El fragmento debe ser como una pequeña obra de arte, aislado de su alrededor y completo en sí mismo, como un erizo -- Friedrich Schlegel --

BÚSQUEDA EN EL BLOG

sábado, 25 de febrero de 2012

La analogía del ser en Aristóteles

   Una vez que la realidad y el pensamiento fueron llevados a la encrucijada parmenídea ("El ser es y es imposible que no sea; el no-ser no es y es imposible que sea"), la división en dos vías separadas parecía algo obligado: por un lado, la vía correcta del Ser que lleva a la Verdad, por otro la del No-Ser que lleva al Error. Así, a la apariencia siempre la superará la realidad, al cambio la estabilidad, a la opinión siempre la corregirá la ciencia. Los rasgos del Ser parmenídeo (unidad, inmutabilidad, inmovilidad, limitación, eternidad) fueron en parte llevados por Platón a sus Ideas, y el Mundo Inteligible o del Ser se separó del Mundo Sensible o de las cosas como el Modelo se separa de la Copia. Las modificaciones y cambios en este mundo que vemos sólo se pueden juzgar aparentes, tal y como Zenón de Elea demostró en sus irrebatibles (para la época) paradojas.
   Pero el movimiento existe, está presente ante los sentidos y lo vivimos de manera incontrovertible, en la naturaleza y en nosotros mismos, tal y como cuando nos levantamos y caminamos hasta la puerta terminamos llegando a ella (mal que le pese a Zenón). Ciertamente, también parece haber esencias o ideas, las usamos continuamente para entender y clasificar el mundo y a nosotros mismos. Aristóteles se propuso conciliar estos dos principìos con una crítica a Parménides y Platón que se basa en una concepción analógica del ser y se expresa con su célebre frase "El ser se dice de muchas maneras" (Met. IV, 2).
   Hay que distinguir tres usos posibles de las palabras: la univocidad, por la que algunos términos son usados siempre en el mismo sentido (ej. "hombre" se dice igual de Pedro que de Juan); la equivocidad, por la que otros términos son usados en sentidos completamente distintos en diferentes contextos (ej.: "banco" de sentarse o institución financiera, "gato" animal o instrumento), y la analogía, por la que hay términos que se usan en sentidos distintos según el contexto, pero con cierta relación de semejanza (por ej. "sana", se dice de la manzana porque provoca la salud y se dice de María porque tiene salud).
   El ser es un término análogo, según Aristóteles, lo cual quiere decir que se usa en varios sentidos, emparentados entre sí. En primer lugar, como sustantivo o sujeto (cuando digo por ejemplo "este ser" o "los seres vivos", y se puede sustituir por un nombre común o propio); por otro se puede usar como verbo, el verbo ser, que usamos una vez declinado para introducir predicados atribuidos al sujeto, y así digo que "este ser [una bola de billar] es [ser] redonda". Claramente es distinto usar la palabra ser en un sentido y en otro. Parménides había confundido los dos usos al afirmar que "el ser es", y había derivado de esta idea unas conclusiones ilegítimas.
   Aristóteles matiza su propia clasificación de sentidos ligados a la palabra ser en la clasificación de categorías de las cosas que son ("tode ti", "esto de aquí"), de la siguiente manera. Sea "algo que es", decimos en primer lugar que es una entidad o sustancia (la nombramos individualmente, esa es su realidad primera, ej. "Aristóteles", y luego vemos que porta una esencia, que es su realidad segunda: "ser humano"; por cierto, que la esencia o la idea no es separable del individuo real y concreto). Esta es la categoría principal. Por otro lado, y teniendo en cuenta la aplicación del verbo ser al sujeto, se despliegan una serie de categorías que Aristóteles llama accidentes: cualidad ("es filósofo"), cantidad ("es [mide] de 1,75m de altura"), relación ("es hijo de Nicómaco"), acción ("es/está paseando"), pasión ("es/está siendo visto"), tiempo ("es/está en el año 335 a.C."), lugar ("es/está en el Liceo"), posición ("es/está de pie") y hábito ("es/está vestido").
   Téngase en cuenta que el verbo "eimi" griego es como el "to be" inglés o el "être" francés un verbo que recoge nuestro "ser" y "estar" al mismo tiempo.
   Se deduce de la analogía del ser aristotélica por tanto que hay muchas formas de ser, tanto con respecto a la variedad de entes o individuos (sustancias) como en cuanto a lo que se puede decir o predicar de esos entes o sustancias. Confundir esos sentidos es mezclar los individuos y las esencias, y poner al mismo nivel el sentido fuerte de ser (un individuo) con la atribución a éste de muy variables accidentes, que cambian sin dejar por ello de ser reales, ya que no son simples apariencias.
Aristóteles (384-322 a. C.)

Referencias:
Aristóteles: Metafísica. Libro IV.
Tomás Calvo Martínez: Aristóteles y el aristotelismo. Madrid: Akal, 1996.

No hay comentarios: