El fragmento debe ser como una pequeña obra de arte, aislado de su alrededor y completo en sí mismo, como un erizo -- Friedrich Schlegel --
BÚSQUEDA EN EL BLOG
viernes, 27 de junio de 2014
viernes, 23 de mayo de 2014
El Ojo y el Espíritu - L'OEil et l'Esprit
De arriba abajo:
Alberto Giacometti: Portrait d'Aimé Maeght, 1960.
Paul Cézanne: La Montagne Sainte-Victoire, v. 1900. Dos planchas (b/n en el encarte original).
Nicolas de Staël: Atelier vert, 1954.
Henri Matisse: Baigneuse aux cheveux longs, 1942
Paul Klee: Park bei Luzern, 1938.
Germaine Richier: La sauterelle, 1945
Auguste Rodin: Femme accroupie, 1882.
Ilustraciones seleccionadas por Merleau-Ponty y nunca incluidas en las traducciones al español. He tomado de referencia esta página.
sábado, 17 de mayo de 2014
viernes, 9 de mayo de 2014
Actualidad de Ortega y Gasset
En 1922 publica Ortega y Gasset en volumen un conjunto de artículos previamente editados en El Sol a partir de 1920: España invertebrada. El tema central es la concepción política de España, ya en aquellos tiempos, como ahora, cuestionada por los particularismos periféricos, en especial por el nacioanalismo vasco y catalán. Ortega reconoce una división que hoy escuchamos a diario entre nacionalismo vasco, catalán, gallego..., y nacionalismo español (Ortega habla de nacionalistas y unitarios) y advierte que "la convivencia de pueblos y grupos sociales exige alguna alta empresa de colaboración y un proyecto
sugestivo de vida en común". El desmembramiento progresivo de España, que en el 98 llega a su fin con respecto a las posesiones externas a la península, comienza a girarse a los territorios peninsulares a partir de entonces, como continuación de un proceso que en realidad duraba tres siglos. La esencia del particularismo, del que el nacionalismo sólo es una manifiestación, es dejar de sentirse parte de un todo. Se deja de compartir los sentimientos comunes. La reacción a este particularismo es otro particularismo por parte del poder central ("Castilla ha hecho España y Castilla la ha deshecho", dice Ortega) que elimina el entusiasmo de la convivencia y que sólo genera confrontación, siendo el fruto de un desencuentro más hondo, el de las clases sociales. Como el particularista por definición no cuenta con los demás, un parlamento y una sociedad repleta de particularismos estarán en principio condenados a la ruptura.
sugestivo de vida en común". El desmembramiento progresivo de España, que en el 98 llega a su fin con respecto a las posesiones externas a la península, comienza a girarse a los territorios peninsulares a partir de entonces, como continuación de un proceso que en realidad duraba tres siglos. La esencia del particularismo, del que el nacionalismo sólo es una manifiestación, es dejar de sentirse parte de un todo. Se deja de compartir los sentimientos comunes. La reacción a este particularismo es otro particularismo por parte del poder central ("Castilla ha hecho España y Castilla la ha deshecho", dice Ortega) que elimina el entusiasmo de la convivencia y que sólo genera confrontación, siendo el fruto de un desencuentro más hondo, el de las clases sociales. Como el particularista por definición no cuenta con los demás, un parlamento y una sociedad repleta de particularismos estarán en principio condenados a la ruptura.
Pues bien, la constitución del Estado de las Autonomías en la transición española a la democracia fue la respuesta institucional a los problemas denunciado por Ortega, y se inspiraba en una propuesta del capítulo "La idea de la gran comarca o región" de La redención de las provincias (1927-1928) para organizar España en comarcas o regiones (pero sólo diez, según Ortega), con gobierno autónomo y más competencias para decidir sobre sus propios asuntos que el gobierno central. Tal vez no haya otra vía a fin de contentar las distintas sensibilidades nacionales en un Estado tan diverso como el español; pero lo que no hubiera aprobado Ortega es el desarrollo asimétrico de estas regiones autónomas, precisamente porque, ya advirtió en su día, sería una forma de perpetuar el particularismo central-periférico, con la novedad de ser trasladado igualmente a los territorios, en una confrontación interna entre sensibilidades más o menos independentistas.martes, 6 de mayo de 2014
Paradojas de René Magritte
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| "El uso idiomático", 1928-1929 |
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| "Carte Blanche", 1966 |
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| "La clave de los sueños", 1930 |
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| "La condición humana II", 1935 |
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| "La llave de los campos", 1933 |
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| "El sentido común", 1945-1946 |
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| "Los trabajos de Alejandro", 1950 |
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| "La llamada de la cumbre", 1942 |
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| "Elogio de la dialéctica", 1948 |
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| "Los dos misterios", 1966 |
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| René Magritte (Bélgica, 1898-1967) |
Ortega y el primitivismo
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| Fra Angelico (1395-1455). La Anunciación. |
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| Robert Campin (1427-1432). Tríptico de Mérode (tabla central) |
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| Piero della Francesca (1415-1492). Madonna de Senigallia |
* * * * *
"Cuando hoy miramos las filosofías del pasado, incluyendo las del último siglo, notamos en ellas ciertos rasgos de primitivismo. Empleo esta palabra en el estricto sentido que tiene cuando es referida a los pintores del quattrocento. ¿Por qué llamamos a éstos 'primitivos'? ¿En qué consiste su primitivismo? En su ingenuidad, en su candor -se dice-. Pero ¿cuál es la razón del candor y de la ingenuidad, cuál es su esencia? Sin duda, es el olvido de sí mismo. (...). Gozamos del pintor primitivo, como gozamos del alma infantil, precisamente porque nos sentimos superiores a ellos. Nuestra visión del mundo es mucho más amplia, más compleja, más llena de reservas, encrucijadas, escotillones. Al movernos en nuestro ámbito vital sentimos éste como algo ilimitado, indomable, peligroso y difícil. En cambio, al asomarnos al universo del niño o del pintor primitivo vemos que es un pequeño círculo, perfectamente concluso y dominable, con un repertorio reducido de objetos y peripecias."
José Ortega y Gasset (1923): "La doctrina del punto de vista", en El tema de nuestro tiempo. Madrid: Alianza, 1981, pág. 150.
sábado, 3 de mayo de 2014
El viento se levanta
Le vent se lève!... Il faut tenter de vivre!
L'air immense ouvre et referme mon livre,
La vague en poudre ose jaillir des rocs!
Envolez-vous, pages tout éblouies!
Rompez, vagues! Rompez d'eaux réjouies
Ce toit tranquille où picoraient des focs!
El viento vuelve, intentemos vivir.
Abre y cierra mi libro el aire inmenso,
Con las rocas se atreve la ola en polvo.
Volad, volad, páginas deslumbradas.
Olas, romped gozosas el tranquilo
Techo donde los foques picotean.
[ Paul Valéry: El Cementerio Marino. Madrid: Alianza, 1981, pp. 64-65. Trad. Jorge Guillén ]
EL VIENTO SE LEVANTA (2013)
viernes, 2 de mayo de 2014
jueves, 1 de mayo de 2014
Las categorías de la vida (Heidegger y Ortega)
En el año 1927 aparece una de las obras más importantes de la filosofía del siglo XX, El Ser y el Tiempo, de Martin Heidegger. En ese año, Heidegger todavía cree que para formular la inquietud fundamental de su filosofía, la pregunta por el ser, debe aclarar antes la estructura peculiar del que realiza la pregunta (el ser humano, al que llama Dasein). Más tarde renunciará a esta perspectiva, que lo insertaba en la tradición de la historia de la filosofía, y se sumergirá en una arriesgado pensamiento de carácter poetizante que intenta comprender directamente el ser, sin mediación de los entes. Hasta 1927, Heidegger asume intereses que reconocemos igualmente en Platón, Aristóteles, Descartes, Kant, Husserl... y Ortega y Gasset. Heidegger y Ortega se forman en la tradición fenomenológica, el español es sólo seis años mayor (nace
en 1883, Heidegger en 1889) y ambos han tenido en cuenta el vitalismo y, en especial, el largo desarrollo de la fenomenología husserliana. El método fenomenológico está dirigido a comprender racionalmente la experiencia vivida. En los años veinte, Husserl, Ortega y Heidegger participan de una inquietud común: la tarea de la filosofía es describir "el mundo de la vida" (Husserl), el yo y la circunstancia (Ortega), el "ser en el mundo" (Heidegger), aunque los tres marcan distancias entre sí. Ortega reivindica su autonomía, afirmando una y otra vez que él ha hablado de esos temas antes que algunos de sus contemporáneos alemanes, o que cuando lo hizo aún no tenían la suficiente proyección (toma así distancia, por ejemplo, de Dilthey). Pero si hay un punto importante en la filosofía orteguiana además del reconocimiento de la circunstancia histórica y social, lo que sin duda es un rasgo original y propio en su obra, es su clasificación de los atributos y categorías de la vida. Ortega es un autor que por la propia naturaleza ensayística de sus textos aborda una y otra vez los mismos temas con distintas formulaciones. Pues bien, en la obra de Heidegger encontrará una clasificación no ya de categorías (que Heidegger arroja al pasado de la filosofía) sino de "existenciarios" del Dasein que, aunque le pese al propio autor, no dejarán de ser traducidos por los lectores como atributos o características del ser humano. Muy resumidamente, el Dasein es, según Heidegger, un "sen en el mundo", un ser en un "ahí" (arrojado en el mundo, en el espacio) y un "que..." (con posibilidades desplegables en el tiempo). Antes que teórico es un ser práctico, pero también se caracteriza por ser discursivo, por tener un lenguaje con el que habla y comprende. El Dasein se caracteriza por "ser con" los otros, incluso hasta el punto de estar absorto en la impersonalidad, y sin embargo, también es un ser único con sus propias posibilidades. Este "ser de posibilidades" implica también una "última posibilidad", la de la muerte, que marca su estructura temporal como "ser para la muerte", lo que condiciona uno de los estados de ánimo ("encontrarse") más propios del Dasein, el de la angustia. El Dasein se preocupa y se "cura" del mundo, de los entes, de los otros, y por supuesto de sí mismo.
Ortega tendrá en cuenta este esfuerzo clasificador del alemán y en las lecciones que comienza en 1929 sobre ¿Qué es filosofía? distinguirá unos atributos y categorías de la vida en elegante prosa castellana. Los atributos fundamentales de la vida pasan por la constatación de que somos seres que vivimos. La vida es transparencia o evidencia para sí misma, e incluye todo lo que hacemos y lo que nos pasa. Aludiendo a Heidegger y reclamando la prioridad cronológica, reconoce que vivir es "encontrarse en el mundo", lo que para Ortega significa "convivir con una circunstancia", en un aquí y ahora, como "encajados" o sumergidos en ella. La vida no está trazada de antemano y por eso es siempre imprevista, estamos siempre forzados a elegir entre diversas posibilidades, hay una estrecha convivencia de la libertad y la fatalidad puesto que no podemos dejar de ser libres (un filósofo posterior, Jean-Paul Sartre, dirá con fórmula exitosa que estamos "condenados a la libertad"). La libertad sirve para distinguir qué vamos a ser, luego somos seres temporales. Y si hubiera que resumir en forma de categorías esta profusión de atributos, Ortega cree que se pueden destacar las siguientes: Vivir es existir para uno mismo, es "encontrarse", "enterarse" y "ser transparente" como ser que vive en el mundo. Vivir es estar ocupado con todo lo que hay en el mundo, incluido uno mismo, ya que nos preocupamos por nuestra vida en la medida en que no nos viene ya hecha. Vivir es vivir para algo, para una finalidad imprevista, con libertad para esto o aquello, aunque no con posibilidades infinitas, sino marcadas por un aquí y un ahora circunstanciales. Por eso la vida es fundamentalmente temporal, es "futurización"
Heidegger y Ortega plantean caracterizaciones muy parecidas de los atributos básicos del ser humano, la del primero es tan pretendidamente original que hasta inventa un lenguaje, y hay que reconocer que es metódica y exhaustiva, si bien particulariza en exceso y se deja llevar por la oscuridad y el pesimismo. La de Ortega es más elegante y luminosa, tal vez por su carácter narrativo y literario, también resulta más abierta y optimista, en consonancia con ese tono deportivo que lo llevó a hablar de la vida como aventura.
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| Heidegger y Ortega en Darmstadt, 1951 |
lunes, 21 de abril de 2014
Contexto histórico-cultural y filosófico de Ortega y Gasset
Contexto histórico-cultural
En la primera mitad del siglo XX, Europa se transforma, sobre todo por causa de unos hechos decisivos: la Primera Guerra Mundial de 1914 a 1918, la Revolución Rusa de 1917 y la Segunda Guerra Mundial entre 1939 y 1945. Tales acontecimientos sólo podían ser fruto de una larga germinación y de una crisis generalizada en los órdenes económico, político y social, de lo cual dan fe otros sucesos como la descolonización a finales del siglo XIX (que afecta de un modo especial a España con la pérdida de sus últimas colonias en 1898, Cuba y Filipinas), la expansión de los fascismos y a la postre la tensión entre los bloques del Este y el Oeste.
Al mismo tiempo, el crecimiento de las ciudades, el auge industrial y la aparición del ocio (y su propia industria), así como la expansión de los medios de comunicación y la ciencia y la cultura en general han de dar un sentido también positivo a esta época, tremendamente fértil en estos aspectos. En las bellas artes se asiste al auge de los movimientos de vanguardia, y en literatura eclosionan obras tan diversas e influyentes como las de Joyce, Proust o Kafka. El cine se convierte en el nuevo arte del siglo XX, la técnica se asocia con la práctica artística y la ciencia relativiza sus principios tras una gran crisis acerca de sus fundamentos.
La
crisis de las ciencias naturales se reconoce en las obras de Le
Roy, Poincaré o Duhem, que abrazan el llamado convencionalismo; la
matemática, de la mano de Weierstrass, acomete una revisión de sus
fundamentos. Todas ellas vienen a aceptar que los axiomas de la
ciencia son convenciones de sentido, es decir, que no son objetivos. Lo
que se pone en cuestión, por tanto, es la posibilidad de lograr un
fundamento seguro para todas las ciencias. En última instancia, se hace
depender la verdad de un psicologismo que relaciona la
certeza de los principios de la lógica o las ciencias con los procesos
psíquicos que llevan a la formación de tales principios o axiomas.
La vida de José Ortega y Gasset (1883-1955) transita por buena parte del siglo XX y se nutre de todos estos hechos. Estudia en Málaga, Madrid, Leipzig y Margurgo, se dedica tanto a la filosofía académica desde su cátedra como a la educación cultural y formadora de opinión desde los diarios, funda el periódico El Sol en 1917 y la Revista de Occidente en 1923, excelente vehículo de difusión de la cultura de la época. En 1929 se enfrenta a la dictadura de Primo de Rivera y es elegido diputado en el tiempo de la Segunda República, viéndose obligado a exiliarse en 1936. Pasa de París a Holanda y Buenos Aires, y acaba instalándose en Lisboa. A partir de 1945 logra participar en la vida cultural española a través del Instituto de Humanidades, hasta su muerte acaecida en Madrid.
Contexto filosófico
Hay que tener en cuenta que la filosofía ha de enfrentarse no sólo al positivismo propio del s. XIX, sino al relativismo subsiguiente que se ha instalado en la cultura de finales de ese siglo. Este relativismo condiciona ante todo a las ciencias naturales, como decíamos; pero también a la psicología y a la filosofía, instaurando la “crisis” de la cultura occidental contra la que reaccionaron la filosofía historicista de Wilhelm Dilthey (1833-1911) (defensor de la distinción entre ciencias de la naturaleza y ciencias humanas, que él llama “ciencias del espíritu”) y la fenomenología de Edmund Husserl (1859-1938), que
representa el intento más poderoso del momento, a principios del siglo XX,
por ampliar y comprender la crítica de la razón en filosofía,
incluyendo las condiciones vitales del sujeto que reflexiona, en suma, por comprender racionalmente el "mundo de la vida". Ambos autores expresan unos intereses paralelos a los de Ortega.
Por su parte, la historia y la sociología tienden respectivamente al historicismo (en sentido relativista) y al sociologismo, es decir, a explicar cualquier juicio de sus disciplinas mediante recurso a los hechos históricos objetivos (historicismo) o por motivos sociales entendidos como causas mecánicas (sociologismo).
Si a este relativismo generalizado se une la tendencia positivista paralela, para la cual la filosofía debería adoptar el método de las ciencias naturales a pesar de todo, se comprende que son muchos los peligros que debe sortear la filosofía del momento, y especialmente la de Ortega y Gasset: por un lado el irracionalismo ligado a las filosofías vitalistas, de tendencia relativista; por otro el objetivismo unido al positivismo; la tendencia racionalista y culturalista, encarnada en la obra de Descartes y Kant tampoco ha perdido influencia y Alemania se decanta por un neo-kantismo intelectualista que Ortega terminará rechazando.
Ortega es el introductor en España de la cultura filosófica europea: él mismo asume que gran parte de sus temas provienen de sus lecturas de Nietzsche, Dilthey, Husserl, Bergson o Heidegger. En su filosofía se reconoce así una mezcla de vitalismo, fenomenología y existencialismo, sin poder catalogarse su obra en ninguna de esas corrientes en exclusiva, ya que en muchas ocasiones, como defiende el propio autor, se ha adelantado por su propia cuenta al conocimiento de tales ideas, e incluso a su formulación en el extranjero.
El pensamiento de Ortega suele aceptarse que transcurre a través de tres etapas:
Objetivismo (1902-1910): Es la etapa de formación, que incluye su estancia en Alemania. Ortega publica algunos artículos y, aunque más tarde se retractará de su radicalismo, en estos momentos defiende un cierto antihumanismo por temor al subjetivismo. Siguiendo la consigna de Husserl (“¡A las cosas mismas!”) propugna el lema “¡Salvémonos en las cosas!”, queriendo indicar con ello que lo importante es llegar a hacernos una idea cabal de los objetos con disciplina, racionalidad y método. También defiende el ideal científico frente al relativismo subjetivista.
Circunstancialismo y Perspectivismo (1910-1923): Publica su primera obra, Meditaciones del Quijote (1914), con su famosa referencia a la circunstancia ("Yo soy yo y mi circunstancia"), los artículos de El Espectador (de 1916 en adelante), y España invertebrada (1923). Empieza a defender la doctrina del "punto de vista".
Raciovitalismo (1923-1955): Etapa de madurez en la que publica El tema de nuestro tiempo (1923), La rebelión de las masas (1930), Ideas y creencias (1940), Historia como sistema (1941), etc.
“La doctrina del punto de vista” es el capítulo X del libro El tema de nuestro tiempo, pertenece por tanto al periodo de madurez, y es considerada una de las mejores exposiciones de sus posiciones filosófica. En todo el libro late la impresión de que España se encuentra en un estado de letargo, abandonada a una vida formalista y caduca: una nación de hombres que se comportan como sus abuelos. Además de esto, se expone un esbozo de su teoría de las “generaciones”, basada en la unidad cronológica de los quince años por generación, con el fin de buscar un fundamento “científico” a su idea. Ofrece como alternativa a su propia generación la tarea de sobreponerse a la dicotomía heredada entre el racionalismo desvitalizado y el vitalismo carente de inteligencia, éste es el tema fundamental del capítulo citado y por consiguiente "el tema de nuestro tiempo".
Por su parte, la historia y la sociología tienden respectivamente al historicismo (en sentido relativista) y al sociologismo, es decir, a explicar cualquier juicio de sus disciplinas mediante recurso a los hechos históricos objetivos (historicismo) o por motivos sociales entendidos como causas mecánicas (sociologismo).
Si a este relativismo generalizado se une la tendencia positivista paralela, para la cual la filosofía debería adoptar el método de las ciencias naturales a pesar de todo, se comprende que son muchos los peligros que debe sortear la filosofía del momento, y especialmente la de Ortega y Gasset: por un lado el irracionalismo ligado a las filosofías vitalistas, de tendencia relativista; por otro el objetivismo unido al positivismo; la tendencia racionalista y culturalista, encarnada en la obra de Descartes y Kant tampoco ha perdido influencia y Alemania se decanta por un neo-kantismo intelectualista que Ortega terminará rechazando.
Ortega es el introductor en España de la cultura filosófica europea: él mismo asume que gran parte de sus temas provienen de sus lecturas de Nietzsche, Dilthey, Husserl, Bergson o Heidegger. En su filosofía se reconoce así una mezcla de vitalismo, fenomenología y existencialismo, sin poder catalogarse su obra en ninguna de esas corrientes en exclusiva, ya que en muchas ocasiones, como defiende el propio autor, se ha adelantado por su propia cuenta al conocimiento de tales ideas, e incluso a su formulación en el extranjero.
El pensamiento de Ortega suele aceptarse que transcurre a través de tres etapas:
Objetivismo (1902-1910): Es la etapa de formación, que incluye su estancia en Alemania. Ortega publica algunos artículos y, aunque más tarde se retractará de su radicalismo, en estos momentos defiende un cierto antihumanismo por temor al subjetivismo. Siguiendo la consigna de Husserl (“¡A las cosas mismas!”) propugna el lema “¡Salvémonos en las cosas!”, queriendo indicar con ello que lo importante es llegar a hacernos una idea cabal de los objetos con disciplina, racionalidad y método. También defiende el ideal científico frente al relativismo subjetivista.
Circunstancialismo y Perspectivismo (1910-1923): Publica su primera obra, Meditaciones del Quijote (1914), con su famosa referencia a la circunstancia ("Yo soy yo y mi circunstancia"), los artículos de El Espectador (de 1916 en adelante), y España invertebrada (1923). Empieza a defender la doctrina del "punto de vista".
Raciovitalismo (1923-1955): Etapa de madurez en la que publica El tema de nuestro tiempo (1923), La rebelión de las masas (1930), Ideas y creencias (1940), Historia como sistema (1941), etc.
“La doctrina del punto de vista” es el capítulo X del libro El tema de nuestro tiempo, pertenece por tanto al periodo de madurez, y es considerada una de las mejores exposiciones de sus posiciones filosófica. En todo el libro late la impresión de que España se encuentra en un estado de letargo, abandonada a una vida formalista y caduca: una nación de hombres que se comportan como sus abuelos. Además de esto, se expone un esbozo de su teoría de las “generaciones”, basada en la unidad cronológica de los quince años por generación, con el fin de buscar un fundamento “científico” a su idea. Ofrece como alternativa a su propia generación la tarea de sobreponerse a la dicotomía heredada entre el racionalismo desvitalizado y el vitalismo carente de inteligencia, éste es el tema fundamental del capítulo citado y por consiguiente "el tema de nuestro tiempo".
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