener medida, quiere ser improbable, ansía convertirse en "delirios de pasión"... en otras palabras, ¡quiere enloquecer!
Milan Kundera: La inmortalidad, pág. 335.




    El amor, por definición, es un regalo no merecido; ser amado sin mérito es incluso la prueba de un amor verdadero. Si una mujer dice: te quiero porque eres inteligente, porque eres honrado, porque me compras regalos, porque no vas con mujeres, porque lavas los platos, me decepciona; ese amor tiene todo el aspecto de ser algo interesado. Cuánto más hermoso es oír: estoy loca por ti aunque no seas ni inteligente, ni honrado, aunque seas un mentiroso, egoísta y sinvergüenza.
Milan Kundera: La lentitud, pág. 59.





   Creo que el grado de aburrimiento, si pudiera medirse, es hoy más elevado que antes. Porque las profesiones de antes, al menos la mayoría, eran impensables sin una apasionada dedicación: los campesinos enamorados de su tierra (...); los zapateros que conocían de memoria los pies de los vecinos (...). Cada profesión había creado su propia mentalidad, su propia manera de ser. Un médico no pensaba como un campesino, un militar se comportaba de un modo distinto a un maestro. Hoy somos todos iguales, todos unidos por la común indiferencia hacia nuestro trabajo. Esta indiferencia ha pasado a ser pasión. La única pasión colectiva de nuestro tiempo (...). Todo cambió cuando te conocí. No porque mis trabajitos pasaran a ser más apasionantes, sino porque convierto todo lo que ocurre a mi alrededor en tema de conversación contigo.
Milan Kundera: La identidad, págs. 90-91.






FIN DEL VERANO KUNDERA

sábado, 25 de agosto de 2012

Paradojas clásicas y otras paradojas


   Una paradoja en Lógica es un enunciado autocontradictorio, y en sentido amplio es una situación sobre la que confluyen dos posibilidades irreconciliables o contradictorias. La paradoja clásica por excelencia se ha transmitido como Paradoja del Mentiroso y se le atribuye a Epiménides de Cnosos (Creta, ca. 600 a. c.), considerado por algunas fuentes uno de los Sabios de la Grecia arcaica, quien al parecer afirmó lo siguiente: "Todos los cretenses son mentirosos". Al ser el propio Epiménides un cretense. se entiende que está diciendo "Todos los cretenses somos mentirosos", lo que resulta un enunciado autodestructivo. En efecto, si el enunciado lo tomamos como enunciado verdadero, que dice la verdad, se autodesautoriza pues su supuesta verdad choca con lo que se dice explícitamente, que éste y cualquier otro enunciado pronunciado por un cretense es falso. Y si se interpreta que es falso que todos los cretenses son mentirosos, debe ser verdadero que todos dicen la verdad, pero el que ha propuesto el enunciado falso no dijo la verdad, y de nuevo se trata de un enunciado que se autodesautoriza.
   En realidad pasa lo mismo cuando se usa la coletilla "Miento", o cuando Manu Chao afirma "Todo es mentira, la verdad".

 

   Las paradojas se dan también en la vida cotidiana. Al parecer Protágoras reclamó en los tribunales a su alumno Evatlo, al que dio clases de leyes, que le pagara por ellas; pero el acuerdo previo a las clases consistía en que éste le pagaría cuando ganara su primer pleito, así que ya está planteada la paradoja. En efecto, desde el punto de vista de Protágoras, tanto si le gana el pleito (puesto que la sentencia le es favorable) como si lo pierde (puesto que Evatlo gana su primer pleito) debe recibir su paga; pero cabe decir lo mismo desde el punto de vista del alumno, ya que si pierde el pleito aún no ha ganado ninguno y no ha de pagar, y si lo gana la sentencia lo exime de pagar al maestro.
   En una carta a Gottlob Frege en 1902, Bertrand Russell planteó su famosa paradoja, que distingue conjuntos de elementos que se incluyen a sí mimos (por ejemplo, el conjunto de las ideas abstractas sí se incluye a sí mismo, porque es él mismo una idea abstracta), de los que no (el conjunto de los libros no se incluye a sí mismo porque él mismo no es un libro) y plantea la duda siguiente: si el conjunto de los conjuntos que no forman parte de sí mismos (es decir, aquel conjunto que engloba a todos los conjuntos que no se incluyen a sí mismos, como el de "libros") forma parte de sí mismo. Esta paradoja se entiende mejor expresada como Paradoja del Barbero, que se plantea quién debe afeitar al único barbero de un pueblo en el que éste está obligado a afeitar sólo a todos aquellos que no se afeitan a sí mismos. En principio, el propio barbero no puede ser, porque él sólo afeita a los que no se afeitan a sí mismos, y otro cualquiera tampoco puede, ya que a quienes no se afeitan a sí mismos sólo puede afeitarlos en ese pueblo el propio barbero.
   Más cerca de nuestros días, debemos a Augusto Monterroso un delicioso título paradójico en el primero de sus libros publicados en 1959: Obras Completas (y otros cuentos) ("Obras completas" es el título de uno de los cuentos), y al humorista George Carlin la reformulación paradójica del Cogito cartesiano: "Pienso, luego existo (o eso pienso)".

Referencias:
Diógenes Laercio: Vidas de los filósofos ilustres. Madrid: Alianza, 2007, págs. 84-87 (para Epiménides, aunque no hace referencia a la paradoja), pág. 483 (anécdota de Protágoras).
Raymond M. Smullyan: ¿Cómo se llama este libro? Madrid: Cátedra, 1997, págs. 259-261 y 266.
Russell Shorto: Los huesos de Descartes. Barcelona: Duomo, 2009, pág. 275.

lunes, 20 de agosto de 2012

Caballito

  He criado a un caballito en mi casa. Galopa por mi habitación. Me distrae. 
  Al principio estaba preocupado. Me preguntaba si crecería. Ahora mide más de 53 centímetros y come y digiere comida de adulto.
  Las mayores dificultades las puso Elena. Las mujeres son complicadas. Una migaja de estiércol ya las enferma, las desequilibra, dejan de ser ellas.
   “De un trasero tan pequeño —le decía yo—poco estiércol puede salir”; pero ella… En fin, mala suerte, ahora todo ha terminado.
  Lo que me inquieta es otra cosa. Hay días en los que, de golpe, mi caballito sufre extraños cambios. En menos de una hora hay veces en que su cabeza se infla y se infla, su espalda se encorva, se alabea, adelgaza y acaba ondeando al viento que entra por la ventana.
   ¡Oh! ¡Oh!
   Me pregunto si no me engaña aparentando ser un caballo, pues aun siendo tan pequeño un caballo no flota como una mariposa, no ondea al viento ni siquiera un instante.
   Espero no haber sido engañado, después de tantos cuidados, de tantas noches en vela defendiéndolo de las ratas, de tantos peligros posibles, de las fiebres de la infancia.
   A veces lo encuentro confuso por verse tan enano. Perplejo. Cuando se acerca al periodo de celo da unos brincos enormes por encima de las sillas y se pone a relinchar, a relinchar desesperadamente.
   A las hembras del vecindario, perras, gallinas, yeguas y ratoncitas, les llama la atención; pero eso es todo.  “No —se dicen—, cada uno a lo suyo y según su instinto. No me toca responder.” Y hasta ahora ninguna hembra ha correspondido a su llamada.
   Mi caballito me mira desamparado, con furia en los ojos.
   Pero ¿de quién es la culpa? ¿Mía?

Henri Michaux: Plume, précedé de Lointain intérieur. París: Gallimard, 1938, págs.17-18. 

Henri Michaux (1899-1984)

domingo, 19 de agosto de 2012

Léautaud se adelanta y critica a Rawls

   Examinemos si nuestras opiniones, nuestras maneras de pensar, nuestros juicios, no están influidos por nuestros intereses, nuestra profesión, nuestra situación, incluso nuestros gustos. Busquemos cómo pensaríamos si, siendo médicos, por ejemplo, fuéramos comerciantes, empleados, obreros o directores de una fábrica. De esta manera, tendremos la oportunidad de alcanzar una media inteligente.
   Pero la media es odiosa puesto que = mediocridad.

Paul Léautaud: Palabras efímeras. Barcelona: Versal, 1989, pág. 52.

Paul Léautaud en 1952, por Cartier-Bresson

jueves, 16 de agosto de 2012

Heine: El Retorno, LVIII

LVIII

¡Qué fragmentarios el mundo y la vida!
He de consultar a un profesor alemán
   que sepa recomponer la existencia,
haciendo de ella un sistema racional.
Con su gorro de noche y su bata andrajosa
tapará las grietas del universo.

[ El Retorno (1823-1824) ]


LVIII

Zu fragmentarisch ist der Welt und Leben!
Ich will mich zum deutschen Professor begeben,
   Der weiss das Leben zusammen zu setzen,
Und er macht ein verständlich System daraus;
Mit seinem Nachtmützen und Schlafrockfetzen
Stopft er die Lücken des Weltenbaus.

[ Die Heimkehr, 1923-1924 ]


Heinrich Heine: Gedichte - Auswahl / Antología poética. Edición bilingüe. Madrid: Ediciones de la Torre, 1995, págs. 92-93. Traducción de Berit Balzer.