El fragmento debe ser como una pequeña obra de arte, aislado de su alrededor y completo en sí mismo, como un erizo -- Friedrich Schlegel --

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lunes, 23 de diciembre de 2013

La Gran Belleza

Roma de madrugada


Roma por la noche


 Las reuniones con los amigos


El interior de los palacios


Los actos solemnes


La muerte


y los recuerdos






3 comentarios:

Anónimo dijo...

Presioso resumen en imágenes, sin desvelar nada lo cuentas todo.

chema solera dijo...

La belleza es ubícua, esquiva y dolorosamente fugaz. La gran belleza es eso mismo pero a lo bestia. Así, la película de Paolo Sorrentino: una delicia continua.

Inteligente, dolorosa, ácida, mordaz, sabia y hermosa. Imprescindible.

Una cinta así solo podría haberse rodado en Roma. Roma está a mitad de camino entre el pueblo y la ciudad monumental. Pese a todos sus monumentos, que son muchos, el encanto de Roma reside en esa mezcla tan conseguida de arte y de indiferencia por el arte, de gran avenida y de tráfico que la colapsa, de belleza y de suciedad, de palacio y de casa de pueblo.

Esa ambivalencia es muy grata porque no te obliga a nada. Roma es como aquel amigo que nos recibe en pijama y que, sin hacernos el menor caso, nos invita a pasar mientras sigue afeitándose. Inmediatamente sabemos que estamos en nuestra casa porque nadie está pendiente de nosotros. Así las princesas que, mientras siguen jugando a las cartas, permiten, descuidadamente, que el protagonista y su compañera visiten su palacio.

La indiferencia de la belleza de Roma es colosal. También la de la película de Sorrentino. Nos atiende con un elegante desdén. Nos cuida sin prestarnos atención. Nos seduce, nos aquieta, nos embelesa y nos permite tener la extraña sensación de que nosotros también podríamos haber sido capaces de crear algo hermoso. ¡Bendita ilusión!

Repito: un gozo continuo. Imprescindible.

benariasg dijo...

Para mí, una de las pelis del año, un festín de epifanías.