El fragmento debe ser como una pequeña obra de arte, aislado de su alrededor y completo en sí mismo, como un erizo -- Friedrich Schlegel --

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viernes, 3 de agosto de 2012

Actualidad de Descartes (1): Derivaciones del Cogito

   La frase más famosa de la historia de la filosofía pertenece a Descartes, el célebre "Pienso, luego existo". Se halla en la cuarta parte del Discurso del Método (1637), en el original dice "Je pense, donc je suis", y al igual que en la versión latina de las Meditaciones Metafísicas (1642), se juega con el doble sentido de "ser" y "existir", que en castellano se disocia en dos verbos distintos, aunque deben suponerse ambos cuando se traduce o interpreta la frase original: Pienso luego soy o existo. Esta sentencia se conoce como el Cogito cartesiano. Cuando el propio Descartes aclara qué implica ser una cosa que piensa, y por tanto en qué consiste pensar, lo hace del siguiente modo: 
"Por la palabra pensamiento entiendo todo aquello que ocurre en nosotros de tal manera que tenemos consciencia de ello. Y así, no sólo entender, querer, imaginar, sino también sentir, es aquí lo mismo que pensar" (Principios de la filosofía,1644, I, 9)
   Y en las Meditaciones lo explica así:
"¿Qué soy, entonces? Una cosa que piensa. Y ¿qué es una cosa que piensa? Es una cosa que duda, que entiende, que afirma, que niega, que quiere, que no quiere, que imagina también, y que siente." (Meditaciones Metafísicas, 1642, II)
   De las dos definiciones se deduce que pensar incluye curiosamente el sentir, pero es un sentir particular, consciente: pensar es siempre ser consciente de los pensamientos, y ser una cosa que piensa es ser una cosa que es consciente de sus pensamientos. Por eso se puede calificar a Descartes de intelectualista, porque define al ser humano por su capacidad racional, mediante un entendimiento que se autoestudia y es consciente de sí mismo.

   Naturalmente, las críticas y objeciones no se harán esperar. Uno de los primeros fue Blaise Pascal (1623-1662) y sus célebres razones del corazón: "El corazón tiene sus razones, que la razón no conoce, lo que se comprueba en mil cosas" (Pensamientos, Brunschvicg, nº 277), dice de manera anticartesiana, y una de esa mil cosas es nada menos que la fe en Dios, situada más allá de la razón intelectual. Cuando se define al ser humano no sólo por la razón sino por otros rasgos irracionales (el sentimiento, la voluntad, el cuerpo...) nos aproximamos a los irracionalismos de los siglos XIX y XX.

   Los sentimientos, la sensibilidad y el cuerpo son reivindicados por ejemplo por Rousseau, Schopenhauer y Nietzsche, continuando así la crítica al intelectualismo cartesiano, culpable de haber reducido toda la masa de contenidos de la conciencia a la consciencia. Una sola "s" marca la diferencia entre el intelectualismo cartesiano y la fenomenología o el psicoanálisis del siglo XX, interesados en aclarar y estudiar todos los fenómenos de la conciencia, no sólo los conscientes.

   El siglo XX es mayoritariamente anticartesiano, como muestran por ejemplo dos escritores. Paul Valéry dice en un discurso ante cirujanos:
"Unas veces pienso y otras soy. Por lo tanto, el espíritu no debe mezclarse con todo, aunque se haya descubierto con tal vocación: se diría que ha sido hecho para no dedicarse a otra cosa que a nuestros asuntos exteriores. En cuanto al resto, a nuestras actividades de base, una especie de razón de Estado las encubre. El secreto es esencial para ellas, por lo que tal vez se podría medir la importancia vital de nuestros diversos funcionamientos a partir de su relativa intolerancia a la consciencia atenta." (Paul Valéry: OEuvres I, 916)
   En este breve fragmento, Valéry no sólo reconoce los estratos de la conciencia, sino que ofrece una sugerente teoría del campo de fuerzas que Nietzsche llamó corporal, y la fenomenología intencional...
   Por su parte, de un modo elegante y sencillo, el novelista Milan Kundera sentencia en contra del cartesianismo:
"Pienso, luego existo es el comentario de un intelectual que subestima el dolor de muelas. Siento, luego existo es una verdad que posee una validez mucho más general y se refiere a todo lo vivo. Mi yo no se diferencia del de ustedes por lo que piensa. Gente hay mucha, ideas pocas: todos pensamos aproximadamente lo mismo y las ideas nos las traspasamos, las pedimos prestadas, las robamos. Pero cuando alguien me pisa un pie, el dolor sólo lo siento yo. La base del yo no es el pensamiento, sino el sufrimiento, que es el más básico de todos los sentimientos. En el sufrimiento, ni siquiera un gato puede dudar de su yo intransferible." (Milan Kundera: La inmortalidad, págs. 242-243).

   Desde las palabras de Descartes a las de Kundera han pasado más de cuatro siglos, y hoy tendemos a considerar más acertadas las del novelista checo; pero el análisis de lo que somos, lo que significa pensar, y la relación del alma con el cuerpo, son temas que impulsó notablemente Descartes, pues todos ellos giran alrededor de su idea del Cogito, el cual fue inspirando a partir de entonces la necesidad de aclararse por oposición a una postura razonada y fuerte, aunque se la considere equivocada.

1 comentario:

Manuel Duarte dijo...

interesante y muy concreto.