El fragmento debe ser como una pequeña obra de arte, aislado de su alrededor y completo en sí mismo, como un erizo -- Friedrich Schlegel --

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miércoles, 9 de enero de 2013

Queremos tanto a Goleman


Por haber divulgado como nadie antes de él un tema apasionante, por los 7 millones de libros vendidos de su obra principal, por haber dado que pensar y haber iniciado un debate interesantísimo, tenemos que leer a Daniel Goleman. Muchos de los argumentos, de sus estupendos relatos y quizás el hallazgo de una idea afortunada, hacen de su libro de 1995 una obra apasionante; pero la concepción contradictoria (tomada no literal pero sí en espíritu de un autor más riguroso, Howard Gardner) de "inteligencia emocional", y definida además con rasgos de personalidad, perturba lógicamente a los psicólogos profesionales y tradicionales. Como ya advertía Binet, porque no se puede decir de otro modo, la inteligencia es lo que miden los tests de inteligencia, ergo: si se quiere medir otra cosa, llamémoslo de otro modo, pero no "inteligencia". Gardner se enfrentó a la posición tradicional al defender que había inteligencias múltiples, es decir, distintos modos de ser inteligente, y de este modo rechazó el concepto de inteligencia investigado hasta entonces con una base claramente intelectual. Por su parte, Goleman define una inteligencia que no se puede cuantificar, para cuya detección se utilizan pruebas de personalidad, y que nos remite a habilidades sociales, afectivas o de empatía... No habría nada que objetar a ello si no se la llamara "inteligencia", que por definición es una capacidad racional o intelectual, medible con pruebas objetivas. De hecho, es el trabajo de la Psicometría, con una larga y fructífera tradición a sus espaldas. Por cierto, la misma Psicometría advierte que hay una clara correlación estadística entre altas puntuaciones en los tests tradicionales de inteligencia y ciertas habilidades destacadas por Goleman como propias de la inteligencia emocional, por ejemplo el altruísmo, la creatividad, el sentido del humor, la profundidad y amplitud de intereses o las habilidades sociales. En resumen, que las personas diagnosticadas tradicionalmente como personas inteligentes suelen ser también emocionalmente estables. Siempre se puede encontrar casos aislados de lo contrario, que alimenten el tópico elevando a ley general lo captado en uno o varios casos particulares (algo que también ocurre con la absurda idea de que los superdotados suelen fracasar en los estudios, cuando de hecho ocurre lo contrario, que no suelen tener problemas para conducir sus carreras con éxito y por supuesto menos esfuerzo que los demás); pero afirmar temerariamente como hizo Goleman que nos encaminábamos a una sociedad en la que los puestos de relevancia los ocuparían personas inteligentes emocionalmente que ejercerían como jefes de los inteligentes a secas es, como poco, una especie de consuelo no solicitado y, seguramente, una falsedad indemostrable.

Daniel Goleman (1946)


El perseguidor

El mensaje de Goleman llega a los colegios:
“Recientes investigaciones muestran que la inteligencia emocional, junto con los aspectos de las habilidades sociales que le son afines, tiene mayor influencia en el éxito personal que el cociente intelectual o la pura capacidad mental.”
Educación para la Ciudadanía. 3º de ESO. Sevilla: Editorial Guadiel, 2010, pág. 20.

33 comentarios:

Anónimo dijo...

Buena entrada. Inteligente (aunque después de lo leído no sé si es el término más adecuado para describirla ; ) y bien escrita.

Me gustaría, con todo, hacer algunas distinciones. Al menos dos. La primera entre el científico y el divulgador. Y la segunda entre el concepto y la palabra que lo designa.

Con respecto a la primera siento decir que me resisto a que los divulgadores alcancen más mérito que los científicos. Me parece injusto. Goleman (sin demérito alguno de su profesión como psicólogo) es más un divulgador que un científico y, desde luego, su mérito en la historia del desarrollo de la inteligencia emocional está más en haber hecho rodar el concepto que en haberlo creado. A cada cual lo suyo. En nuestro ámbito tenemos al profesor cebolleta (dicho esto con todo el cariño del mundo), nuestro inefable, entrañable y sobreactuado Punset (¡y familia!). Que su programa es un programa de éxito no lo vamos a dudar. Que ha conseguido acercar la ciencia al consumidor medio es cosa indiscutible. Ahora, que eso sea un mérito suficiente como para que le lluevan los doctorados honoris causa es cosa con la que muy bien podríamos estar en desacuerdo. Y de hecho lo estamos.

Pero volvamos a Goleman y pongamos un ejemplo en negativo. Tuve el placer de asistir al primer congreso internacional de inteligencia emocional que se celebró, precisamente en Málaga, allá por 2007, si mi memoria no me falla. En dicho congreso hubo ponencias, talleres, paneles… se nos contaron mil y una experiencias en las que se había aplicado la inteligencia emocional a los colectivos más diversos: ancianos, colegios, empresas, administraciones públicas, centros penitenciarios, psiquiátricos… todas ellas, sin una sola excepción, tuvieron como base el modelo más reputado en inteligencia emocional que rueda por el mundo conocido. ¿El de Goleman? Va a ser que no. El de Peter Salovey y John Mayer con quien mantuvimos, por cierto, una interesante videoconferencia. ¿Alguien había oído hablar antes de alguno ellos? ¿Uno? ¿Dos? Ahí lo tienen. Los científicos que hacen el trabajo sucio quedan en la sombra mientras que los divulgadores que lo hacen rodar copan las portadas. Vivimos en un mundo de papel charol. Alerta.

Segunda distinción: el concepto y el sustantivo que lo denomina. No hablaré de lo primero por no venir al caso y por no ser éste el foro más adecuado para abordarlo pero siento disentir de nuestro querido blogmaster. A mi el concepto “inteligencia emocional” me parece especialmente bien traído ya que refleja, por si solo y con absoluta transparencia, lo que hay detrás de él. Quizá con otro ejemplo en negativo se vea mejor lo que quiero decir. Traduzcan el término inglés “leadership” al castellano. ¿Qué tienen? Liderazgo. Ahora vayan con él a una empresa o a una administración pública y traten de explicar a los directivos que, en realidad, son líderes y que su papel no es otro que impulsar a sus equipos de trabajo y sacar de ellos lo mejor. No funciona. ¿Por qué? Porque un español cuando oye la palabra líder automáticamente piensa en Indurain, en Hitler o en Jesús de Nazareth. Y, claro, al director de recursos humanos de Yoplait el papel le viene grande y lo rechaza. “Pero si yo hago nóminas. ¿Qué historias vienes a contarme a mi? ¿Lider yo? ¡Anda ya!”.

Con el término “inteligencia emocional” pasa exactamente lo contrario. Con independencia del modelo que utilicemos para acercar el concepto e incluso antes de haber usado ninguno la gente sabe, al momento, de lo que le estás hablando. Tienes una parte emocional que reside (metáforicamente) en el cerebro Y tienes una parte emocional que reside (metafóricamente) en el corazón. Y la gracia está en que las dos vayan de la mano. Así de sencillo. En mi opinión, buena parte del indiscutible éxito del concepto “inteligencia emocional” reside, precisamente, en su denominación lo que nos lleva al mismo punto con el que terminábamos la primera distinción: vivimos en un mundo de papel charol. Alerta.

Chema Solera. Palma de Mallorca

benariasg dijo...

No me gusta mezclar dos conceptos antitéticos. Aprecio la idea de fondo, lo que implica y significa, la caracterización de la buena personalidad que nos brinda Goleman, o del buen carácter (al fin y al cabo se pone a la sombra de Aristóteles); pero sigo pensando que no es pertinente mezclar y agitar lo que entendíamos por separado y por supuesto en relación mutua. En concreto, el mayor peligro del concepto diluido de inteligencia que nos ofrece Goleman (y Gardner) es la defensa de una educación prioritariamente dirigida a la formación en valores y no al desarrollo de la racionalidad, a las "competencias" y no a los contenidos, a la formación de "jefes" que no saben pero mandan a los que sí saben. Lo peor es que la pedagogía ha hecho suya esta "revolución" y los poderes públicos están imbuidos de la misma, desastrosa retórica.

Anónimo dijo...

Veo por donde vas pero en mi opinión son cosas diferentes. Yo puedo oponerme (y, de hecho, me opongo) a que en las aulas haya crucifijos aunque no me parezca mal que, quien así lo desee, pueda profesar la fe le parezca. Trasmutando: el hecho de que Goleman haya difundido (con acierto singular) un concepto que otros crearon no significa que, necesariamente, deba haber un cambio en los programas educativos y que tengamos que pasar (lamentablemente, en eso estoy de acuerdo contigo) de una educación basada en contenidos a otra basada en valores. En mi opinión, la inteligencia emocional, así denominada, es una cosa muy interesante que supone un cambio de paradigma de gran alcance en nuestra manera de percibirnos a nosotros mismos. Asunto diferente es el uso que se haga de ella en los planes educativos y el afán que tengan los políticos por meter la cuchara donde no deben.
Chema Solera.

benariasg dijo...

Creo que los políticos hacen lo que los psicólogos y pedagogos les dicen, y la psicopedagogía actual está toda ella contaminada de constructivismo y buenismo emocional.

EOlmedo dijo...

Estoy de acuerdo con el constructivismo y también con el desarrollo racional pero creo que el problema es que no seguimos un camino común en todo esto. Tiempos atrás lo emocional no existía y erámos presos del miedo porque no sabíamos gestionar esas emociones (ya lo hacían por nosotros)y tengo claro que cualquier corriente pedagógica debería estar enfocada a la felicidad del ser humano, que es lo que realmente debería importar. Goleman, la familia Punset...(a Aristóteles le guardo más respeto)me dan igual, tengo claro lo que siento y lo que vivo cada día con mis alumnos, compañeros, familia. Debemos tener muy presente la "inteligencia emocional" o como queramos llamarla, porque es la clave para ayudarnos a sobrevivir felizmente en este mundo ¿o no hay que ser inteligente para esto?

Saludos.

EOlmedo dijo...

"Tiempo"

benariasg dijo...

¡Hola Edina!
Si entiendes por inteligencia emocional bondad de carácter, por supuesto que es importante para la vida, ¿pero es obligación de los centros de enseñanza formar el carácter de los alumnos? ¿No es demasiada responsabilidad? ¿Y cómo se traduce en actuaciones concretas?
Preguntas, preguntas...

EOlmedo dijo...

Querido Benito:

Pienso que no es obligación de los centros formar el caracter de los alumnos porque como sabes el caracter tiene una parte genética y otra gran parte ambiental o del entorno.En el entorno si que podemos influir por eso debe ser de manera positiva, pero no solo con la bondad sino mediante gestión de emociones para que ese entorno no altere la personalidad y podamos ser nosotros mismos. Enseñar a un niño sociabilidad, equilibrio anímico, control de los impulsos, empatía,motivación, etc. es un problema y difícil...porque(pregunta?)¿quién es capaz de ser tan "inteligente"?Enseñanza-aprendizaje, no podemos enseñar algo que no sabemos y mucho menos de tipo emocional. Hay mucho trabajo personal pendiente y tenemos que asumir la gran responsabilidad que tenemos porque trabajar con "personas" no es cualquier cosa. Tengo claro que lo que le queda a la persona no es solo lo racional, la sensación que despiertes en esa persona es lo que realmente enseña, lo que realmente queda. No sé como medirla pero si como sentirla. El mundo está en continuo cambio y nosotros también, que los psicólogos tradicionales no la acepten no quiere decir que no exista, quizás debamos empezar a cambiar ya (pregunta?)¿o no?...de actuaciones concretas ya hablaremos cuando nos veamos, ¿O NO?
Un saludo

Cristina Félix dijo...

Venga, que se enfría el tema y puede dar más de sí. Por ejemplo, podría ser interesante deslindarse de dos conceptos al parecer antitéticos de inteligencia: Capacidad intelectual medible (o sabes o no sabes) y capacidades emocionales (eres un crack con la gente y todo fluye o eres un paria). A mí me preocupa que estas capacidades llevadas al extremo representan relaciones de poder. Y un abuso de las mismas es, como siempre, perjudicial porque unas como otras en estado puro son sustitutas de una fuerza bruta disfrazada (estás conmigo o en mi contra), y su uso sin escrúpulos suponen la dominación sobre los otros (o te sometes a mi juego o te echo). ¿Por qué no pensar en otra posibilidad? A mí me gusta el concepto de creatividad, en todos estos años de enseñanza he observado que para ser creativo hace falta, además de esfuerzo, aptitudes intelectuales y emocionales, pienso que el cerebro no mezcla, mide y compensa en cada momento con qué cantidades de una y otra aptitud debe trabajar.

benariasg dijo...

A un grupo de alumnos les he puesto como ejercicio uno de los tests de creatividad de Guilford, que extraigan consecuencias de la desaparición repentina de todas las leyes y normas sociales en la ciudad. Me darán una lista de consecuencias, ¿pero cómo se corregiría esto? ¿Me limito a tener en cuenta el número de respuestas y la originalidad? ¿O más bien la coherencia? ¿Tengo en cuenta el enfoque positivo, ético, bondadoso o moral de las respuestas? ¿Me contento con lo que me den, porque al fin y al cabo es una tarea que no mide contenidos sino que trata de despertar su "creatividad"?

Cristina Félix dijo...

Muy fácil: El "cerebro funcional" es economía y claridad en la gestión de la información. El "cerebro imaginativo" es exuberancia, arte, ensoñación. Suma y divide en base a esos dos conceptos. Regala un punto más a quienes hayan establecido respuestas flexibles y resta otro a quienes contesten en base a criterios preestablecidos. (Eso es lo que haría yo, no sé qué solución da Guilford) De todas maneras, es interesante saber qué se puede hacer para desarrollar la inteligencia pero es más interesante saber para qué. Según el fragmento que mencionas del libro de Educación para la ciudadanía ¿Qué finalidad última se promueve? ¿El éxito personal? ¿Y eso qué es?

benariasg dijo...

Los críticos de la noción de inteligencia emocional aducen que la idea recogida en el manual de Ciudadanía es falsa: no está demostrado que el éxito personal dependa de las habilidades sociales, sin embargo sí está demostrado que hay correlación entre la capacidad intelectual y, entre otras muchas cosas, las habilidades sociales, así como la preocupación por la salud y la naturaleza, la elección de pareja estable, el éxito laboral, la facilidad de palabra o... la miopía :) [estoy pensando en un libro del profesor Roberto Colom: En los límites de la inteligencia. Pirámide, 2002]
Esto no quiere decir que desprecie la necesidad de adquirir una buena personalidad (los antiguos decían un buen catácter), faltaría más; pero no creo que sea posible por medio de una instrucción directa, sino en un proceso vicario, por usar el lenguaje actual, creo que bastaría con la transversalidad.
Para colmo, digo esto en un momento en que la nueva reforma se encamina a transformar a los profesores de Filosofía en profesores de Ética, Civismo o qué sé yo. Se olvidan de que la Filosofía ya es formativa en sí misma, pero ha de plantearse como asignatura con contenidos objetivos, no como brazo de la ingeniería social.

Anónimo dijo...

Quizá, para aclararnos, debamos simplificar un poco el campo. Intentaré empezar matizando mi propio punto de vista que enumero para su mayor claridad:

1.- Lo dije en mi primera entrada: creo que se está confundiendo un concepto (la IE) con el uso que se hace de ella en la escuela. Son dos cosas diferentes. Como lo son (ya lo dije) la religión y el hecho de que haya crucifijos en las aulas. No tendría ningún sentido, por seguir con el ejemplo, que mi ineludible pregunta acerca de la existencia o no de Dios sea resuelta a la luz de lo que Pinochet, Lech Walesa o el padre Maximiliano Kolbe hicieron en un determinado momento político.

2.- Hay que ser muy cuidadoso y separar con toda precisión tres cosas: la inteligencia "clásica" medida a través del CI, la personalidad y las habilidades sociales.

3.- Hecha esa separación la así llamada inteligencia emocional es diferente al CI (eso es obvio) y, desde luego, diferente también a la personalidad (cosa no tan obvia por lo que veo). La gente que ha estudiado más sobre el tema se inclina por pensar que la inteligencia emocional es una habilidad social.

4.- Si es una habilidad social es susceptible de ser entrenada, mejorada y aprendida. ¿Dónde? Ahí estamos. Quizá no en la escuela. Pero desde luego alguien debería enseñarnos a gestionar nuestros propios miedos, nuestras angustias, a distinguir entre unos y otros. Ya lo dijo alguien: no es lo mismo estar triste que estar triste. Y hay tantas maneras de estar triste como colores tiene un bosque otoñal. ¿Tiene sentido renunciar a ese conocimiento?

5.- Benito, siento discrepar de ti pero hay evidencia científica suficiente para asegurar que el CI no es un buen predictor del rendimiento. Y cuando hablo del "rendimiento" me refiero al que más importa: el rendimiento vital: la felicidad. Desde luego las personas con un CI más alto no tienen mejores expedientes académicos, ni mejores empleos, ni gozan de una salud mejor, ni tiene mayor estabilidad familiar, ni su esperanza de vida es mayor... de eso podemos estar razonablemente seguros.

6.- La dificultad de medir nuestro cociente emocional impide que sepamos hasta qué punto es un mejor predictor del rendimiento que el CI clásico. Con todo, conviene releer ( y a ello os invito) el así llamado "estudio de las monjas", the nun study. Ya me contaréis.

Resumiendo: la IE es algo que no podemos permitirnos el lujo de despreciar. Podemos hablar de cómo enseñarla y dónde. Podemos incluso plantearnos cual debe ser su denominación más adecuada pero, insisto, sería absurdo tirar por la borda un concepto tan preciso para nuestra felicidad y la de quienes nos rodean.

Un abrazo a todos.

Chema Solera. Palma de Mallorca

benariasg dijo...

Chema, te contesto punto por punto:

1. Voy a pasar de puntillas, porque el tema, complicado de por sí, se enreda con otro aún más complicado, y un ejemplo debe servir para aclarar, no para añadir polémica ;)
2. Los que "rompieron la baraja" fueron Gardner y los teóricos posteriores de la "inteligencia emocional", al defender que lo que se había llamado desde los inicios "inteligencia" no era la "unica inteligencia". Es como decir: hasta ahora se llamaba a estos árboles "olmos" pero a partir de ahora reivindico que se llame "olmo verde" a las "encinas" y a las "babuchas" las llamemos "olmo extraño".
3. La denominación de "X" como "inteligencia emocional" no es casual: se pretende aprovechar el prestigio de la noción de "inteligencia" pero definiéndola de otra manera. ¡Con rasgos de la personalidad, claro que sí! La inteligencia emocional se asocia a una personalidad positiva y autoconsciente, empática, etc. etc.
4. Las habilidades que nombras (me encanta que uses este término porque también lo utiliza Aristóteles para caracterizar al carácter, llamado "personalidad" por los psicólogos) es difícilmente enseñable. Al menos no mediante asignaturas, y desde luego no entiendo por qué tiene que responsabilizarse a los centros de enseñanza de la adquisición de ésta, cuando mucho antes están las familias, los amigos y la TV, por ejemplo.
5 y 6. Esto es más complicado. La felicidad, dice Aristóteles, es un estado que sólo se descubre si ha formado parte de nuestra vida al final de ella. Al igual que no se puede enseñar de manera objetiva el buen carácter (sí se puede mostrar vicariamente) no se puede enseñar a ser feliz, sólo se puede enseñar y comentar lo que otros han dicho o vivido en relación con ella. Si disminuimos el peso del término y nos quedamos con la expresión "vida lograda" o "exitosa", hay correlaciones entre un alto CI y ese tipo de vida; de la correlación del CE con ella da testimonio el estudio de las monjas que citas; pero de la correlación entre CI y CE también hay pruebas en el polémico "The Bell Curve" (por poco que nos guste). Creo, por último, que debemos ser conscientes de qué significa "correlación" en un estudio estadístico: al decir que alto CI tiene alta correlación con vida exitosa no se está diciendo que "para ser feliz" te busques un alto CI (por otro lado es imposible) sino que las personas con alto CI probado en los test, al mismo tiempo muestran, un alto porcentaje de ellos, competencia en habilidades sociales, tendencia a la preocupación por el medio ambiente, miopía, etc. etc. Esto no quiere decir que para tener habilidades sociales haya que tener alto CI, "válgame Dios..." eso sería una falacia.

Paro ya... ;)

Anónimo dijo...

Celebro que sigas mi enumeración; eso nos permitirá centrar los temas y no dispersarnos, encontrar puntos de encuentro y, lo más importante, identificar con precisión los desencuentros. Vamos allá.

1.- Acepto que pases de puntillas. Espero, no obstante, que estés de acuerdo conmigo en que una cosa es la IE y otra muy distinta el uso que se hace de ella en la escuela. Y si estás de acuerdo con eso (que espero que sí) que aceptes que un mal uso en las aulas no tiene por qué descalificar necesariamente el concepto.

2.- No me empeñaré. Dije desde el principio que "inteligencia emocional" me parece una buena traducción del término inglés, es eufónico y, lo más importante, en su sola lectura está claro como el agua su contenido. Ahora, si crees que induce a confusión no tendría inconveniente alguno en cambiarlo por otro. ¿Alguna propuesta?

3.- He aquí un desencuentro importante: tal y como yo lo veo la IE no puede entenderse como un rasgo de personalidad. Tampoco creo que quisiera aprovecharse el buen nombre de la "inteligencia" (entre otras cosas porque hacía ya mucho que la inteligencia perdió ese buen nombre del que gozó en sus comienzos) Lo que se quiso hacer lo explica muy bien Antonio Damasio en alguno de sus libros. Desde Platón (está en el "Fedro") sabemos que la emoción sin cognición nos lleva al desastre. Ahora empezamos a saber que cognición sin emoción nos conduce por el mismo camino y que, por ello, debemos alinear esas dos partes indisolubles en las que estamos constituidos.

4 y 5.- Es, de lejos, el desencuentro más importante. Lo trataré más despacio en otra entrada para no hacer demasiado larga ésta. Con todo, ahí va un avance: no puedo estar más en contra con la afirmación que haces de que "no se puede enseñar a ser feliz". Tampoco estoy de acuerdo con Aristóteles: creo que la felicidad es un estado que muy bien puede predicarse del presente. Y desde luego tenemos que hablar más despacio de "correlación" y "causalidad". Lo dejo para otra entrada.

Un placer, como siempre.

Chema Solera. Palma de Mallorca.

Anónimo dijo...

Vamos allá con la primera de las cosas que tenía pendientes. Intentaré ser breve (aunque no prometo nada).

¿Se puede aprender a ser feliz? Yo creo que sí.

Todo depende, claro, de la idea que uno tenga de la felicidad. Si se cree que solo puede hablarse de ella en pasado como Aristóteles, que es un estado beatífico y seráfico que lo inunda todo, que es la suma de todas las perfecciones y bondades, etc. la jodimos: no hay nada que hacer. Y si además se cree en la tontería esa de que “cada uno es feliz a su manera” pues estamos en las mismas. Mejor dedicarse a otra cosa.

Por mi parte, creo que la felicidad es algo un poco más “agropecuario”. Un estado en el que “cargan” muchas variables que pueden ser entrenadas por separado y al que podemos aproximarnos si nos lo proponemos. Maria Dolores Avia, catedrática de psicología en la Complutense de Madrid, ha explicado muy bien en varios sitios algunas de esas variables. Hagamos una lista incompleta: ser más activo y mantenerse ocupado, pasar más tiempo en actividades sociales, ser productivo en un trabajo recompensante, dejar de preocuparse tanto, disminuir expectativas y aspiraciones, orientarse hacia el presente, aceptarse a uno mismo, mantener relaciones íntimas y profundas…

Si estamos de acuerdo en que esas variables aumentan mi probabilidad de ser más feliz (espero que el término probabilidad no asuste a nadie: en física, la madre de todas las ciencias, es el pan nuestro de cada día) no creo que tengamos inconveniente alguno en aceptar que esas variables, tomadas por separado, son susceptibles de ser entrenadas. Y si se pueden entrenar es que uno puede mejorar su “marca” en ellas. Luego pueden ser aprendidas. Y, claro, desaprendidas.


Chema Solera. Palma de Mallorca.

benariasg dijo...

Releo mis intervenciones y lo que pudiera decir sobre este tema ya lo he dicho, no discuto el valor de la teoría psicológico levantada alrededor de la llamada IE, de hecho ya dije que es un tema muy interesante. El motivo de mi entrada era llamar la atención sobre la falta de objetividad y comprobaciones experimentales en algunas afirmaciones clave de sus teóricos y sobre las indeseables consecuencias que podría tener la aplicación de la llamada "alfabetización emocional" en los centros de enseñanza.

Anónimo dijo...

Iba a seguir con los temas que dejé pendientes ayer y, singularmente, con el comentario prometido sobre "correlación" y "causalidad" pero leída la última entrada de Benito creo que la ocasión la pintan calva de modo que voy a cerrar aceptando y dando por buenas las dos cosas que dice.

Solo un apunte final: el conocimiento en psicología es extraordinariamente precario. No solo en IE, cosa que, como digo, comparto del mejor de los humores sino en todas las ramas de esa compleja disciplina que es la psicología. Asunto diferente es si, excluido el preciso mundo de las matemáticas, podemos encontrar certezas científicas en algún otro campo. Tengo para mi que no. Ni siquiera la física, tras la revolución que supuso la mecánica cuántica, nos las da. Pero eso sería asunto para otro post.

Termino: mi enhorabuena de nuevo por la magnífica entrada que hiciste sobre Goleman; gracias a ella hemos pasado un agradable rato de amigable y animada charla.

Hasta la próxima.

Chema Solera. Palma de Mallorca.

benariasg dijo...

No nos dejes sin tus comentarios, que yo no tenga más que decir sobre lo anterior no implica dejar de terminar lo empezado, a lo mejor se levanta otra liebre.

Por ejemplo: ciencia exacta sólo la matemática, vale; pero a partir de ahí hay grados, ¿no? No es lo mismo la Física que la Psicología. Y dentro de una misma disciplina, por cierto, no es lo mismo la teoría del CI que la del CE. De ahí la conveniencia de que continúes con el tema de la correlación y la causalidad ;)

Cristina Félix dijo...

Ni hablar!!! ¡queremos más! Las matemáticas no son precisas, la filosofía sobrelleva las paradojas y la vida está llena de contradicciones...
Abrid campos, recomendad lecturas,ofreced alternativas,interrogantes u otros enfoques en otras culturas...

Saludos

EOlmedo dijo...

Aquí hay "flow" porque de otra forma no podría entender estar a esta hora leyendo comentarios. Esa sensación de felicidad que te hace fluir ¿la entendemos?¿La sentimos? Por favor una respuesta....o algo que me quite esta felicidad.

Saludos efusivos.

Anónimo dijo...

Hago bueno el deseo de Cristina y os propongo el siguiente par de situaciones con el objeto de conocer vuestra opinión y poner de manifiesto que el CI y la IE pertenecen a mundos distintos que no correlacionan entre si.

Situación A: sois los guardagujas de una estación de RENFE y os encontráis en el justo punto en el que la vía se bifurca en dos. En un ramal hay una persona adulta y obesa, trabajadora también de RENFE, que ha sido atrapada por las vías mientras hacía su trabajo. En el otro tres niños de corta edad que también han sido atrapados mientras jugaban. En ese preciso instante un enorme tren se acerca a vuestra posición en dirección a los niños pero tenéis la posibilidad de desviarlo hacia el ramal en el que se encuentra el adulto obeso sabiendo que si lo hacéis éste morirá y si no lo hacéis morirán los niños. ¿Qué hacéis?

Situación B: Os encontráis encima de un puente hablando con una persona adulta y obesa sobre la política económica del gobierno. En ese momento descubrís que bajo el puente va a pasar un enorme tren y que metros más allá hay tres niños atrapados en la vía. Si no hacéis nada el tren matará a los niños pero si empujáis a vuestro interlocutor a la vía arrojándolo a una muerte segura el tren se detendrá y los tres niños salvarán su vida. ¿Qué hacéis?

La gracia de estas hipotéticas y, afortunadamente poco probables situaciones, está en que el problema es el mismo si lo analizamos desde el punto de vista racional (medido por el CI): puedo elegir con mi libre acción si le salvo la vida a un adulto obeso o a tres niños. En los dos casos si no hago nada los tres niños morirán y si decido actuar quien morirá será la persona adulta. Ahora bien, desde el punto de vista emocional, no es lo mismo mover una aguja que empujar a un inocente a una muerte segura. Por esa razón la gente en la situación A mueve la aguja sin mayor problema mientras que en la situación B no hace nada y deja que mueran los tres niños.

Lo importante es tomar conciencia de que en cualquier problema que afrontemos desde la elección de un billete de lotería hasta la decisión de qué carrera estudiar o si debemos aceptar o no una atractiva oferta laboral que nos hacen o un traslado de instituto se activan ambos sistemas: el racional y el emocional. Hasta finales del siglo XX lo que se nos decía era: deja las emociones a un lado. Te enredarán y te confundirán. Piensa fría y racionalmente analizando los pros, los contras y las consecuencias de tus elecciones. A partir de esa fecha (el primer libro de Goleman es de 1995, aunque el modelo más reputado, al que ya me he referido, el de Mayer y Salovey, es de 1990) se nos empieza a decir: analiza las partes racionales de tus decisiones pero no te olvides de las emocionales. Si lo haces y eres capaz de alinear razón y emoción tus probabilidades de éxito aumentarán.

Y termino: el CI no correlaciona con el rendimiento y mucho menos hay una relación de causa efecto con él. El CI tampoco correlaciona con la IE ni hay una relación de causa efecto con ella. Sencillamente pertenecen a mundos diferentes, tienes bases neurológicas diferentes y abordan de manera diferente los mismos problemas. La IE te dice: toma conciencia de ello y trata de alinear ambos universos en la dirección más adaptativa posible. Si lo haces, tu rendimiento mejorará. ¿Qué rendimiento? El que elijas: el académico, el laboral, el familiar, el vital...

Espero que conservéis siempre esa curiosidad tan viva que tenéis así como vuestra amable paciencia conmigo.

Un abrazo a todos.

Chema Solera. Palma de Mallorca.

Cristina Félix dijo...

Situación A y B: De primeras me he preguntado dónde demonios estaban los padres de esos niños y de segundas qué ha podido pasar para que se me cuelen a jugar en las vías del tren. El tren se acerca y no hay tiempo para seguir con ese tipo de razonamientos así que ¿Y por qué no me tiro yo a la vía con mi bandera roja reglamentaria para intentar parar el tren? Si salgo de ésta es que nos salvamos todos y si no salgo no tengo que cargar en la conciencia con la muerte de los otros.
Sin embargo, ¿no es interesante el hecho de que al realizar esta reflexión e interiorizarla puedo modificar mi actitud en el futuro en un caso similar? Me consta que a los estudiantes de medicina se les facilita trabajar en los hospitales con el fin de que vayan aprendiendo, en base a la experiencia, el acompasar los conocimientos teóricos a una realidad emocional muy compleja. Si activan a la vez el sistema racional y el emocional deberán buscar un equilibrio entre ambos, de lo contrario ya sabemos todo lo que puede pasar.
En ese aspecto estoy totalmente de acuerdo, nivelar e igualar esas dos fuerzas es propio del sentido común, ahora bien ¿cómo enseñar a equilibrar y cuantificar esas dos fuerzas tan poderosas (si se tienen, claro)?

En cuanto al tema del CI y la IE formando parte de mundos diferentes, no sé, necesitaría más información para opinar porque tengo la idea intuituiva de que de alguna manera se comunican y coordinan igual que lo hacen mis piernas. Ci y IE están en el mismo mundo compartido a la fuerza que se llama cuerpo.

Saludos y gracias también por tu paciencia. Por cierto, los demás id saliendo del escondite o se os va a echar el tren encima ;)

Anónimo dijo...

Bien visto Cristina pero una cosa (que conviene que no olvides): entre el gordo y tu no hay color de modo que deja la bandera roja en su sitio y arroja al hombre por la borda. ¿Qué se puede esperar de alguien que cuando te tiene encima de un puente se dedica a hablarte de Montoros y de regularizaciones fiscales?

Dicho lo cual trataré de sacarle alguna punta a esos hipotéticos amigos tuyos, estudiantes de medicina.

A) Imagina que un profesor les explica el aparato digestivo. Y otro en la hora siguiente el circulatorio.
En la tercera hora les explican el aparato respiratorio y al final de la mañana el nervioso. La medicina puede permitirse ese lujo porque todos dan por sentado que, en realidad, el cuerpo humano es una unidad. Para que el aparato digestivo funcione debe estar correctamente irrigado, para que se produzca esa irrigación la sangre debe tener oxígeno, para que éste llegue a aquélla, el sistema respiratorio se la ha de proporcionar. Y así. Todo es una unidad, lo que no nos impide estudiarla por separado. Pues algo así pasa con nuestra realidad psicológica. Claro que nuestro sistema racional y emocional funcionan como tus dos piernas. Lo que ocurre es que, por más unidas que estén (y lo están) nada nos impide estudiarlas por separado, comprender que son cosas diferentes y que responden de manera distinta ante la misma realidad. Aunque, como te dicta correctamente tu intuición, formen parte de una misma y sola realidad.

B) Como hemos dicho que los amigos son hipotéticos vamos a situarlos en donde queramos: en la más prestigiosa universidad privada de España, la de Navarra. ¿Cómo llegaron hasta ahí? Superaron la prueba de acceso. ¿En qué consistía ésta? ¿En una medición de su CI? ¡No! En una prueba de competencias (entre otras cosas). ¿Y por qué la Universidad de Navarra (y, por cierto, casi ninguna otra) mide el CI de los aspirantes? Porque saben que no es un buen predictor del rendimiento académico. ¿Para qué perder el tiempo con pruebas que no les permiten elegir a los mejores? El estudio de las competencias se aproxima un poco más al asunto. Y en ello están.

Seguimos.

Chema Solera. Palma de Mallorca.

Cristina Félix dijo...

No quiero despistarme con menudencias y puntualizaciones que alargarían demasiado el debate; es más estoy de acuerdo en que ambos sistemas (el racional y el emocional) se ponen en marcha ante una situación complicada. En lo que difiero es en que lo hagan por separado y que no haya una correlación. Por ejemplo, con respecto a los ejemplos anteriores siempre me he preguntado qué ocurre en la cabeza de una persona para que arriesgue su vida para salvar a otra y también me he preguntado qué ocurre para que un ser humano coja un arma y en base a una consigna como "no hay color entre el enemigo y yo" mate a otro. De hecho, para mí "las agujas" y "el hombre del puente" simbólicamente son armas o instrumentos que me facilitan salvar mi vida e infravalorar peligrosamente la vida de los otros.
Tan importante es adiestrar el intelecto como las emociones. No es aconsejable acercarse a posiciones extremas ya nos hemos pasado muchos siglos desde un enfoque cultural oscilando de un extremo a otro. Lo deseable sería llegar al equilibrio y quiero saber el modo de conseguirlo; ¿podemos entonces para la IE encontrar un tratamiento científico, objetivo y delimitado que sea flexible en la praxis?

benariasg dijo...

Salgo de la hibernación para aclarar que: en Navarra hay varias pruebas para admitir a los alumnos en Medicina, en su web lo detallan perfectamente, y desde luego una de ellas es un test de CI. Además hay otro de competencias, pero que bien podría ser uno de personalidad, como se han hecho "toda la vida". Y aunque fuera de la llamada IE, repito, va a la par que otro de CI (aptitudes verbales, espaciales y lógicas, vamos, de inteligencia en el sentido tradicional, el único que debería tener) ;)
Se añade una prueba de Física-Química-Biología y el requisito de tener más de un 7 en primero de bachillerato.
No me parecen condiciones tan rigurosas como para sugerir que la IE es la que decide.

Pruebas de Navarra

Anónimo dijo...

Para Cristina: de una cosa puedes estar razonablemente segura: de un concepto que apenas tiene 25 años de vida no puedes esperar gran cosa. Hará falta mucho tiempo y mucha investigación para que lleguemos a encontrar ese tratamiento "científico, objetivo y delimitado" al que legítimamente aspiras. Todas las ciencias necesitan un recorrido que ni la psicología ni mucho menos la IE tienen. Piensa en lo que era la medicina en los tiempos de Hipócrates y en lo que es hoy en día y tendrás una idea aproximada de lo que quiero decirte.

Con todo, yo creo que sabemos una cosa: la historia que nos han estado contado durante miles de años (razón sí; emoción no) es mentira. Lo que sabemos ahora es "razón sí; emoción también" A partir de ahí tendremos que ir viendo cómo se relacionan ambas y cómo podemos utilizarlas para nuestro propio beneficio y el de quienes nos rodean.

Sobre la correlación que tanto te preocupa insisto: no la tienen. El hecho de que un mismo problema lógico (el del puente) tenga dos respuestas diferentes en función de nuestra emoción es una buena prueba de ello. Albert Cohen escribió su magnífica "Bella del señor" con un solo propósito: demostrar que el apasionado amor entre Anna Karenina y el Príncipe Vronski no hubiese sido posible si a este último le hubiese faltado un diente; un incisivo para más señas. ¿Puede tu razón explicar eso? No. Sin embargo para tu emoción es evidente.

Chema Solera. Palma de Mallorca.

PS Hablando de Anna Karenina: Benito ya que leímos juntos el libro quizá deberíamos plantearnos ver también juntos la película que va a estrenarse en España en marzo.

Anónimo dijo...

Para Benito: celebro hablar con gente que se mira las cosas y que no da nada por bueno. Lo he dicho ya antes: un placer.

Veamos: yo no dije (lo bueno de estos blogs es que todos podemos releer todo lo que se escribe) lo que tu me atribuyes: que la IE es la que decide; de hecho ni siquiera lo sugerí. Tampoco dije que se midiese la IE. Lo que dije (puedes releerlo) es que no se mide el CI (y lo mantengo) y que miden ("entre otras cosas") las competencias del aspirante.

Como sabes, mi hijo menor está batiéndose el cobre en estos momentos para alcanzar la nota de corte y poder estudiar medicina en una universidad pública. Su padre (un servidor) haciendo buena la previsión que es inherente a su cargo quiere tener un plan "B" por si no alcanza la nota y está recogiendo información acerca de cómo las universidades privadas seleccionan a sus alumnos (en una proporción que supera, en general, los 6 alumnos por plaza). La semana pasada visité el campus del CEU San Pablo y de la Universidad Francisco de Vitoria en Madrid y este próximo martes voy a Barcelona para ver la Universidad Internacional de Cataluña.

Insisto en el hecho de que prácticamente ninguna utiliza el CI como predictor del rendimiento (y lo de "prácticamente" lo escribo por ser generoso ya que, hasta donde yo llego, ninguna lo utiliza y, desde luego, ninguna lo utiliza de manera exclusiva) y en que todas ellas sin excepción usan otros medios para saber si les interesa un alumno o no. Entre ellos está, lógicamente, el rendimiento de éste en el pasado (como puedes fácilmente imaginar el mejor predictor del rendimiento futuro es el rendimiento pasado). Y muchas de ellas usan también pruebas que miden personalidad, competencias, etc.

Lo que quería comentar es que si el CI fuese tan buen predictor del rendimiento académico como a ti te lo parece sería la principal fuente de selección de los alumnos en esos centros. Y no lo es.

Por lo que a la Universidad de Navarra se refiere y por el obvio interés que tengo en ello, tuve ocasión de hacerle esa pregunta (la de cómo es el proceso de selección) a la delegada para Cataluña, Andorra y Baleares, Isabel Béjar, en una entrevista personal que Carlos y yo tuvimos con ella, aquí en Palma, hace dos semanas. Me dijo lo que ya he contado. No obstante, si quieres que lo confirme, el próximo 5 de febrero el decano de la facultad de medicina viene a Palma con el objeto de responder a preguntas de todos los estudiantes y padres que desean estudiar allí el año próximo. No tengo inconveniente alguno en formularle una pregunta más concreta y transcribir aquí su respuesta.

Lo dicho: un placer. Y perdón de nuevo por la extensión.

Chema Solera. Palma de Mallorca.

benariasg dijo...

¿Quieres decir que el CI no correlaciona con el éxito en los estudios? ¿Que los tests no sirve para medir aquello para lo que fueron creados hace más de un siglo y que esos 100 años de revisiones no han servido al final para nada? No vale sacar casos concretos de genios que fracasan en el cole porque no se trata de "refutar" una ley, ya que no estamos hablando de leyes sino de correlación estadística o probabilística.
En Navarra seleccionan tanto indirectamente por el CI dado que exigen una nota alta en Bachillerato y Selectividad y encima hacen su propio examen de las materias clave y sólo al final, valiendo un 35 % del total, incluyen DOS tests, uno de ellos mide directamente la inteligencia o las aptitudes y el otro es el de competencias o de personalidad. Esto quiere decir que reservan un 17,5% (si no es menos o más, eso no lo aclaran) para el test de personalidad. ¿Y por qué? Porque seguramente quieren dejar fuera a los psicópatas, a los bipolares o, tal vez vaya muy lejos, a los ateos ;)
Eso sí, no creo que el Sr. Decano admita esto último. Jaja. Afortunadamente, en Medicina no interviene demasiado la ideología y puedo suponer el prestigio de la Universidad (no la conozco hasta ese punto); si habláramos de Filosofía te diría: sal huyendo, ésa sí la conozco.

Lo que no entiendo de la versión nueva de Anna Karenina es el casting, en principio me deja pasmado ponerle a Anna la imagen de Kneightley y a Karenin el de Jude Law. Pero claro que la veremos, ¿en Málaga?

Anónimo dijo...

Me pregunto qué pensará Cristina de nosotros cuando compruebe que mientras ella trató de evitar "menudencias y puntualizaciones" que, en realidad, eran temas centrales, nosotros hemos derivado hasta el punto de que vamos a ponernos a discutir la forma en la que la Facultad de Medicina de la Universidad de Navarra selecciona a sus futuros alumnos. En fin, espero que, con todo, este intercambio pueda tener algún sentido en el tema que nos ocupa que en este momento no es otro que el de intentar aclarar hasta qué punto el CI es un buen predictor del rendimiento.

Vamos al lío: imagina que tenemos una variable individual (pongamos por caso la longitud) que predice bien el rendimiento académico. Imagina también que tenemos un instrumento (pongamos por caso una cinta métrica) que nos permite medir con precisión esa variable. ¿No crees que la Universidad de Navarra citaría a los aspirantes, los mediría y seleccionaría a los 220 más altos? ¿Para qué hacerles más pruebas y pedirles más datos?

Si la Universidad de Navarra no hace eso es porque no dispone de esa variable (la inteligencia no un buen predictor del rendimiento) ni tiene un buen instrumento para medirla (el Ci no mide con precisión la inteligencia). A mi la prueba me parece concluyente.

Dices: "En Navarra seleccionan tanto indirectamente por el CI dado que exigen una nota alta en bachillerato y selectividad..." Más bien es al contrario: piden la nota de bachillerato y selectividad (que, ¡ojo, no hagas trampas!, no mide CI) porque no tienen una variable que prediga el rendimiento. A falta de ello y sabiendo que lo que mejor predice el rendimiento futuro es el rendimiento pasado piden ese dato. Me parece un argumento más en mi dirección que en la tuya.

Dices: "Y encima hacen su propio examen..." No sé qué quieres decir con "encima". Pareces dar a entender que además de medir CI con notas de bachillerato quieren seguir midiéndolo con su propia prueba. Insisto: ni las notas de bachillerato ni los test de biología, química y física miden CI. Piden las primeras por lo que ya he dicho y hacen los test de conocimientos porque creen (con acierto) que un alumno con una buena base tendrá más probabilidades de salir airoso en la carrera. Fíjate que hasta ahora lo que están haciendo es averiguar por medios indirectos lo que el CI no les da.

Dices: "Solo al final..." No entiendo porque dices "solo al final". La composición total de la nota se hace agregando todos los elementos que cargan en ella. Si estás haciendo lentejas has de echar a la olla los ingredientes según un orden establecido pero si estás construyendo una puntuación el orden (en aplicación estricta de la propiedad conmutativa de la suma) en el que coloques los sumandos es completamente irrelevante por lo que no puedo compartir el matiz peyorativo que hay en tu expresión que parece indicar que lo primero es el CI y solo al final, de manera marginal y secundaria se introducen otros elementos.

Dices: "...directamente la inteligencia o las aptitudes y el otro es del competencias o de personalidad..." No comparto tus añadidos (inteligencia y personalidad) porque no creo que inteligencia sea lo mismo que aptitud ni, desde luego, que las competencias tengan que ver con la personalidad. Lo que miden nuestros amigos de Navarra, según el enlace que tu mismo has incluido, son "aptitudes" y "competencias" que no es lo mismo que inteligencia y personalidad.

Anónimo dijo...

Esta entrada es continuación de la anterior; el blog no permite introducir comentarios que superen los 4.096 caracteres.


Y termino respondiendo a tus dos preguntas:

¿Quieres decir que el CI no correlaciona con el éxito en los estudios? Quiero decir exactamente eso. De hecho, es lo que vengo diciendo desde hace ya varias entradas. Más exactamente lo que vengo diciendo es que el CI no es un buen predictor del rendimiento. De ninguno. Sobre el rendimiento académico: acepto, claro, que la inteligencia es un factor importante pero no desde luego el único. En mi opinión sacará mejores notas un alumno aplicado, interesado por la materia, disciplinado, puntual, correcto en clase, estudioso, esforzado, con un buen ambiente familiar, etc. que otro más brillante pero inconstante, desordenado, con baja resistencia a la frustración, al que no le interesa para nada estudiar y con un mal ambiente familiar. Hay muchas variables que explican el éxito escolar (y académico en general); la inteligencia es una, eso no lo discuto. Pero no es la única ni, desde luego, la más importante. De ahí que el CI no sea un buen predictor y de ahí que ni las universidades públicas, ni las privadas, ni las empresas, etc. lo utilicen en selección de personal o de nuevos alumnos.

¿Que los test no sirven para medir aquello para lo que fueron creados hace más de un siglo y que esos 100 años de revisiones no han servido al final para nada? Sé que es un poco triste y te veo desilusionado pero me temo que es así. Con todo permíteme puntualizar una cosa: los test de psicología no nacen a principios del siglo XX y terminan con Chema Solera, esto es, 100 años después. No. En realidad su uso fue aumentando progresivamente pero ya desde 1970 se empieza a ver que no son buenos predictores del rendimiento. McClelland tuvo que ver con ello. A finales de los 60 el gobierno de los EEUU le encargó la selección de unos trabajadores. El lo hizo midiendo su CI que era lo que entonces se hacía. Algunos meses después la administración americana se dirige a él diciéndole que algunos de ellos están haciendo bien las cosas pero otros no logran sacar adelante su trabajo. McClelland vuelve sobre sus pasos y decide utilizar otros elementos de selección. Los resultados mejoran considerablemente. Es el origen de la evaluación por "competencias" que se ha mantenido hasta nuestros días y que cada vez tiene más fuerza. Hasta el punto de que ya hay universidades privadas que las usan para elegir a los mejores candidatos. En el mundo laboral se implantaron mucho antes. Si cité aquélla y no éstas es porque tengo en la cabeza lo de las facultades de medicina por Carlos y por seguir la broma que inició Cristina cuando habló sobre los estudiantes de esa disciplina.

Bueno, por hoy creo que ya está bien. Comparto contigo una cosa, eso si: el casting de Anna Karenina da un poco que pensar. Con todo, creo que lo más prudente será que juzguemos después de haber visto la película. ¡Será en Málaga! ¡Hasta entonces!

Chema Solera. Palma de Mallorca.

benariasg dijo...

Bueno, parece que nos despedimos del debate entonces. Las posiciones han sido aclaradas y los problemas, como casi siempre, piden más lecturas, lo que nunca viene mal. Quedamos en eso, y en una sala de cine, salvo que quede algo por comentar, por supuesto. Esto es todo amigos ;)

Anónimo dijo...

Con el permiso de mi querido amigo el moderador y sin ánimo alguno de abrir ningún tema nuevo sino más bien de poner un punto y final simpático a este interesante intercambio, preferiría con mucho acabar con algo positivo (lo que SI predice) en lugar de con algo negativo (lo que NO predice).

Creo que la cosa merece la pena compartirla aquí ya que, si no voy mal, este blog es más de literatura, arte y filosofía que de ciencia, estadística y mediciones objetivas.

Vamos allá: Seligman cuenta en algún libro suyo el siguiente experimento: unos psicólogos americanos estudiaron las orlas de varias promociones de alumnos egresados en una universidad americana y distinguieron entre aquellas personas que tenían una sonrisa franca, auténtica, sincera, profunda, radiante, bonita y propiamente suya de aquellos otros que pusieron la típica mueca al uso: una sonrisa hueca, impostada, forzada, antinatural y falsa. Luego siguieron a estos dos grupos de licenciados y comprobaron que, de manera significativa, estadísticamente hablando y con independencia de su expediente, de sus recursos, de sus familias, etc. los primeros encontraron antes trabajo, tuvieron una mejor trayectoria profesional, disfrutaron de relaciones más profundas y estables, tuvieron una mejor salud, etc.

La sonrisa es el icono de la psicologia positiva y el lenguaje universal de las personas inteligentes, emocionalmente inteligentes.

A mis hijos, que están en edad de merecer, les digo, medio en serio medio en broma, que le han de poner una sola condición a la persona de la que se enamoren: que se ría como Dios manda.

Ahí lo dejo. Un placer y hasta la próxima.

Chema Solera. Palma de Mallorca.