El fragmento debe ser como una pequeña obra de arte, aislado de su alrededor y completo en sí mismo, como un erizo -- Friedrich Schlegel --

BÚSQUEDA EN EL BLOG

lunes, 4 de julio de 2016

Biosofía

   Tal vez no sean los libros más complejos, ni los más influyentes en la Historia de la Filosofía; pero los textos autobiográficos de los filósofos, o con contenido biográfico, pueden llegar a atraernos más que sus obras mayores, tan ricas como intrincadas. Es lo natural, porque esos escritos con relato biográfico conectan con nuestra propia vida, en el plano concreto de la existencia. Disfrutamos más con el Discurso del Método que con las Meditaciones metafísicas, y el filósofo hará bien, como defendió Dilthey, en acostumbrarse a leer biografías y autobiografías (también las "no-filosóficas", como las de Alfieri o Cellini, advierte Dilthey), si es que está interesado (¿y quién no?) en aclararse qué es vivir. Esos textos y esos comentarios de los filósofos, inclinados sobre sus propias vivencias, trasladan la filosofía al campo literario, sin perder por ello rigor y alcance racional: el Platón de la Apología, los Memorabilia de Jenofonte o las cartas de Epicuro no son, desde luego, los textos más complejos de la filosofía griega; pero sí los más atractivos para quien tenga a Diógenes Laercio como historiador de referencia (y ya está permitido tenerlo).
   Si hubiera que hacer una selección de algunas de estas obras "biosóficas" para llevárnoslas a la habitación o para rellenar una pequeña balda en la biblioteca, no optaremos por Ser y Tiempo, aunque sea la existencia (en general) su tema de estudio, sino por el artículo más modesto sobre Hebbel o El camino de campo. Los Ensayos de Montaigne cumplirán como pocos con nuestras expectativas, sobre todo si pensamos en Experiencia. En este camino se juntan y entrelazan Bacon con Hazlitt, Lamb con Emerson o Thoreau; Lichtenberg con Hume y Schopenhauer. Los moralistas franceses fusionan anécdotas y aforismos en un golpe de reflexión basado en la vida cotidiana, y para empezar a leer a Nietzsche, nada mejor que Ecce Homo. En la era postmoderna, Stanley Cavell practica una filosofía de constantes referencias autobiográficas, junto al interés por las vidas de los otros tal y como comparecen en el cine y la literatura. El élan biográfico-filosófico incluye libros de apuntes, diarios filosóficos, ensayos biográficos o carnets, y nos lleva a reivindicar en un mismo y variado arco de lectura a Plutarco y Marco Aurelio, a San Agustín y Pascal, a Vico y Maine de Biran, a Kierkegaard y Valéry, así como una buena parte de la filosofía contemporánea, situada airosamente al margen del sistema ("sistema" a veces en sentido político, y a menudo en el sentido filosófico). Son obras que nacieron a la luz de las velas, y que irradian por ello una luz especial, un campo en el que se cruzan lo interpretado y el que interpreta, donde los filósofos son artistas (Nietzsche), y los escritores filósofos (Musil).



3 comentarios:

Pilar González Augusto dijo...

Qué bueno que volviste!!!

yaki riscos dijo...

¡Y volviste con mucho atino! Ahora que empiezan para algunos las vacaciones nos propones unos híbridos interesantes.
¡¡¡¡Queremos más!!!

benariasg dijo...

Gracias por los ánimos :)