El fragmento debe ser como una pequeña obra de arte, aislado de su alrededor y completo en sí mismo, como un erizo -- Friedrich Schlegel --

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martes, 31 de julio de 2012

S. J. Lec: Pensamientos despeinados (1)


Los obesos viven menos tiempo, pero comen más.

* * *

La aureola impide a veces que entre algo en la cabeza.

* * *

No soporto a los misántropos, por eso evito a los hombres.

* * *

El trato con los enanos encorva la espina dorsal.

* * *

En el infierno el diablo es un héroe positivo.

* * *

Es facilísimo transformar marionetas en ahorcados. Las cuerdas ya están.

* * *

Cuando los chismes envejecen, se convierten en mitos.

* * *

Consejo para escritores: en algún momento hay que dejar de escribir. Incluso antes de empezar.

* * *

A veces el Diablo me tienta para que crea en Dios.

* * *

Las heridas cicatrizan, pero las cicatrices crecen con nosotros.

* * *

Que haya muerto no prueba suficientemente qua haya vivido.

* * *

Los ángeles tienen sus diablos y los diablos sus ángeles.

* * *

También la liviandad tiene un peso específico.

* * *

En la cima se está al borde del abismo.



Stanislaw Jerzy Lec: "Pensamientos descabellados", en Cristóbal Serra (ed.): Efigies. Barcelona: Tusquets, 2002, págs. 215 y 222.
S. J. Lec: Pensamientos despeinados. Barcelona: Península, 1997, págs. 27, 30, 33, 35, 40, 44 y 55.

S. J. Lec (Polonia, 1909 - 1966)

lunes, 30 de julio de 2012

Paradoja de Tristram Shandy

Frontispicios de William Hogarth para una edición de 1797 del Tristram Shandy

Como sabemos, Tristram Shandy empleó dos años en escribir la crónica de los dos primeros días de su vida, y se lamentó de que, en esa proporción, el material se acumularía más rápidamente de lo que él pudiese despacharlo, de forma que, a medida que pasaran los años, se hallaría cada vez más lejos del fin de su historia. Ahora bien, yo sostengo que, si él hubiera vivido eternamente y no se hubiese cansado de su tarea, en este caso, aunque su vida continuase tan pródiga en acontecimientos como empezó, ninguna parte de su biografía hubiese quedado sin escribir. Pues, considérese: el día ciento lo escribirá en el año ciento, el día mil en el año mil, y así sucesivamente. Cualquiera que sea el día que elijamos tan distante que no tenga esperanza de alcanzarlo, ese día será descrito en el año correspondiente. Así, pues, cualquier día que pueda decirse será escrito más pronto o más tarde y, por tanto, ninguna parte de la biografía quedará nunca sin escribir. Esta proposición paradójica, pero perfectamente verdadera, depende del hecho de que el número de días en la eternidad no es mayor que el número de años.

Bertrand Russell: Misticismo y Lógica y otros ensayos, en Obras Completas II: Ciencia y Filosofía. Madrid: Aguilar, 1973, pág. 967.


The Life and Opinions of Tristram Shandy, Gentleman (1759-1767) ill. Brian Robs

domingo, 29 de julio de 2012

PLANEAT

 

   Uno de los motivos para cambiar de dieta hacia el vegetarianismo, y aún mejor hacia el veganismo, es evitar el maltrato a los animales. Si se tiene estómago suficiente, pueden verse las crueles consecuencias de la dieta omnívora sobre la vida de los animales en el documental Earthlings (2005) dirigido por Shaun Monson. Por su parte, en Planeat (2010) se nos plantean amablemente los otros dos motivos fundamentales para ese deseable giro en la dieta humana: la sostenibilidad del medioambiente y la salud.
   El profesor de Bioquímica, emérito de la Cornell Univ., Colin Campbell, defiende con la teoría y en su práctica diaria la dieta vegana basándose en experimentos científicos realizados durante décadas con animales, así como en correlaciones estadísticas que conectan el consumo de proteínas de origen animal con el desarrollo de cánceres y enfermedades coronarias en los seres humanos, su ampliamente conocida investigación en China. 

 

    El profesor de Geofísica en el Bard College, Gidon Eshel, nos recuerda una idea fundamental: "Cuando comes algo indirectamente añades una carga al mundo natural". La realidad es que la dieta omnívora añade más carga de anhídrido carbónico en la atmósfera y de nitrógeno en la tierra y los mares que la dieta vegana. 

 

    Peter Singer, profesor de Bioética en Princeton lleva varias décadas argumentando que debemos plantearnos "las consecuencias éticas" de las decisiones tomadas con respecto a lo que comemos.


   Se debe a Colin Campbell la correlación hoy ampliamente aceptada entre aumento del colesterol en sangre y el riesgo de cardiopatías. ¿Pero cuánto colesterol es saludable o asumible? Igual que ningún cigarrillo es sano, tampoco el colesterol, presente en los productos animales, puede ser considerado saludable en ninguna proporción. El cirujano Caldwell Esselstyn (Cleveland Clinic) tiende a actuar sobre el origen de las cardiopatías más que sobre las intervenciones (que serían el último recurso) para evitar las enfermedades coronarias. Su punto de partida es la  constatación de una clara ausencia de enfermedades coronarias en las poblaciones de dieta vegetariana. No es cuestión, afirma Esselstyn, de obesidad o delgadez, de ejercicio o sedentarismo: hay sujetos delgados y que corren maratones pero que llegan a enfermar por culpa de su dieta. "Ahora sabemos que ciertos alimentos dañan las células endoteliales", afirma, y estos alimentos son los aceites procesados, los productos lácteos y las proteínas animales en general.

PLANEAT (2010)
dir.: Shelley Lee Davies & Or Shlomi

Al final del documental nos preguntamos si es lícito mantener el tópico "hay que comer de todo" difundido desde las escuelas y organismos oficiales aun sabiendo que en ese "de todo" se incluyen alimentos perjudicales para la salud como el azúcar y las grasas animales. Por otra parte, ¿es sostenible la presión de las grandes corporaciones alimentarias que empujan a los estados a una política de proteccionismo de la dieta omnívora, es decir carnívora, en detrimento de la salud individual y la del planeta? Y por último: ¿Podría mantenerse el crecimiento global con un bienestar generalizado que incluya el consumo de carne a niveles europeos o norteamericanos? Hace tiempo que todas estas preguntas tienen respuesta científica y bioética.

 
 
 
 

jueves, 26 de julio de 2012

Mujeres extraterrestres

   A Rubens se le ocurrió esta idea: de lo más profundo del universo llegarán a la tierra unos hermosos ejemplares de mujeres, sus cuerpos se parecerán al cuerpo de las mujeres terrícolas, pero serán totalmente perfectos porque el planeta del que provienen no conoce las enfermedades y los cuerpos carecen allí de enfermedades y defectos. Sólo que los hombres terrícolas que se encontrarán con ellas no sabrán de su pasado extraterrestre y por eso no las entenderán en absoluto; nunca sabrán qué efecto tendrá en esas mujeres lo que digan o hagan; nunca sabrán qué sentimientos se ocultan tras sus hermosos rostros. Con mujeres hasta tal punto desconocidas sería imposible hacer el amor, se decía Rubens. Luego rectificó: es posible que nuestra sexualidad esté tan automatizada que al fin y al cabo haga posible el amor físico incluso con mujeres extraterrestres, pero sería un amor al margen de todo tipo de excitación, un acto amoroso convertido en un mero ejercicio físico carente de sentimiento y de impudicia.

Milan Kundera: La inmortalidad. Barcelona: Tusquets, 1990, pág. 370

The Stepford Wives (1975), dirigida por Bryan Forbes
  
VENUSINAS

   Las primeras llegaron al comenzar el mes de mayo. Eran tan bellas que hicieron soñar a los hombres a lo largo de los días y a lo largo de las noches.
   Poco se tardó en saber que no eran nada hurañas, y los hombres se transmitieron la nueva. Hacían el amor con tal refinamiento, que dejaban muy atrás el ardor de sus rivales terrestres. El número ya grande de solteras aumentó.
  Y seguían cayendo del cielo, más deseables que nunca, eclipsando a la mujer más maravillosa. Sólo el amor contaba para los hombres, y ellas no envejecían.
   Mucho tiempo pasó antes de que se dieran cuenta de que eran estériles.
  Así que, cuando medio siglo más tarde sus robustos amantes llegaron de Venus, sólo quedaban en la Tierra hombres decrépitos y mujeres ancianas.
   Tuvieron con ellos muchos cuidados y los trataron sin brutalidad.

Pierre Versins, en Edmundo Valadés (ed.): El libro de la imaginación. México: F.C.E., 1976, pág. 175 

martes, 24 de julio de 2012

Sueño y realidad

Soñé que era una mariposa. Volaba en el jardín de rama en rama. Sólo tenía conciencia de mi existir de mariposa y no la tenía de mi personalidad de hombre. Desperté. Y ahora no sé si soñaba que era una mariposa o si soy una mariposa que sueña que es Chuang-Tzu.
Chuang-Tzu

Octavio Paz: Chuang-Tzu. Madrid: Siruela, 1997, pág. 53.

Chuang-Tzu (ca. 369-290 a. C.)

lunes, 23 de julio de 2012

Macho y misógino

MACHO (y misógino). El macho adora la femineidad y desea dominar lo que adora. Exaltando la femineidad arquetípica de la mujer dominada (su maternidad, su fecundidad, su debilidad, su caráter hogareño, su sentimentalismo, etc.), exalta su propia virilidad. Por el contrario, al misógino le horroriza la femineidad, escapa de las mujeres demasiado mujeres. El ideal del macho: la familia. El ideal del misógino: soltero con muchas amantes; o: casado con una mujer amada sin hijos.

MISÓGINO. Cada uno de nosotros se ve confrontado desde sus primeros días con un padre y una madre, con una femineidad y una virilidad. En consecuencia, marcado por una relación armónica o inarmónica con cada uno de esos dos arquetipos. Los ginófobos (misóginos) existen no sólo entre los hombres sino también entre las mujeres y hay tantos ginófobos como andrófobos (los y las que viven en desarmonía con el arquetipo del hombre). Estas actitudes son posibilidades distintas y totalmente legítimas de la condición humana. El maniqueísmo feminista nunca se planteó la cuestión de la androfobia y convirtió la misoginia en simple insulto. De este modo se ha esquivado el contenido psicológico de esta noción, que sería el único interesante.

Milan Kundera: El arte de la novela. Barcelona: Tusquets, 1987, págs. 154 y 155-156.

Kundera, Musil y la post-novela

"No hay novelista a quien quiera más que Robert Musil" (1), así de contundente es Kundera en su novela La inmortalidad (1989), precisamente la más musiliana de su producción, la más ensayística y una de las mejores. Sin embargo, en sus ensayos y artículos no se detiene mucho en él, aunque siempre lo sitúa en el grupo de autores inmensos de Europa Central: Kafka, Broch, Musil y Gombrowicz (2). En concreto, Musil y Broch compartirían la intención de elevar la novela a obra total, ya que logran introducir en ella cuestiones filosóficas, que la Filosofía no ha sabido desarrollar aún, sin dejar por ello de lado el relato y la historia. La novela sería arte y conocimiento a la vez, esa es la divisa que asume el propio Kundera para su obra.


En sus principales ensayos: El arte de la novela (1986) y Los testamentos traicionados (1993), explica detalladamente qué entiende por novela. Las primera apariciones de la novela europea moderna, dice en este segundo libro, no suelen considerarse aún representativas del género, identificado de un modo general con su forma decimonónica (la que cimentan Balzac, Dickens, Galdós y Tolstoi). Los autores que invoca el autor checo en este capítulo inicial en la historia de la novela son, ante todo, François Rabelais (su escritor más querido en general), Miguel de Cervantes, Lawrence Sterne y Denis Diderot. Se trataría, podríamos decir, de la pre-novela, y una vez más, el prefijo que indica la prioridad en el tiempo no debe entenderse en menoscabo de altura estética. Una característica tienen en común estos cuatro autores: la libertad. Frente a la novela lineal decimonónica, ellos estiran y encogen el tiempo, contra el punto de vista del narrador absoluto y omnisciente atisban la multiplicidad de los puntos de vista o de los narradores, o bien optan por hacer intervenir a su antojo a un narrador demiurgo que dirige el artefacto narrativo con plena autoridad (lo que resulta muy familiar a los lectores de Kundera) o abandonan personajes y puntos de vista sin ninguna explicación. Frente a la ordenación estilística (una cierta proporción de los capítulos, creación de expectativas y dirección a un clímax), priman el gusto por la experimentación, el gozo de narrar y la sorpresa. La novela decimonónica es en general una obra de arte clásico; la pre-novela es puro barroquismo.

La otra fuente de la que bebe el autor checo es la de la narrativa centroeuropea, y post-novela si seguimos considerando al XIX como el lugar natural de este género. La post-novela es una "novela que piensa", más que simple novela filosófica, así lo justifica Kundera: "La reflexión novelesca, tal y como la introdujeron Broch y Musil en la estética de la novela moderna, no tiene nada que ver con la de un científico o un filósofo; se diría incluso que es intencionadamente afilosófica, e incluso antifilosófica, es decir, ferozmente independiente de todo sistema de ideas preconcebidas; no juzga; no proclama verdades; se interroga, se sorprende, sondea; adquiere las más diversas formas: metafórica, irónica, hipotética, hiperbólica, aforística, cómica, provocadora, fantasiosa; y sobre todo: jamás abandona el círculo mágico de la vida de los personajes; se nutre y se justifica por la vida de los personajes." (3) De esta manera, la post-novela se gira a la pre-novela, y vuelve a sus comienzos (4).

Esta defensa de su estética novelística, tomada de una reflexión sobre la técnica de sus autores más afines, Hermann Broch, y en especial Robert Musil, reaparece una y otra vez en los ensayos de Kundera; pero será en una entrevista (estupenda) con el post-novelista norteamericano Philip Roth donde revela la clave filosófica del arte de la novela, lo que podríamos llamar su socratismo, ya que si "la estupidez de la gente procede de tener respuesta para todo", "la sabiduría de la novela procede de tener una pregunta para todo", y concluye: "El novelista enseña al lector a aprehender el mundo como pregunta. Hay sabiduría y tolerancia en esa actitud." (5)

Los lectores ocasionales de Musil y Kundera pueden sentirse confusos si es que esperan respuestas sistemáticas a preguntas claras, porque eso es justamente lo que sus novelas no pueden ni quieren dar. En ellas, las ideas están ligadas a los caracteres y a las situaciones descritas; el narrador muchas veces se limita a explicar cómo ve las cosas su personaje, como si advirtiera que no importan tanto las ideas como las situaciones. Las ideas en todo caso son ideas encarnadas, seguramente circunstanciales, el lector no puede ahorrarse el trabajo de reinterpretarlas y valorarlas por su cuenta.

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(1) Milan Kundera: La inmortalidad. Barcelona: Tusquets, 1990, pág. 67.
(2) Milan Kundera: "Cielo estrellado de la Europa Central" (1988), en Kvestoslav Chvatik: La trampa del mundo. Milan Kundera, novelista. Barcelona: Tusquets, 1996, pág. 175. Este grupo se vuelve a citar tal cual en Los testamentos traicionados. Barcelona: Tusquets, 1994, pág. 37.
(3) Milan Kundera: El telón. Barcelona: Tusquets, 2005, pág. 90.
(4) Milan Kundera: El arte de la novela. Barcelona: Tusquets, 1987, pág. 45.
(5) Philip Roth: El Oficio: un escritor, sus colegas y sus obras. Barcelona: Seix Barral, 2003. pág. 137.


El hombre sin atributos es una incomparable enciclopedia existencial de todo su siglo; cuando quiero releer ese libro, acostumbro hacerlo al azar, abriéndolo en cualquier página, sin preocuparme por lo que precede o lo que sigue (...) cada capítulo es de por sí una sorpresa, un descubrimiento.
Milan Kundera

jueves, 19 de julio de 2012

El arte de Ovidio


Publio Ovidio Nasón ( 43 a. C. - 17 d. C. )

CIEN MUJERES DISTINTAS ME ENAMORAN

Yo no me atrevería a defender
mis desviadas costumbres, ni a esgrimir
defensas engañosas en favor de mis vicios.
Lo confieso –si sirve de algo
el confesar las culpas.
Ahora, tras confesarlo,
vuelvo insensatamente a mis delitos.
Odio y no me es posible
dejar de desear aquello que odio.
¡Ay, qué dura se hace de llevar
la carga que uno intenta sacudirse!
No tengo fuerzas ni jurisdicción
para ejercer dominio sobre mí.
Empujado me veo, como la nave
a la que arrastra un rápido torrente.
No hay un modelo exacto de hermosura
que sea el que despierta mis amores.
Existen cien motivos
para que yo siempre esté enamorado.
Si alguna está en sí misma recogida
con la mirada baja,
me abraso y su recato
es para mí emboscada que me tiende.
Si otra es provocativa, caigo preso
de que no sea una rústica, y me ofrece esperanzas
de que se moverá en el blando lecho.
Si se muestra intratable, imitadora
de las sabinas rigurosas, pienso
que quiere, pero está disimulando
en el fondo. Si culta eres, me encantas
por esas raras artes que te adornan.
Mas, si eres ignorante,
me has complacido por tu ingenuidad.
Dice una que los versos de Calímaco
son rústicos al lado de los míos:
al instante me agrada
esa mujer a la que yo le agrado.
También existe la que me critica
a mí como poeta y a mis versos:
pues sobre mí quisiera yo los muslos
de esa que me censura.
Avanza delicada: me cautiva
su movimiento. Brusca es esta otra,
pero al tocar a un hombre podría ser más tierna.
A ésta, porque canta dulcemente
y modula la voz con gran soltura
quisiera darle besos robados mientras canta.
Ésa pulsa las cuerdas lastimeras
con su pulgar experto. ¿Quién podría
no enamorarse de tan doctas manos?
Aquella con su gesto nos deleita,
mueve los brazos cadenciosamente
y ondula su costado delicado
con suavidad: para no hablar de mí
que me conmuevo con cualquier motivo,
pon a Hipólito y será un Príapo.
Tú, por lo alta que eres, te pareces
a antiguas heroínas y en la cama
puedes ocupar todo con tu cuerpo.
Ésta se presta por su pequeñez
a ser acariciada. Por las dos
yo me pierdo: la grande y la pequeña
van bien para mi gusto.
Una no está arreglada: me imagino
cuánto le añadiría el que lo estuviera.
Otra está engalanada:
ella misma me muestra sus encantos.
La de piel blanca me cautivará,
y me cautivará la sonrosada.
También en el color de piel oscuro
resulta el amor grato.
Si caen negros cabellos sobre el cuello de nieve,
Leda fue deseable por su pelo moreno.
Y si es rubia, resulta que la Aurora
gustó por su cabello de color azafranado.
Mi amor se adapta a todas las historias.
La juventud me atrae, la madurez me llama.
La primera es mejor por su hermosura,
por su comportamiento agrada la otra.
En fin, a esas muchachas que el buen gusto
de todo el mundo aprueba en Roma entera,
mi amor las ambiciona a todas ellas.

[Amores, 2, 4. Trad. Juan Antonio González Iglesias]



REMEDIOS CONTRA EL AMOR (selección)

El amante recompensado, ebrio de felicidad, gócese y aproveche el viento favorable a su navegación; mas el que soporta a regañadientes el imperio de una indigna mujer, busque la salud acogiéndose a las reglas que prescribo. (...) El Amor es fecundo en pretextos y encuentra su alimento en demorar las resoluciones; el día más próximo es el mejor para romper sus lazos. (...) Yo he visto heridas fáciles de cicatrizar al principio, que llegaron a ser incurables por la dilación y el abandono. (...) Apenas te sientas necesitado de los recursos de mi arte, escucha mis consejos, rehuye la ociosidad que favorece al amor, lo  sustenta una vez nacido y es la causa y el alimento de mal tan delicioso. Si vences la ociosidad romperás el arco de Cupido, y blanco de tu desprecio, caerán por el suelo sus antorchas apagadas. (...) ¿Quieres ahuyentar al amor? El amor odia al trabajo; ocupa las horas, y tu salud quedará asegurada.(...) Tú que no aciertas a separarte del ídolo amado, tú que quieres ser libre y no puedes, habrás de recibir mis lecciones. Ten presentes a todas horas las infidelidades de tu aviesa amiga, y no borres de tu memoria las pérdidas que te ocasiona. (...) Reflexiona  día tras día sobre los defectos de tu amiga, y continuando en el mismo tema logra recuperar la salud. (...) Cuanto puedas, mira desde el punto de vista más desfavorable las dotes de tu amada, y que turbe tu buen juicio la línea que separa el mal del bien. Llámala rechoncha si está llena de carnes; si es morena, califícala de negra, y puedes notar de flaca a la que alardea de su esbeltez; si no te ofenden sus toscas maneras, tenla por desvergonzada, y si aparece modesta, despréciala por insípida.(...) Cuando la inclinación se divide entre dos personas, la influencia de la una debilita el poder de la otra. Los ríos caudalosos menguan divididos en multitud de arroyos, y la llama se extingue quitándole la leña de que se alimenta. Una áncora no basta a sujetar las barnizadas naves, ni un solo anzuelo a quien pesca en las corrientes aguas. El que de antemano se preparó un doble solaz, desde entonces aseguró su victoria sobre la fortaleza enemiga. Ya que te entregaste con tan poca cautela a una sola, busca al menos desde ahora su nueva rival. (...) Siempre un nuevo amor acaba con el precedente (...) El amor perdura largo tiempo alimentado por los celos; si quieres ahogarlo en tu pecho, ahoga la desconfianza. (...) Si permaneces solo, te dominará la tristeza, y la cara de tu prenda abandonada se ofrecerá a tu vista como si fuese su misma persona; la noche es más triste que la claridad del día, porque en ella le falta al desdichado el consuelo de los amigos que distraen las penas. No rehuyas la conversación, no cierres la puerta de tu casa, ni sepultes el atribulado semblante en las tinieblas. (...) Si puedes, trasládate a otro hemisferio. El estómago hambriento no es dueño de contenerse ante una mesa bien surtida, y el arroyo que salta incita la congoja del sediento. Difícil empresa la de detener al toro que ve a la ternera, y el potro generoso relincha cuando divisa la yegua. (...) Echa un candado a la lengua, y tu discreción alcanzará el debido premio. Tú, que pregonas los cien motivos que tuviste para romper definitivamente con ella, y las muchas razones que provocaron tus fundadas quejas, cesa en las lamentaciones, véngate mejor callando, y así llegarás a olvidarla sin sentimiento. Preferible es que calles a manifestar que la desprecias. El que confiesa a todos que no ama, ama todavía. (...) Es un crimen aborrecer hoy a la que amabas ayer: tan rápidas mudanzas sólo convienen a caracteres violentos y atroces; basta que no te preocupes de ella: el que trueca el amor en odio, o ama o siente el fin de sus males. (...) Es cosa común acusar a la delincuente y quererla. Cuando el resentimiento desaparece, el amor, libre de lazos, se aleja con prontitud. (...) No declares qué motivos tienes para desear la ruptura, ni confieses la causa de los dolores que padeces en secreto; no le reproches sus deslealtades, porque te abrumará con sus razones; al revés, procura que su causa parezca mejor que la tuya: el que calla da pruebas de entereza, y el que llena de oprobios a su amada, le pide una contestación que le satisfaga. (...) De poca entidad es lo que me queda por advertiros; sin embargo, fue útil a muchos, entre los cuales me cuento. No te entretengas en leer las misivas que guardes de tu dulce amiga: el temple más firme vacila con tan peligrosa lectura. Aun a tu pesar, entrégalas al fuego. (...) Si puedes, aparta de ti su imagen. (...) Asimismo te afligirá la vista de muchos sitios; huye de aquellos que por haber sido testigos de tus dichas, te produzcan impresiones dolorosas.(...) El vino predispone el ánimo al placer, si no se apura con abundancia; mas la embriaguez entorpece nuestros ardientes deseos. Con el viento se aviva la llama, y con el viento se extingue; si es ligero la alimenta, si huracanado la destruye. O no te embriagues, o, si lo hicieres, sea tan grande la borrachera, que te libre de todos los cuidados: en tal alternativa, el justo medio es siempre dañoso.(...) Hombres y mujeres, que sanasteis por la bondad de mis avisos, algún día daréis a vuestro poeta piadosas acciones de gracias.
[Trad. Don Germán Salinas]

Ensayo

En el segundo piso de su decaído castillo, hacia marzo de 1571, Miguel de Montaigne inventó el ensayo. "La palabra es nueva, pero la cosa es vieja", pocos años después anota, sin embargo, Bacon (Letters and Life, IV) y agrega: "Las Epístolas de Séneca a Lucilio son ensayos, vale decir, meditaciones dispersas, aunque en forma de epístolas". Con este criterio, cabría incluir en el catálogo de los precursores a Jenofonte, a Aristóteles, a Valerio Máximo, a Cicerón, a Plutarco, a Aulo Gelio, a Macrobio: todos ellos escribieron ensayos, de acuerdo con la calificación de "meditaciones dispersas" o de "composiciones irregulares, no trabajadas", que prefiere Johnson. Pero desde la primavera de 1571, la "nota personal", la sombra del autor mezclándose con el tema, caracteriza para siempre al género. Así, con mayor comprensión que felicidad, Edmund Gosse define: "El ensayo es un escrito de moderada extensión, generalmente en prosa, que de un modo subjetivo y fácil trata de un asunto cualquiera".
(...)
Por su informalidad, el ensayo es un género para escritores maduros. Quien se abstiene de toda tentación, fácilmente evitará el error. Con digresiones, con trivialidades ocasionales y caprichos, solamente un maestro forjará la obra de arte. Pero esta cuestión comunica el estudio del ensayo con los problemas centrales de la estética.
(...)
Un día sentimos que no hay otra esperanza en las letras que el dossier naturalista, o la comedia de enredo, o el sadismo, o el adulterio, o los sueños, o el viaje alegórico, o la novela pastoril, o el alegato social, o los enigmas policiales, o la picaresca; otro día nos preguntamos cómo alguien pudo interesarse en tan desoladas locuras. En medio de esta mudanza, históricamente justificable pero esencialmente arbitraria, hay algunos géneros perpetuos. Porque no depende de formas y porque se parece al fluir normal del pensamiento, el ensayo es, tal vez, uno de ellos.

Adolfo Bioy Casares: "Estudio preliminar", en Ensayistas Ingleses. Barcelona: Éxito (Clásicos Jackson, vol. XVIII) s/a, pp. ix, xxxi y xxxii

Adolfo Bioy Casares (1914-1999)

sábado, 14 de julio de 2012

El otro infierno

   Cuando Teresa y yo llegamos al infierno, Minos se ciñó dos veces al cuerpo con la capa y nos mandó a ese círculo que se ha hecho famoso por la historia de Francesca de Rímini y Paolo Malatesta. ¡Imposible soñar paraíso semejante! Desde que llegamos se dejó sentir el impulso afrodisíaco de las llamas y nos entregamos a una lujuria insistente. No tardamos mucho en contagiar a los demás condenados y así el Segundo Círculo del infierno se convirtió de pronto en escenario de increíbles orgías. Como es de suponerse, el Señor se enteró en el acto y cambió nuestra sentencia; desde entonces estamos en el paraíso, colocados a insalvable distancia, confundidos por los coros angélicos, purificados los dos de tal manera que parecemos creaciones de Botticelli, contemplándonos, solamente contemplándonos, mientras todo el cielo tiembla y se desbarata como flamita nerviosa de cirio pascual ante las notas triunfales del tedéum.

José Joaquín Blanco (1921):  “El otro infierno”, en Edmundo Valadés (ed.): El libro de la imaginación. México: F.C.E., 1976, p. 237.

Gustave Doré: Paraíso
  Puede leerse la traducción de Ángel Crespo de Infierno, V, con ilustraciones, muchas de ellas relativas a Paolo y Francesca, en el Blog Ut Pictura Poesis.

martes, 10 de julio de 2012

Progreso

Hay un cuadro de Klee (1920) que se titula Angelus Novus. En él se representa a un ángel que parece como si estuviera apunto de alejarse de algo que le tiene pasmado. Sus ojos están desmesuradamente abiertos, la boca abierta y extendidas las alas. Y este deberá ser el aspecto de la historia. Ha vuelto el rostro hacia el pasado. Donde a nosotros se nos manifiesta una cadena de datos, él ve una catástrofe única que amontona incansablemente ruina sobre ruina, arrojándolas a sus pies. Bien quisiera él detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo despedazado. Pero desde el paraíso sopla un huracán que se ha enredado en sus alas y que es tan fuerte que el ángel ya no puede cerrarlas. Este huracán le empuja irremediablemente hacia el futuro, al cual da la espalda, mientras que los montones de ruinas crecen ante él hasta el cielo. Ese huracán es lo que nosotros llamamos progreso.

Walter Benjamin: "Tesis de filosofía de la historia" (ca. 1940), en Discursos interrumpidos. Madrid: Taurus, 1973, p. 183.

Paul Klee: Angelus Novus (1920)

   El cuadro de Klee perteneció al propio Benjamin; la cita aparece como epígrafe de Perdido el paraíso, la novela de Cees Nooteboom.

Cees Nooteboom, filósofo

Cees Nooteboom (1933)
   El poeta, narrador y viajero Cees Nooteboom es uno de los mejores analistas del amor dentro de la literatura actual. Prácticamente todas sus obras de ficción abordan este enigma, y en algunas de ellas se repite una perspectiva platónica: "El amor está en el que ama, no en aquel que es amado". De esta comprobación surge el matiz consolador del amor en todas sus novelas, su carácter apotropaico (y por cierto que Mircea Eliade encuentra una misma función apotropaica en el mito y Hans Blumenberg en los primeros relatos al calor del fuego en el tiempo de las cavernas). El amor es el gran consuelo del hombre, viene a decirnos (y a mostrarnos) Cees Nooteboom. La perspectiva novedosa del autor holandés es que hasta cuando se halla desnivelado, o incluso no correspondido, también tiene efectos benéficos, ya que amar implica siempre una elevación de la vida, y en ocasiones es su curación.
   Como Platón, Nooteboom relaciona a Eros con un ser intermedio, ni divino ni humano, que los griegos llamaban démon, y los occidentales ángel. En ambos casos son seres mestizos, en la versión platónica un fruto de la Pobreza y el Recurso. El enamorado siente brotar las alas de la productividad y la salud, aunque también la carencia y el desaliento: se siente vivir. En Perdido el paraíso (2006), su última novela hasta la fecha, Nooteboom narra dos historias de amor no-desgraciado: la de Alma, una joven brasileña violada en su país y que logra curarse de la herida en Australia gracias a las atenciones distantes de un aborigen, y la de Erik Zondag, el obligado alter-ego del autor, ese viajero transterrado con múltiples fisonomías en sus novelas, que en esta ocasión siente la presencia del ángel erótico en un juego (de inspiración real) situado en la ciudad australiana de Perth, donde Alma representa una estatua viviente que debe ser descubierta por los asistentes a un congreso de literatura. No es importante que Alma sea abandonada por el insondable aborigen, o que Erik apenas pueda entrever las puertas del soñado paraíso en la bacanal de ángeles el último día del congreso, perdidamente enamorado del símbolo más que de la propia chica brasileña. Lo que perseguían ambos seres sufrientes lo consiguen en uno y otro caso, pues renacen a la vida con sus propios medios, ayudados desde fuera con el aleteo de alguien que a su vez sentirá ese renacer por otro u otros. La productividad no es posible sin un vacío previo, y la mayor poiesis es la vida propia.
Sandro Botticelli: La Anunciación (1489)

Platón: el mito de Eros

Cuando nació Afrodita, los dioses celebraron un banquete y, entre otros, estaba también Poros*, el hijo de Metis. Después que terminaron de comer, vino a mendigar Penía*, como era de esperar en una ocasión festiva, y estaba cerca de la puerta. Mientras, Poros, embriagado de néctar –pues aún no había vino–, entró en el jardín de Zeus y, entorpecido por la embriaguez, se durmió. Entonces Penía, maquinando, impulsada por su carencia de recursos, hacerse un hijo de Poros, se acuesta a su lado y concibió a Eros. Por esta razón, precisamente, es Eros también acompañante y escudero de Afrodita, al ser engendrado en la fiesta del nacimiento de la Diosa y al ser, a la vez, por naturaleza un amante de lo bello, dado que también Afrodita es bella. Siendo hijo, pues, de Poros y Penía, Eros se ha quedado con las siguientes características. En primer lugar, es siempre pobre, y lejos de ser delicado y bello, como cree la mayoría, es más bien duro y seco, descalzo y sin casa, duerme siempre en el suelo y descubierto, se acuesta a la intemperie en las puertas y al borde de los caminos, compañero siempre inseparable de la indigencia por tener la naturaleza de su madre. Pero, por otra parte, de acuerdo a la naturaleza de su padre, está al acecho de lo bello y de lo bueno; es valiente, audaz y activo, hábil cazador, siempre urdiendo alguna trama, ávido de sabiduría y rico en recursos, un amante del conocimiento a lo largo de toda su vida, un formidable mago, hechicero y sofista. No es por naturaleza ni inmortal ni mortal, sino que en el mismo día unas veces florece y vive, cuando está en la abundancia, y otras muere, pero recobra la vida de nuevo gracias a la naturaleza de su padre. Mas lo que consigue siempre se le escapa, de suerte que Eros nunca ni está falto de recursos ni es rico, y está, además, en el medio de la sabiduría y la ignorancia.

Banquete, 203b - 203e

(*) Penía es, evidentemente, la personificación de la Pobreza (...). Poros no es la personificación de su contrario, ya que éste es Pluto. De acuerdo con su etimología (...) podría equivaler al español Recurso. (N. del T.: M. Martínez Hernández)

miércoles, 4 de julio de 2012

El anillo de Clarisse

   
   El viaje del hombre sin cualidades arranca con un percance físico: inmerso en un conflicto con tres ladrones, Ulrich duda y reflexiona: ¿Quieren su dinero?, ¿son burgueses un poco ebrios? En un instante en que debería haber reaccionado poniendo en práctica sus habilidades pugilísticas, se deja llevar por el espíritu y el cuerpo es abatido. Todo deportista sabe que cuando la mente se inmiscuye, la marca peligra, por eso la previsualización y el raciocinio van encaminados precisamente a evitar la aparición de ésta en el momento decisivo. 
   En la oposición de espíritu y cuerpo están implicados numerosos dualismos, el espíritu se debe a las ideas, la ciencia, el orden y las regularidades; el cuerpo siempre está mezclado con lo irracional, la vida y los sentimientos. El progreso espiritual y científico (al que Ulrich se ha dedicado con ahínco) debería ir eliminando la irracionalidad corporal; pero he aquí que una sociedad en crisis perturba todas las relaciones y diagnostica que el genio se encuentra tan patente en un caballo de carreras como en el ser humano. Incluso el caballo puede superar toda expectativa si se convierte en un auténtico reloj de precisión, como es el caso descrito en el famoso capítulo 13 de la novela, ya que su trabajo se mide con objetividad, sus prestaciones están por encima de toda duda. Ante tales muestras de genio, el esforzado Ulrich sólo puede darse unas vacaciones, abandonar sus estudios matemáticos y plantearse el único problema relevante, cómo vivir con la indefinición propia de la falta de cualidades objetivas.
   La filosofía de Nietzsche suele acompañar a partir de entonces sus disquisiciones ya sea en solitario o en compañía de Clarisse y Walter. Clarisse incluso propondrá que el año del jubileo del Emperador sea declarado "Año Nietzscheano". Pues bien, desde el importante escrito Sobre verdad y mentira en sentido extramoral sabemos que el origen de las palabras no es otro que la experiencia corporal, la variada red de impulsos nerviosos que desemboca en conceptos, en metáforas, en "verdades". Y cuanto más verdaderas pretenden ser las metáforas, y más alejadas creen hallarse de su origen corporal, más "espirituales", racionales y objetivas dicen volverse. Nietzsche desenmascara el procedimiento y califica de ilusorias a esas verdades que han perdido de vista su origen. Pero esto no implica una simple reducción del espíritu a biología, por un lado Nietzsche advierte que hay ilusiones más útiles que otras (la ciencia, por ejemplo, es una ilusión útil) y por otro critica las cegueras complementarias del hombre racional (que pierde de vista la intuición) y del intuitivo (incapaz de abstracción). La solución nietzscheana, a la que apuntan Clarisse y Ulrich, se encamina a la imbricación de intuición y racionalidad en una vida y un entorno poéticos.
   El primer paso es el reconocimiento de la crisis social y personal, representada por el torbellino de posibilidades que al hilo de la Acción Paralela se abren paso a la consideración de aquellos que deben resumir en tal acontecimiento lo mejor de la cultura del Imperio. Lo nimio se mezcla con lo crucial como en la especie humana se mezclan la antropofagia y la Crítica de la Razón Pura, y Ulrich como secretario de la Acción Paralela se ve obligado a encontrar un criterio tanto en este contexto como para su propia vida. De ahí las visitas al conde Leinsdorf, por el lado político, y a Clarisse, por el lado personal. En una de estas últimas, se plantea la naturaleza de las ideas, reflexiona sobre el curso de la historia, sobre la colisión de contrarios en el seno de un mismo fenómeno, y acaba con una serie de revelaciones: el mundo es una pura analogía, una metáfora, y no admite más exactitud que las ideas realización en la práctica; la pretensión de ganar en exactitud en la vida, en altura espiritual, depende en primer lugar de un paso paradójico: convencerse de no poseerla. El pasaje merece ser citado literalmente: 
Para adquirir espíritu se necesitaba, ante todo, estar convencido de no poseerlo. Esto significaba, para él, tener un carácter abierto, experimentador e inventivo en las cuestiones importantes de la moral. (HsA, cap. 84. Trad. esp. modificada).

   Sobre el ensayismo o la experimentación vital ya ha hablado Musil en otras ocasiones, destaquemos ahora ese carácter o esa mentalidad inventiva o poetizante, que lleva a Ulrich a exclamar que "nuestra vida no tendría que ser más que literatura", porque después de todo la belleza se convierte en el principal trastorno para la sociedad adocenada. Nietzsche ríe a carcajadas con su proyecto de una filosofía artística, pero Platón también se extasía por esta vez, cuando los contrarios se reconocen desde bandos opuestos. La nota metafórica la pone Clarisse, que extrae su anillo de casada (momento que le parece crucial a Claudio Magris, como es sabido) y diagnostica que al final nuestras vidas son así: una nada rodeada de un cerco, y sin embargo esa nada central parece ser lo más importante. Cabe concluir que no se trata de una nada simplemente vacía, sino el sostén del cerco, es una nada productiva y creadora.

Claudio Magris (1939)